Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Sangría

Lengua Indígena: Maya peninsular tok’(1). Tzeltal slo’k es ak camel, sacar el mal (2).

La sangría es una práctica curativa y diagnóstica que realizan algunos terapeutas indígenas y consiste en provocar la salida de sangre mediante punciones subcutáneas con objetos punzocortantes. Es una importante técnica aún vigente en la terapéutica de los diversos grupos mayenses, particularmente entre los mayas de Yucatán y Quintana Roo, los chontales de Tabasco y los mames de Chiapas.

La finalidad de la sangría en los diferentes grupos consiste en extraer la enfermedad, referida entre los mayas como "sacar el mal viento", entre los chontales como "sacar el veneno" o la "sangre mala", y entre los tzeltales como "sacar el mal".

Para los mayas peninsulares la sangría se hace en las venas del antebrazo o de la pierna; para ello, se hace una punción mediante un instrumento llamado took’, que consiste en un pedazo de vidrio unido en ángulo recto al extremo de un palo delgado que sirve como mango. Con él se elimina la "sangre mala" que es más espesa y de color más oscuro que el normal. "Los indios dicen que esta sangre es la primera que sale al hacer la punción; poco tiempo después comienza a salir la sangre buena" (2). En ocasiones luego de salir la "sangre mala" se aplica polvo de tancazche (Zanthoxylum fagara) sobre la punción con el objeto de que penetre al organismo y purifique su interior. La punción puede cerrarse ya sea por presión solamente o dejando gotear sobre ella una vela. En los casos de fuertes dolores de cabeza provocados por el mal viento, las punciones se han de hacer en la frente, usando para ello un colmillo de víbora de cascabel (Crotalus sp.). Para completar la curación colocan sobre las punciones hojas de ruda (Ruta graveolens) (1).

Entre los chontales de Tabasco, se punza con un chuzo la piel del paciente en la parte afectada, haciéndole dos o tres orificios pequeños para que pueda salir la sangre, y simultáneamente se aplica la ventosa. Cuando sale la "sangre mala", la ventosa se desprende de la piel y se vuelve aplicar dos o tres veces a una distancia de un centímetro. En otras ocasiones utilizan diente de pejelagarto con los que se punza la parte adolorida haciendo que se entierren sobre la piel para que así pueda salir la "sangre mala" que molesta, este tratamiento se repite varias veces hasta que desaparece el dolor (3 y 4).

Entre los tzeltales de Chiapas "extraen el mal" o "sacan el mal", haciendo sangrar al paciente o "chupando". El paciente toma un baño de vapor para que el calor estimule la corriente sanguínea y disminuya el dolor. El curandero hace unos arañazos con un vidrio cerca del núcleo del dolor (después el curandero previene una posible recaída del enfermo, sellando las heridas con ajo y licor, elementos que al diablo no le gustan). Una vez hechos los arañazos, el curandero o brujo realiza el "chupado" o t’up’ para que "agarre" la carne, de esta manera se produce un vacío y se succiona la sangre que se colecta en una calabaza. El curandero lleva la calabaza al patio, con la finalidad de quemar la sangre y para que los olores que contienen el mal no se queden en la casa. Lo acompañan los invitados mientras el paciente se queda en la casa con un ayudante. Los objetos encontrados en la sangre se atribuyen a la envidia del brujo que está causando esta enfermedad. Este se encamina a una de las cuevas de la colina, donde hace una ofrenda con el objeto de que la envidia recaiga en el enfermo (1 y 2) (V. envidia).

Otro tipo de sangría utilizado por los mayas de Quintana Roo como procedimiento diagnóstico que se aplica a enfermos delicados, consiste en observar las reacciones que se producen en la sangre al mezclarla con sustancias "frías" o "calientes". En estos casos, se extrae una pequeña cantidad de sangre del brazo o de la pierna del enfermo y se distribuye en cuatro o cinco porciones que se depositan por separado en una cáscara de mazorca, mezclando en seguida cada porción con cosas "frías" o "calientes"; se observa la reacción que se produce y el resultado final se basa en el promedio de las reacciones obtenidas (2) (V. frío-calor).

Las antiguas culturas indígenas practicaban la punción sin fines terapéuticos, provocándose un sangrado abundante de los labios, las vénulas debajo de la lengua, los genitales y la piel en general. Estos procedimientos tenían básicamente propósitos rituales de penitencia o sacrificio a los dioses. Dichos sacrificios eran voluntarios, como lo atestiguan la mayoría de los estudios realizados (5 a 7).

La sangre obtenida de las punciones estaba cargada de humores malignos y por lo tanto era arrojada al mismo sitio donde expulsaban los restos fecales y la orina (8 y 9).

La sangría curativa llegó a América junto con la medicina española, fue difundida en la Nueva España dentro del marco de los especialistas legalizados, y aprendida por los médicos indios, quienes la ejercieron dentro de un contexto mágico-religioso (10).

Índice de Autores

(1) Nash, J., 1975.

(2) Villa Rojas, A., 1978.

(3) Basauri, C., 1940.

(4) Pérez, Salvador, 1987.

(5) Carrazco Pizana, P., 1950.

(6) Loera, M., 1987.

(7) Ruiz de Alarcón, H., 1984.

(8) Álvarez Heydenreich, L., 1987.

(9) Quezada Ramírez, N., 1989a.

(10) Lozoya Legorreta, X., 1984c.

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