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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Papagos (Tono-Ooh’tam).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Los testimonios de cuatro terapeutas conforman el grueso de este capítulo. Por lo tanto, nuestra muestra es demasiado pequeña como para ser representativa, aun cuando los habitantes pápago en el territorio nacional no sean muy numerosos. De cualquier manera, los datos que ofrecemos son sugestivos. Nuestros interlocutores provienen de los municipios de Pitiquito y General Plutarco Elias Calles, ambos en el estado de Sonora. Son relativamente jóvenes, si los comparamos con terapeutas de otros pueblos indígenas, pues en promedio tienen 53 años de edad. Tres de ellos son mujeres y uno varón. En cuanto a sus ocupaciones, destaca el hecho de que ninguno dice ser campesino o dedicarse al trabajo agrícola. Así, dos son amas de casa, uno es maestro bilingüe, y una más se dedica a la producción artesanal. Los cuatro hablan tanto el pápago como el español, y saben leer y escribir.

Tres de los informantes dijeron que eran curanderos (makai), e indicaron algunas variantes de este oficio. Por ejemplo, uno de ellos dijo ser curandero-hierbero, otro se autodenominó curandero-naturista y otro más "curandero-sobador de todo" (shai takimore). Conviene citar textualmente dos relatos en lo tocante al aprendizaje, pues resaltan diferencias interesantes:

Mi madrina era muy joven y ella tenía una abuelita que curaba, y un día me agarró a mí y me dijo: "te voy a enseñar a levantar la mollera" y me hizo el tratamiento, practicando conmigo. A ella le gustaba curar, pero no lo hacía con toda la gente, y por eso aprendí. Luego, cuando ya me casé, al enfermarse mi primera hija empecé a atenderla yo misma, y de ahí fueron trayendo otros niños y hasta adultos.

Tengo [el don de curar] desde que tenía cinco años. Mi mamá dice que con cualquier hierba que cortara podía curar a la gente. Yo me acuerdo muy poco. Después, a los 17 años, curé a un tuberculoso desahuciado y después he seguido curando, y estudié naturismo para ayudar más a la gente. Todo lo recibo en el espíritu a través de la mente.

Como puede apreciarse, lo que para uno es un proceso paulatino, cotidiano y desprovisto de toda mística, para el otro tiene connotaciones más metafísicas. Además, las diferencias no sólo estriban en la manera en que cada curandero aprende; los padecimientos que alivian tampoco son los mismos. En efecto, el curandero naturista cura úlcera varicosa, riñones, problemas del estómago, cáncer y "cangrena"; el "curandero sobador de todo" atiende casos de embrujo, maldición, susto o tripa (totshe), úlcera, diabetes, reumas, empacho (tosco), ríñones, caída de mollera (moho) y latido; y el hierbero, caída de mollera, susto o tripa, y empacho.

Sólo una informante dijo ser sobadora en lugar de curandera; sin embargo, lo que distingue una rama de la otra parece ser únicamente el nombre, pues, en lo tocante al quehacer real, no aparecen técnicas, procedimientos ni conceptos distintos. La sobadora, igual que dos de los curanderos, obtuvo sus conocimientos de un familiar mayor. Además, las enfermedades que cura —caída de mollera, susto o tripa, y empacho— también caen dentro del ámbito cognoscitivo del curandero.