Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Sangre

Líquido corporal que en las distintas culturas del país representa la fuerza vital y que, de acuerdo con las características de color, espesor y volumen, revela el estado de salud del individuo.

De acuerdo con la relación anterior, cualquier estado patológico revela anomalías en las características que se atribuyen a la sangre. Para los mayas de Yucatán resulta de primera importancia su color, pues éste está relacionado con estados de salud o enfermedad. Reconocen cuatro colores: rojo, amarillo, negro y blanco, que corresponden a los cuatro puntos cardinales; el color rojo indica buena salud, en tanto que los demás revelan estados anómalos de distinta gravedad (1) (V. sangría). Para los purépechas de Michoacán, la sangre se estima como un elemento esencial para la buena salud; por ende, una persona con "sangre fuerte y rica" disfrutará de gran vigor, en tanto que una persona con "sangre delgada y pobre" será enfermiza, pues piensan que el cuerpo recibe la fuerza a través de la sangre (2). Los nahuas de Santa Ana Tlacotenco, Distrito Federal, conciben que las mujeres y los niños, por "la naturaleza débil" de su sangre, se encuentran más propensos a sufrir el padecimiento conocido como "tristeza", que se distingue por "el resecamiento de la sangre" (3). Para los nahuas de la comunidad de Tecospa, Estado de México, una persona disgustada desarrolla "sangre ácida y fría"; el enojo y la tristeza producen el derramamiento de bilis en la sangre, y éste hace que las personas sean frías, por lo que un sujeto enojado puede parecer caliente, pero su temperamento ha empujado su calor corporal a través de la piel, dejando su cuerpo frío (4). Otro hecho que revela una pérdida de calor, asociada a una pérdida de sangre, es el estado de una mujer menstruante. Los huaves de Oaxaca señalan que las mujeres menstruantes, así como la puérperas y las parturientas, son consideradas frías, por el hecho de haber perdido sangre. El grado de frialdad es proporcional al de la sangre perdida (5). Los nahuas de Tecospa, Estado de México, coinciden con esta idea, y la explican aludiendo al hecho de que la sangre menstrual es portadora de parte del calor de la mujer (4). Los zoques aseguran que las mujeres en edad fecunda tienen el hígado más grande, pues siendo éste el órgano que fabrica y almacena la sangre, debe compensar la cantidad perdida en las menstruaciones (6).

En los Tuxtlas, Veracruz, se piensa que al recibir una impresión repulsiva, el sujeto afectado sufre de espanto (V. susto); su "sangre se contrae y se debilita" a grado tal, que si se extrae una pequeña cantidad se comprueba que posee un color rosado y una densidad menor a la de la sangre normal. En este proceso, la sangre se vuelve más "delgadita" y, si el susto no se atiende oportunamente, "se va agotando" hasta provocar la muerte del sujeto (7).

En diversas áreas del país, la sangre se considera como un bien limitado, una sustancia vital no renovable, que una vez perdida nunca puede reponerse por medios normales (2) (8). Sin embargo, en algunas comunidades nahuas, purépechas y mestizas se acostumbra ingerir atoles, caldos y sangre de diversos animales con el fin de recuperar un volumen o una densidad determinados, y así lograr un buen estado de salud; tal el caso de los habitantes de Tzintzuntzan, Michoacán, quienes recomiendan beber sangre de ciervo para fortalecer el corazón, y sangre de vaca para fortalecer el cuerpo en general (2). En los Tuxtlas, Veracruz, existe la creencia de que un "volumen" sanguíneo anormal es señal de enfermedad, y puede tener un desenlace mortal: "la sangre es lo que fortifica al cuerpo". A medida que una persona crece, su sangre se robustece; pero ésta se convierte en agua por alguna enfermedad o vicio que puede culminar con la muerte (7). Según hemos señalado, los zoques de Chiapas entienden que la sangrese se elabora en el hígado a través de los alimentos que provienen del estómago y de los intestinos: todo alimento procesado pasará a formar la sangre; es decir, "la fuerza". A su vez, el hígado almacena la sangre y alimenta al corazón cuando "tiene sed".

... cuando el cuerpo pierde sangre, el corazón se debilita, y es entonces cuando el hígado lo auxilia sacando reservas de su depósito; mientras tanto, el hígado vacío, pedirá a las ‘calderas’ que existen en el estómago y a lo largo de los intestinos, los nutrientes necesarios (alimentos remolidos) para elaborar la sangre (6:297).

Por lo tanto, si el hígado no se llena a su capacidad, o en el cuerpo circula poca sangre, el individuo sufrirá mareos y puede llegar a la debilidad total, por lo que tendrá que alimentarse bien para recuperar la cantidad faltante (6).

