Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Pul-ya

Maya, echador de enfermedad (1). También ah pul yaah (2) y ah pul auat (3).

Brujo o hechicero entre los mayas de la península de Yucatán.

Contrario al h’men (curandero), el pulya es considerado el más grande enemigo público, e incluso el peor insulto que un maya puede recibir. En Quintana Roo se dice que el conocimiento que éste posee proviene de un pacto que hace con el diablo, cizin, quien le otorga poderes sobrenaturales a cambio de su alma (1). Las prácticas para infligir males, enfermedades, e incluso la muerte, son muy parecidas a las de la magia europea o antillana. Una de las más comunes para producir dolor y enfermedad, consiste en confeccionar un muñeco de cera al cual se le puede adicionar polvo de cementerio. Al tiempo que se pronuncian rezos específicos, se punza nueve veces con una espina venenosa en los lugares deseados, pidiendo que tal o cual persona muera en medio de sufrimientos. Otra manera de hechizar consiste en que el brujo tome mazorcas secas de maíz y después de mucho rezar, "para cargarlas de mal", salga al patio o al campo y las arroje con fuerza, pidiendo que lleguen al corazón de la persona deseada para que la maten (4).

Los mayas prehispánicos denominaban con el nombre genérico de ah pul yaah al hechicero causante de enfermedades. Reconocían gran número de ellos y se les distinguía de acuerdo con el tipo de enfermedad que acostumbraban echar. De esta forma, el ah - pulabichkik era aquel que hacía orinar sangre a la gente; el ah pul chub chi impedía que los niños pudieran mamar (2). En el Diccionario de Motul aparecen las palabras ah pul auat con las que genéricamente se nombraba a los hechiceros que causaban enfermedades; se mencionan algunos nombres de aquellos otros causantes de padecimientos específicos como el ah pul abich kik, citado con anterioridad; el ah pul kasab, que causaba la interrupción de la orina; el ah pul nach bac, que provocaba la tisis; y el ah pul auatmo, que hacía gritar a los niños causándoles dolor, entre otros (3).

Índice de Autores

(1) Villa Rojas, A., 1978.

(2) Villa Rojas, A., 1985.

(3) Montoliú Villar, M., 1984a.

(4) Baqueiro López, O., 1983.

SM