Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Aire de cueva

Aliento enfermante que exhalan los duendes de la lluvia. Lo dirigen hacia las personas irreverentes que no les han rendido la debida pleitesía.

Dichos númenes asemejan pequeños hombres, visten a la usanza indígena y habitan en las cuevas. Por lo regular, benefician a los humanos, pues envían los aguaceros tan necesarios para el cultivo. No obstante, son suspicaces y se enojan con facilidad; si alguien entra en sus moradas o pasa cerca de ellos llevando alimentos y no les convida, los duendes pueden soplarle sus hálitos para enfermarlo.

Quien haya sucumbido ante tal castigo padece dolores articulares —llamados yeyecacuatsihuiztli—, dolores musculares, parálisis, tendones contraídos, pústulas rojas en la piel y escalofríos.

Frente a un caso así, el curandero le restriega a su paciente un huevo cuyo contenido después vierte en un vaso de agua. Si la clara asciende con la apariencia de un remolino y además se forman burbujas en la superficie del agua, confirma que el padecimiento es un aire de cueva.

Una vez asentado el diagnóstico, el terapeuta coge una piedra con un orificio en el centro y la coloca en diversas regiones anatómicas del poseso. En cada punto donde pone la roca, chupa a través del hueco que ésta tiene, con la finalidad de extraer el vaho nocivo. También puede barrer al enfermo con un manojo de pimienta, geranios y rosas (V. limpia). Si después de tres o cuatro sesiones curativas no hay mejora visible, entonces es menester ofrendar comida a los entes pluviales: por lo común, tortillas tamales, sopa de arroz, mole verde y pulque. Finalmente, el paciente se da un baño en el temazcal (1 a 3).

Índice de Autores

(1) Madsen, W. 1960.

(2) Madsen, W. 1969.

(3) Madsen, W. et al., 1972.

DM