Los zoques no aprueban la práctica de recibir sangre a través de transfusiones, ya que conciben que ésta va acompañada del componente de la kojama (V. tona y tonalli).

... el individuo al que se le practicara tal transfusión adoptaría la personalidad del donante y estaría condenado a la muerte por no corresponder sus kojamas (trece en total) a las ‘originales’ del cuerpo... sus formas de pensar y actuar serían las del ‘verdadero dueño de la sangre’ (6:297).

En Tzintzuntzan, Michoacán, la actitud frente a las transfusiones también refleja una idea de rechazo:

... dar la propia sangre a otra persona es un pensamiento aterrador. Dar sangre para una transfusión es un acto temerario y debilitante... Permitir que voluntariamente se saque sangre del propio cuerpo, parece ser algo semejante a permitir una amputación; el paso es final, irreversible. La fortuna de una persona al hallar sangre para una transfusión es la desgracia de otra, el donador (2:131).

En algunos grupos étnicos del país, existe la creencia en que el tipo y las características de la sangre propias de un individuo derivan de la conjugación de la sangre de sus progenitores, considerando a este líquido corporal no sólo como componente vital y fortificador, sino también creador (V. semen). Es así que entre los zoques de Ocotepec y Chapultenango, Chiapas, se piensa que en la gestación de un nuevo ser se mezclan las sangres paterna y materna (9). Para los otomíes de la sierra Gorda de Querétaro, "la fecundación es el resultado de la transmisión de la sangre del hombre a través de un proceso que dura hasta el nacimiento del hijo", por lo que estiman conveniente mantener relaciones sexuales durante el periodo de gestación para fortificar al feto, pues si se desea un varón, tendrá que ser mayor la cantidad de sangre paterna que penetre en el feto (10). Los yaquis de Sonora dicen que en la creación de un nuevo ser tiene intervención la mixtura del líquido seminal y la sangre menstrual de la que se alimenta el feto durante la gestación; de esta forma se explican su ausencia durante el embarazo (11). Los mixtecos de Tilantongo, Oaxaca, piensan que el niño hereda la sangre de sus padres pudiendo ésta ser azul, negra, delgada, gruesa o combinada; si hereda la sangre negra de su padre y la gruesa de su madre, el niño tendrá sangre negra y gruesa. Pero no existe regla para saber cuál de los padres transmite el color y cuál el espesor (12).

Los antiguos nahuas consideraban a la sangre como uno de los componentes corporales a los que se atribuía la fuerza vital, creencia que aún prevalece en el medio rural mexicano como consta en las fuentes antes mencionadas. López Austin hace notar que: "La sangre tenía como función fortalecer y hacer vivir y crecer a la gente, humedeciendo los músculos" (13:179). También menciona que:

La fuerza vital contenida en la sangre podía ser comunicada por contacto ya al propio organismo del que había brotado, ya a personas extrañas (13:179).

... La sangre también revitalizaba al Sol, divinidad que, al carecer de alimento, menguaría hasta el punto de ser incapaz de mantener el orden cósmico. Las lluvias, la fertilidad de la tierra, la salud del pueblo, la potencia bélica, eran ‘compradas’ a los dioses con la sangre de los sacrificados... Los sacerdotes sacrificadores untaban los labios de las imágenes con la sangre de los occisos en los ritos, y arrojaban gotas de sangre hacia los cuatro rumbos del plano horizontal para que todos los dioses distribuidos a lo largo y a lo ancho de la tierra recibieran su parte en el banquete (13:372).

Quizá esto explique por qué en la actualidad se acostumbra, en diversas regiones del país, la ingesta o aplicación de la sangre de algunos animales con el fin de fortificar y aliviar a los anémicos, los héticos y a los que padecen otras enfermedades relacionadas con estados de desnutrición. Asimismo, la sangre aún constituye un elemento importante en las ofrendas destinadas a los dioses en diversas ceremonias dirigidas a recobrar la salud de los enfermos y, en general, a solicitar favores o agradecer los recibidos en bienestar propio y de la comunidad.

Índice de Autores

(1) Villa Rojas, A., 1985.

(2) Foster, G., 1972.

(3) Palacios de Westendarp, P., 1986.

(4) Madsen, W., 1960.

(5) Signorini, I. et al., 1979.

(6) Reyes Gómez, L., 1988.

(7) Olavarrieta Marenco, M., 1977.

(8) Adams, R. N. et al., 1967

(9) Córdoba Olivares, F., 1975.

(10) Galinier, J., 1987.

(11) Ochoa Robles, H. A., 1967.

(12) Butterworth, D., 1975.

(13) López Austin, A., 1990a.

SM y MM