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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Cochimi (M’ti-pa), Cucapá (Es-Pei), Kiliwa (Ko’lew, Koah, Kual), Kumiai (Ti’pai), Paipai (Akwa’ala). Pueblos Indígenas de Baja California.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

En los municipios de Ensenada, Mexicali y Tecate del estado de Baja California Norte y en Sonora se localizan seis grupos étnicos que, con las diferencias del caso, presentan una serie de rasgos comunes en materia de medicina tradicional. Esta circunstancia, así como otras que condicionaron la aplicación de las encuestas, nos convencieron de la necesidad de exponer el material recopilado en un solo bloque. En las páginas que siguen describiremos las características de los agentes de la medicina tradicional de los pueblos cochimí, koah, kiliwa, kumiai y pai-pai, de Baja California Norte, y de los cucapá de Sonora. Su cercanía geográfica, el parentesco lingüístico, el número reducido de terapeutas tradicionales y el hecho de tener similares características en su práctica curativa —con predominio de la medicina doméstica como manifestación de la supervivencia de formas médicas ancestrales— asocian a estos seis pequeños grupos de indígenas norteños. En términos poblacionales, los volúmenes varían desde los 300 pai-pai (271 según el XI Censo) hasta los 20 koah. En lo que concierne al grupo koah, es necesario mencionar que, debido a que no aparece dentro del listado de las 56 etnias reconocidas por el Instituto Nacional Indigenista, su presencia causó sorpresa durante el trabajo de campo. Las causas de este desconocimiento pueden ser múltiples: a) el escasísimo número de descendientes de la etnia originaria —no se contaron más de 20 integrantes en total—, los cuales residen en zonas poco accesibles; b) su cercanía geográfica con los pai-pai —el más numeroso de estos grupos—, con quienes se han mezclado, pese a que los dos idiomas no son inteligibles entre sí; y c) su contacto y mezcla con población mestiza. Estos y otros factores han contribuido a ocultar su presencia hasta la fecha. De todas maneras, los mismos encuestados no proporcionaron información acerca del origen del grupo.

La reducción sistemática de la población perteneciente a estos grupos es evidente cuando se analizan dos factores: la lengua y la práctica médica. En lo que respecta al primero, se ha observado que sólo los pai-pai hablan su idioma cotidianamente, sobre todo las personas mayores de 40 años de edad; sin embargo, el número de hablantes de pai-pai se reduce drásticamente entre la población infantil, en donde rara vez se practica. Es probable que el poco uso del idioma se deba, en primer lugar, al alto número de matrimonios con personas pertenecientes a otras etnias —llamadas "paisanos"—, o con gente mestiza —designada "mexicana"—. Uno de los mecanismos que a permitido la conservación del idioma al interior del grupo pai-pai es la trasmisión oral de conocimientos adicionales que incluyen cuentos, cantos, danzas y artesanías, aspectos que se han ido perdiendo en los otros grupos.

El otro extremo encontramos comunidades como la kiliwa, la koah y la cucapá, en donde son pocas las personas que pueden comunicarse en su lengua materna, lo que las pone en peligro de quedar privadas de un componente esencial para sobrevivir como etnia. En la actualidad, se observan otros fenómenos que contribuyen a su extinción, como la migración forzosa hacia otras regiones en busca de trabajo, con el consecuente abandono de su propia cultura, el ya mencionado "matrimonio mixto" y el poco interés de los jóvenes por conocer y preservar de su propia cultura, hecho deplorado más de una vez por los ancianos de los diferentes grupos durante las entrevistas.

En el caso de los kiliwa, a lo anterior debe añadirse el hecho de que la mayoría de ellos son solteros o no tienen descendencia, lo que hace extremadamente difícil la trasmisión oral del conocimiento, así como el alto porcentaje mujeres estériles debido, supuestamente, al gran consumo del quiote de la palma yuca, planta que contiene sustancias con propiedades anticonceptivas, y que es reconocida en una amplia región de Aridoamérica y en Centroamérica. En El Salvador recibe el nombre de izote y representa la flor nacional.

A propósito de la escasa población kiliwa, algunos informantes culparon de la desaparición de muchas personas a la acción maléfica de un brujo de origen cucapá, quien por un tiempo estuvo presente en la zona. El brujo, se decía, "era muy potente y poderoso" y acabó con familias enteras de kiliwa valiéndose de sus hechizos.

