Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Flora Medicinal Indígena de México
Floras Medicinales Indígenas de Baja California. Flora Cochimí de San Antonio Necua, Ensenada.
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Información general
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En Baja California existen cuatro etnias indígenas: los paipai, los kiliwa, los kumiai y los cucapá. Estas floras corresponden a las tres primeras, pues en el poblado de los cucapá se presentaron serios problemas que limitaron la entrada a la comunidad. En cuanto a los kumiai, también denominados Kamiai, y los cochimí hay un grupo de investigadores que piensan que son del mismo origen dialectal y no los reconocen como grupo étnico. Sin embargo, los cochimí se reconocen a sí mismos como un grupo diferente y, por esta razón, se anexan al listado.

Las comunidades tienen una población muy baja y un grado de transculturación muy alto, especialmente al compararlas con otras etnias del país. Su historia antigua y contemporánea, su localización geográfica, sus ecosistemas, entre otras cosas, han modelado una idiosincrasia muy especial.

Para los fines de esta publicación, es necesario aclarar que en ninguna de las tres etnias hay médicos tradicionales, chamanes, curanderos ni brujos que tuvieran un contacto profesional con las plantas medicinales. Los autores de las floras son gente grande, con una sabiduría inmensa, con una memoria notable, pero que no se dedican a curar. El conocimiento que transmiten, en los textos elaborados, son producto de cientos de años de pláticas entre abuelos, padres, hijos y nietos. No existe la escritura. Algunos lingüistas han ideado formas de escritura y, por esta razón, son muy pocas las personas que las conocen. Como la escritura no es una práctica común, no fue posible encontrar un traductor. Sin embargo, consideramos que es importante dar a conocer esta información aún cuando no se tenga una memoria escrita en la lengua indígena de estos grupos.

Entre otras razones, el clima del chaparral y del desierto, así como una serie de experiencias con profesionistas y negociantes (nacionales y extranjeros), hace que las relaciones de estos indígenas con los extraños sea huraña. Para este tipo de trabajos, la personalidad de los practicantes es de suma importancia. Enlistar, hacer descripciones con un formato dado, dibujar, no son actividades comunes entre los autores de estas floras. De cierta forma, el forzarlos a seguir una lógica, al parecer ajena a la suya, dificultó la comunicación y la fluidez del trabajo. Pero, por lo mismo, los resultados obtenidos son sumamente valiosos.

Por otro lado, durante las entrevistas se sintió un cierto cansancio por parte de los sabedores. Esto se debe, en parte, a la poca motivación que les ofrece el mundo en que viven. Es decir, las enseñanzas sobre el uso de las plantas las dan a los que lo necesitan y cuando lo necesitan. Especialmente se enseña la medicina tradicional a los jóvenes adultos, no exactamente a los niños. Sin embargo, en la mayoría de los pueblos ya no viven muchos jóvenes adultos, ya que estudian o trabajan en las principales ciudades del estado o en los Estados Unidos. Los niños aprenden los nombres de las plantas, su localización, algunos datos curiosos, pero no su uso, menos aún, la forma de uso.

Cabe mencionar la importancia que tuvieron, para realizar este trabajo, las experiencias previas de Edna A. Cortés R., quien introdujo a los compiladores del equipo con los sabedores. Así, se logro una confianza mutua, que de otra manera se hubiera efectuado en un tiempo mayor.

La experiencia ha sido enriquecedora, ha permitido el planteamiento de soluciones alternativas a la problemática referente a la pérdida de conocimiento tradicional. A grandes rasgos, la inversión del conocimiento debe ser diseñada localmente y debe llevarse a cabo, activamente, por los integrantes de la comunidad y dentro de la localidad. Por otro lado, se sugiere intensificar el tipo de investigaciones biológicas que se enfoquen al diseño de programas de manejo de plantas medicinales (entre otras), en los cuales el aprovechamiento de las especies sea una actividad económicamente atractiva. Programas que tomen en cuenta, por ejemplo, que estos grupos indígenas no son campesinos, son recolectores; que no tienen un curandero, todos pueden participar en la medicina familiar; que el clima es extremoso y difícil, etc.

Se debe mencionar que algunos dibujos que les fueron difíciles de hacer, los realizaron los recopiladores, y algunos más se calcaron de las otras floras. Cada planta descrita fue colectada y depositada en el herbario (BCMEX) de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Baja California, con un duplicado en el herbario de plantas medicinales del IMSS.

Finalmente, hay personas e instituciones a quienes se agradece el apoyo otorgado, sin el cual este trabajo no se hubiera realizado: David Zarate, con su vasta experiencia y profundo compromiso con los indígenas de Baja California, colaboró en varios de los viajes y enriqueció el análisis de las observaciones, especialmente con la gente de Santa Catarina; en esta localidad, Paula Cañedo y Camila Alváñez completaron la información de la flora pai ipai.

Los administrativos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Baja California, especialmente Elías Torres e Irma Rivera, prestaron la infraestructura mínima necesaria para realizar este trabajo. El personal del INI-Ensenada apoyó con los trámites administrativos.

El trabajo fue finalizado por el Instituto Nacional Indigenista a través de becas de Solidaridad.

Acerca de la autora.

María Emes Boronda nació en San Antonio Necua hace 72 años. A los 6 años se fue a estudiar a la colonia Guadalupe, pero sólo pudo cursar el primer año de primaria, debido a problemas familiares. Durante muy poco tiempo vivió en Ensenada, pero después regresó a su pueblo natal, del cual ya no volvió a salir. En su poblado es muy conocida, ya que ha participado en eventos culturales y como promotora de sus costumbres y tradiciones.

