Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Vampiro

Sinónimo: brujo vampiro (Edo Mex) (1 y 2), brujo que chupa (Edo Mex) (3), nagual (Edo Mex) (4 a 6). Lengua Indígena: Huasteco (SLP) eheenichix(7). Náhuatl tlacique (Edo Mex) (1) (Pue, Tlax) (8), tlahuelpuchi (Tlax) (8), tlahuepoche (Pue) (9), tetlachihue y tetlachihuique (Pue, Tlax) (8). Otomí pux’jwai (5). Pame (SLP) ganjáo gakjí, toma tu sangre, ganjáo kokkjuí (10). Totonaco (Pue) apalaqni (6).

Brujo con el don de transformarse en un animal volador, al que también se identifica con una bola de fuego, capaz de alimentarse y causar enfermedad chupando la sangre de sus víctimas.

Los vampiros casi siempre son mujeres que suelen poseer la habilidad innata de realizar la metamorfosis durante un ritual nocturno, cerca de un fogón en donde pronuncian oraciones cristianas modificadas (8). El proceso de la transfiguración es paulatino: se despojan de sus piernas y las reemplazan por unas de gallina o guajolote; cambian sus ojos por los de un gato u otro animal, y se proveen de alas de petate que les permiten volar (3) (8) (10 y 11). La gente también afirma percibirlos como bolas de fuego que se desplazan en la noche por los cielos, atribuyendo esto a una supuesta luz que emiten sus ojos, cabeza o abdomen (3) (8) (10 a 12).

Una vez convertido en un animal volador, generalmente un ave (gallina, zopilote, guajolote, faisán), el vampiro entra en la casa de la víctima para chupar su sangre, líquido vital que requiere para subsistir. El vampiro es identificado por la huella de sus dientes en el cuello o extremidades de sus víctimas (8) (10), y/o moretones (8) (11 y 12) que reciben el nombre de chupada de bruja, ambos originadores de efectos fatales. Cualquier persona puede ser atacada por estos brujos, aunque se considera a los niños más susceptibles (3) (7 y 8) (10 a 12), junto a las mujeres (10), los ancianos (12) y los trasgresores de las obligaciones religiosas (11).

Debido a que la gente no reconoce tratamiento alguno para curar este mal, la información se centra en medidas preventivas para evitarlo. Para eludir la visita del tlahuelpuchi, en comunidades nahuas de Tlaxcala y Puebla acostumbran proteger sus casas colocando en la habitación una planta de romero (Rosmarinus officinalis), poniéndose las prendas de vestir al revés, o bien rezando la magnífica o la oración de san Silvestre (8). En asentamientos nahuas de los alrededores de la montaña de La Malinche, Tlaxcala, suelen colocar cerca de la cama de los infantes un espejo que refleje la imagen del niño, un cuchillo o unas tijeras (8). En San Pablito, Puebla, esparcen pequeñas semillas alrededor de la casa, de tal forma que la bruja se tarde tanto en recogerlas, que no le dé tiempo de entrar y cometer sus fechorías (12). En Huixquilucan, Estado de México, aconsejan colgar agujas o tijeras en forma de cruz detrás de la puerta o sobre la cabecera de la cama del niño (11).

Diversas anécdotas refieren la manera de capturar a estos brujos. Los pames de San Luis Potosí dicen que en cuanto se percibe la presencia del ganjao gakji, hay que hacer siete nudos en un paliacate, rezando una oración por cada nudo; después de este conjuro, el brujo cae transformado en cristiano y a merced de sus captores (10). En comunidades nahuas de Puebla y Tlaxcala, se llama al vampiro por su nombre cuando se sospecha por quien está encarnado; o bien rezan siete veces el padre nuestro y siete veces el credo al revés. Si se desea eliminarlo, se arrojan al fuego sus piernas y ojos, miembros de los que se ha despojado durante la transformación; dicen entonces que amanece muerto por no poder recuperar su forma humana (8). Un brujo emparentado con los vampiros es el eheenichix, hechicero huasteco que chupa la sangre de la víctima por las noches con un tubo de carrizo; aquella persona que desee verlo, deberá efectuar una dieta de sólo una tortilla diaria durante nueve días y, si decide capturarlo, habrá de preparar trampas en los caminos con un bejuco que llaman boat (Heliocarpus donnellsmithii) (7).

Se conocen escritos coloniales que refieren la existencia de una clase de brujo noctámbulo que echaba fuego por la boca para espantar a sus enemigos, los tlahuipuchtli o naguales que se transformaban en animales y bolas de fuego (13). En efecto, aún en la actualidad se llama nagual a ciertos brujos nahuas, otomíes (pux’jwai) y totonacos (tapalaqni), que son temidos porque se afirma chupan la sangre de sus presas, distinguiéndolos la particularidad de llegar a convertirse en animales que pueden volar (5 y 6)’(9).

Índice de Autores

(1) Madsen, W., 1969.

(2) Madsen, W., 1960.

(3) Iwánska, A., 1972.

(4) Álvarez Heydenreich, L, 1987.

(5) Dow, J., 1974.

(6) Ichon, A., 1973.

(7) Alcorn, J. B., 1984.

(8) Scheffler, L, 1988.

(9) Montoya Briones, J. de J., 1964.

(10) Chemin Bássler, H., 1984.

(11) Ryesky, D., 1976a.

(12) Manrique Castañeda, L, 1969.

(13) López Austin, A., 1967.

SM y MM