Es probable que el conjunto de circunstancias mencionado en los párrafos anteriores —unido al contacto con la cultura occidental— esté en la raíz de la drástica reducción de la medicina tradicional indígena a un pequeño grupo de causas de demanda de atención que son tratadas en el ámbito doméstico. Así, por ejemplo, entre los kiliwa ya no hay curanderos y el conocimiento de la medicina casera reside principalmente en los ancianos. En caso de necesitar atención médica, los ejidatarios deben recurrir a la clínica de la SSA en Valle de la Trinidad, o bien acudir con una curandera de la misma localidad que atiende algunas enfermedades como el latido o el empacho. Esto último se explica por el hecho de que "ya nadie sabe sobar aquí". Una situación todavía más crítica es la que viven los cochimí y los kumiai, entre los cuales ya casi no se practica la medicina casera, y apenas subsisten algunas prácticas curativas conocidas por los pocos ancianos sobrevivientes. Respecto de las plantas medicinales, la información fue escasa, reflejo de la pérdida del conocimiento tradicional que se ha hecho patente en los últimos años.

Para recibir atención médica de primer nivel, el grupo cochimí que reside en la comunidad de La Huerta, debe acudir a una clínica de la SSA situada en la localidad de Ojos Negros, a casi 10 km; a su vez, los integrantes del ejido de Necua se trasladan alrededor de 15 km para recibir el servicio en la unidad médica rural de El Porvenir. Para obtener atención de segundo o tercer nivel, deben trasladarse hasta la ciudad de Ensenada.

La gran dispersión de los integrantes del grupo kumiai, debida a los problemas generados por la falta de empleo, la invasión de tierras, la escasez de agua, etcétera, los obliga a desplazarse a diferentes lugares para obtener atención médica. Cuando demandan atención de primer nivel, deben trasladarse a la unidad médica rural de El Porvenir o a las clínicas de la SSA de los ejidos Las Palmas o Luis Echeverría; para acceder al segundo y tercer niveles necesitan viajar a Ensenada o a Tecate.

La práctica médica tradicional casi ha desaparecido en el grupo cucapá, y sólo unas cuantas personas poseen todavía conocimientos de las plantas medicinales que, al parecer, son traídas de otras localidades debido a la aridez de la zona en donde reside la etnia. En la comunidad de El Mayor existe una unidad médica rural para la atención de primer nivel, mientras que en Mexicali puede encontrarse atención de segundo y tercero. Mexicali está situada a 45 km de carretera de la comunidad, lo que hace difícil la obtención de atención médica en un tiempo relativamente breve. Para el grupo koah resulta aún más problemático recurrir a los servicios médicos institucionales.

En lo que respecta a los pai-pai, se puede afirmar que ya no poseen curadores reconocidos por la comunidad como los encargados de atender los padecimientos que aquejan al grupo. Esta situación se confirma con los testimonios de los ancianos, quienes lamentan la desaparición de las personas que "sabían sobar". Parte de la responsabilidad de la desaparición de este antiguo saber, se debe a la intransigencia de las autoridades médicas institucionales que, por ejemplo, vetaron el trabajo de las parteras, argumentando la falta del permiso oficial para ejercer. También dentro de este grupo se confirma la persistencia de una medicina doméstica o casera encaminada a atender causas de demanda de atención, tales como el empacho, la caída de la matriz, la caída de la mollera, etcétera. Debido al carácter particular de esta práctica, no abierta al exterior sino encerrada en el propio núcleo familiar, la mayoría de los integrantes de la etnia recurre a los servicios de la ya mencionada curandera de Valle de la Trinidad, a casi una hora de viaje en automóvil. Relativamente cercana, a menos de 10 km a lo largo de un camino de terracería, se encuentra una clínica de la SSA, en tanto que en Ensenada se ubica el único centro en donde es posible recibir atención de segundo y tercer niveles. Es necesario destacar el importante papel que juega la Iglesia pentecostal, instalada desde la década de los cuarenta, en el proceso salud-enfermedad de la región, ya que actualmente buena parte de los comuneros participa en los ritos de la secta y profesa con celo los preceptos que se le inculcan; aseguran los creyentes que el bautismo, la fe y la intervención divina han sido capaces de curar enfermedades crónicas, tales como la diabetes, la presión alta, la "vesícula", etcétera. Aunque no se obtuvo información confiable acerca de la antigua medicina pai-pai, existen indicios de la existencia de curanderos expertos en los aspectos mágico-religiosos de la misma.