María ha trabajado con varios historiadores, antropólogos y biólogos que se han interesado en su sabiduría. Ella es una mujer dedicada a su hogar, reservada pero con muchos ánimos para dar a conocer sus amplios conocimientos. Vive en San Antonio Necua con sus hijos y nietos.

En este caso, la información que se presenta fue recopilada por Carlos A. Cano en 1990, durante la elaboración de su trabajo para titulación. Los dibujos fueron tomados de otras floras.

Los Cochimí.

Con respecto a los grupos étnicos Kumiai (Kamiai, k’miai) y Cochimí, hay diferentes versiones en cuanto a su origen. Un conjunto de investigadores los consideran un solo grupo y otros (así como ellos mismos) se reconocen diferentes. Ambos comparten el área geográfica del Valle de Guadalupe. Los Kumiai viven en las comunidades indígenas de San José de la Zorra, al noroeste del Valle de Guadalupe, poblado situado en la carretera Ensenada-Tecate, muy cerca de Ensenada y en Juntas de Nejí, cerca de Tecate. Los Cochimies se encuentran en San Antonio Necua (Cañón de Encinos) y La Huerta en el mismo Valle de Guadalupe en tierras ejidales.

La extensión del área donde viven los Kumiai es de 1,740 hectáreas que están integradas artificialmente dentro del ejido El Porvenir, por lo cual tienen problemas de tenencia de la tierra. Según los datos del INI (Carvajal, com. pers.) se calcula que en San José de la Zorra habitan 102 habitantes aproximadamente, aunque Garduño (1979) cita 320 indígenas Kamiai. Para los Cochimí se calculan 326 (Garduño, op. cit.). En su conjunto forman el grupo más numeroso de indígenas de Baja California y se menciona que, al parecer, este número asegura su supervivencia física y cultural, ya que demográficamente se denota un equilibrio de especie.

La región biogeográfica a la que pertenecen San José de la Zorra y San Antonio Necua esta ubicada dentro de la Región Californiana, donde la vegetación predominante es el chaparral, que consiste de arbustos leñosos siempre verdes, de hojas pequeñas y delgadas como la manzanita (Arctostaphylos pringleii), el chamizo (Adenostoma fasciculatum), el chamizo Colorado (Adenostoma sparafolium), el lentisco (Rhus laurina) y el saladito (Rhus integrifolia). Los arroyos tienen una vegetación riparia arbórea, principalmente de encinos (Quercus chrysolepis), álamo (Populus fremontii) y guatamote (Baccharis glutinosa) (Cano, 1990; Delgadillo, 1992).

El o los grupos lingüísticamente pertenecen al grupo Yumano. Fueron (y todavía lo son) principalmente recolectores y cazadores. Durante la sequía, los grupos se convertían en recolectores de frutos y mientras pasaba la época de lluvias, se establecían en rancherías practicando la cacería. Como habitantes cercanos a las costas, utilizaban los recursos del mar y hay registros de artes de pesca así como de actividades de navegación.

Sus casas eran de varas de forma circular y bastante separadas entre si. Sus fiestas, siempre religiosas, estaban dirigidas por un conductor de las ceremonias que era un viejo de la comunidad y quien hablaba de las costumbres y las historias de la tribu. Su organización social estaba jerarquizada en tres niveles: el grupo doméstico, el familiar y la comunidad. Dirigidos estos por el señor natural sujeto al campo de la organización social domestica, familiar y comunal; el político ligado al trabajo militarista y el religioso.

Eran monógamos y cada grupo constaba de 20 a 50 familias que hacían una ranchería de 100 a 200 individuos.

Durante la época misional (la cual comenzó en 1697) jesuitas, franciscanos y dominicos establecieron una serie de misiones en toda la península, las cuales tenían el objetivo de la evangelización de los indígenas y la sedentarización o reducción de los grupos. Para lograr esto introdujeron el maíz, la agricultura en general y el ganado. (Véase Garduño, 1989).

Actualmente la problemática de la tenencia de tierra y sus recursos son los principales problemas de los grupos indígenas de Baja California. La sedentarización y la pérdida de amplios terrenos los ha obligado a alquilarse como vaqueros o pizcadores en las rancherías vecinas. Los Kumiai trabajan como vaqueros para los ganaderos vecinos o laboran en los cultivos de uva, cítricos y olivos del valle. Además colectan bellotas de encino, piñón y en ocasiones cultivan trigo. Los cochimies, trabajan sus tierras ejidales, cuidan ganado y recolectan frutos silvestres. Si es posible cultivan maíz, frijol, cebada y trigo. Los programas de agricultura, recolección de jojoba y plantas medicinales, la cestería, son otras de las actividades que principalmente ha fomentado el INI. Recientemente, en el pueblo de Guadalupe, hay un museo comunitario donde se expresan algunas de sus costumbres e historia.

Referencias

Cano, B.C.A. 1990. Estudio etnobotánico comparativo en la región del Valle de Guadalupe, Municipio de Ensenada, Baja California. Memoria de curso de titulación. Facultad de Ciencias-UABC.

Cortes, E.A. 1988. Estudio etnobotánico comparativo de los grupos indígenas kumiai y pai-pai del norte de Baja California. Tesis licenciatura en Biología. Escuela Superior de Ciencias, UABC, Ensenada, BC.

Delgadillo, J. 1992. Florística y ecología del noroeste de Baja California. UABC.

Garduño E. 1989. Los grupos indígenas de Baja California: situación socioeconómica y proceso de aculturización. Referencias documentales sobre el tema. Manuscrito. Museo Regional Universitario. Área de Investigación. UABC-Mexicali. 191 pp.