Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Ventosa

Sinónimo: vaso (1). Lengua Indígena: Chontal t’up (2).

Procedimiento terapéutico para eliminar la enfermedad al extraer su agente causal por un efecto de succión al producirse vacío mediante la combustión, en un recipiente (vaso) que se aplica sobre la piel.

Con frecuencia es empleada para tratar dolencias atribuidas a la entrada de aire o frialdad al organismo, manifestadas por dolores musculares, reumas y esterilidad (1 a 4). También se aplica para "acomodar" partes del cuerpo que no se encuentran en su sitio, en especial fracturas y luxaciones (1) (5) (V. zafadura), y para extraer el pus en heridas infectadas (6) o el veneno en casos de mordedura y picadura de animales ponzoñosos. Combinada con la sangría se usa para "sacar la mala sangre" (2).

Existen modalidades en cuanto a la forma de aplicarla: la más usual consiste en colocar sobre la parte donde se desea poner la ventosa, una base (moneda o tapa) que sostiene un cabo de vela o una torunda empapada en alcohol que se enciende y se cubre con un recipiente de vidrio (vaso, frasco o copa). De esta manera se ejerce la elevación de los tegumentos mediante la acción aspirante, efecto que popularmente se interpreta como desplazar o sacar el dolor, el aire o la frialdad, y en casos más concretos el pus, el veneno o la "sangre mala".

Son variables las recomendaciones sobre el tiempo en que la ventosa debe permanecer puesta y dependen en la mayoría de los casos de la finalidad con que se realiza. Hay quienes opinan que debe despegarse por sí sola, mientras otros prefieren retirarla después de un determinado tiempo, ejerciendo presión sobre un punto de la piel circundante a la ventosa. En ambos casos, para facilitar el desprendimiento del vaso sin lastimar al paciente, se debe cubrir con una ligera capa de aceite el borde del recipiente (boca del vaso) antes de su aplicación o, en su defecto, untar con aceite el lugar de la curación. Esta operación es importante, sobre todo en las ventosas corridas, en las cuales se desliza el vaso a lo largo y ancho del área adolorida con la idea de concentrar a su paso el dolor o su agente causal, extrayéndolo en el momento de retirarla.

Este procedimiento es común en la medicina doméstica y tradicional urbana; no obstante, merece mención especial el manejo que realizan en la comunidad chontal de Tamulté de la Sabana, Tabasco, donde cuentan con un especialista, el ak tu’p, ventosero. Dicho terapeuta emplea un recipiente, a manera de copa diminuta, llamado t’up’, coquito, confeccionado con el fruto del huiro (quizá Crescentia cujete) y preparado cuidadosamente para evitar que se agriete. Es muy común que combine la aplicación de ventosas con la sangría, para así extraer el veneno en casos de mordedura o picadura de animales ponzoñosos, o bien, con el fin de sacar la "sangre mala", que equivale a extraer el "humor" que provoca la enfermedad. Para ello, punza la piel del paciente con un chuzo, instrumento punzo cortante, haciendo dos o tres orificios pequeños sobre los que aplican la ventosa, retirándola y volviéndola a colocar dos o tres veces. Después acostumbra cubrir la región tratada con lienzos empapados en cocimientos de hierbas medicinales, o untar ciertas pomadas para completar el tratamiento (2).

El uso de las ventosas tuvo un gran auge en la medicina europea medieval, y en México se cuenta con documentos que evidencian su empleo durante la Colonia. Se aplicaban con preferencia sobre el vientre o en la espalda, secas o cortando la piel. Con ellas se perseguía la extracción de la enfermedad y su destrucción por medio del fuego, pronunciando conjuros para potenciar su efecto; en algunos casos incluso se hacen menciones a la extracción de objetos (pelos), o animales (gusanos) como materialización del mal (7).

En el siglo XVIII, Juan de Esteyneffer refiere a las ventosas como un procedimiento terapéutico útil para aliviar una gran cantidad de padecimientos y dedica un capítulo de su Florilegio medicinal a sus modalidades y virtudes.

Las ventosas se usan de dos maneras, unas secas y otras sajadas, siempre con el fin de atraer de partes interiores o distantes para fuera a parte señalada, y sirven de un pronto socorro para varias enfermedades (como se dice en sus propios capítulos) sin riesgos y sin postrar las fuerzas del paciente. Las ventosas sajadas son más eficaces que las secas porque juntamente evacuan alguna parte del humor (8:733).

En México, los médicos académicos no emplean más las ventosas. Al parecer, en países europeos y asiáticos, se practican cuando se desea "descongestionar" los órganos profundos situados debajo de la zona elegida para su aplicación. Se prescribe para dolores torácicos pungitivos de la pulmonía, pleuritis, pericarditis, neuralgias, lumbago, "estados profundos" del pulmón, hígado, riñones y bazo. Se reconocen las ventosas secas que se aplican sobre la piel íntegra; y las escarificadas, en que la piel ha sido punzada con una lanceta u otro instrumento cortante. Se dice que estas últimas descongestionan más rápida y eficazmente y suelen indicarse para aligerar la circulación sanguínea en casos de presión elevada o para desintoxicar al organismo (9), procedimiento y finalidad que serían equivalentes a la de los ventoseros chontales.

Índice de Autores

(1) Álvarez Heydenreich, L, 1987.

(2) Pérez Salvador, A., 1987.

(3) Padrón Puyou, F., 1956.

(4) Ryesky, D., 1976a.

(5) García Jiménez, S., 1984.

(6) Parsons, E. C, 1966.

(7) Quezada Ramírez, N., 1989a.

(8) Esteyneffer, J. de., 1978.

(9) Segatore, L. et al., 1980.

SM y MM