Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Tona

Sinónimo(s): animal compañero (1 a 6), espíritu guardián (7), nagual (8 a 18), segundo (19), tonal (3) (7) (11) (20 a 22), tono (1) (7) (9) (23 a 25). Lengua Indígena: Mame trogaal, waxél (26). Mazateco shimaho (19). Mochó cêt winaq (27). Náhuatl tonalli (28). Otomí n’yeti (29), rogi (2). Tzeltal ch’ulel(24) (30 y 31), pukuj (31). Tzotzil chanul (9) (32 a 34), ch’ulel (24) (30 y 31) (35), kibal (31), xkibal (36), petom (36), waylel (24) (36 y 37).

Animal (o animales), generalmente silvestre, que comparte el destino y el alma con una persona: si dicha persona se enferma o muere, lo mismo le sucederá al animal compañero y viceversa. En algunas regiones, las tonas se distinguen de los animales comunes y corrientes porque presentan cinco dedos en las patas. El destino compartido también puede existir entre una persona y un fenómeno atmosférico. Por lo general, la gente desconoce la identidad de su tona, con la excepción de los curanderos y los brujos.

La creencia en la tona parece restringirse al territorio mesoamericano, ya que entre los pueblos indígenas del norte del país no existen datos sobre mitos semejantes. No obstante, en aquellos grupos donde se reporta el tonalismo, existen variantes en cuanto a los elementos que lo conforman. Así, mientras la tendencia general es que sólo un animal comparte el destino de la persona, en ciertas regiones se piensa que cada ser humano llega a tener varias tonas. Los nahuas de la sierra Norte de Puebla creen que cada persona tiene cinco alteridades zoológicas que guardan una relación jerárquica entre sí; es decir, una de ellas influye en mayor grado en la vida de su contraparte humana, y las cuatro tonas restantes, pierden sucesivamente importancia. Si alguna desgracia le sucede a la tona de menor importancia, la persona sufrirá una enfermedad leve. En cambio, el ser humano corre el riesgo de morir si algo le ocurre al animal de mayor jerarquía (28). Los mazatecos tienen una creencia casi idéntica, con la salvedad de que el individuo posee seis representaciones animales en lugar de cinco (20). Para los otomíes de la sierra Norte de Puebla, todo ser humano posee varias tonas; si una de ellas muere, la persona sólo se enferma, pero si mueren todas, también muere la contraparte humana (11). Los huaves costeños de Oaxaca creen que cada hombre nace con tres animales compañeros, dos de los cuales son de poca importancia en su vida. Entre los totonacos, cada persona comparte su destino con doce representaciones ferinas, pero entre ellas, únicamente cuatro determinan la longevidad de la persona (21). Para los tzeltales y tzotziles chiapanecos, la creencia más aceptada es la de una tona por persona; sin embargo, hay una variante de esta idea -reportada con menor frecuencia en la literatura- donde cada individuo tiene tres alteridades. No obstante estas diferencias en cuanto al número de tonas por individuo, en ambos grupos hay consenso al señalar que los hombres con poder, es decir los curanderos y los brujos, llegan a tener hasta trece animales compañeros (36) (38 y 39), y en el caso particular de los chamulas, veintiséis (40).

Se observa que los animales designados como tonas son generalmente silvestres, casi siempre mamíferos, aunque también pueden ser aves o reptiles. Son pocas las etnias que reconocen a los animales domésticos como tonas. Por ejemplo, los habitantes de Cuajuinicuilapa, Guerrero, descendientes mayormente de esclavos negros, consideran que el toro es un prototipo de tona (25). Los otomíes de la sierra de Puebla creen que solamente las tonas de los brujos son animales domésticos, entre los cuales prestigian las figuras del borrego y el caballo (11). Es particular la relación que establece esta etnia entre la brujería y los animales que introdujeron los españoles durante la Colonia.

Para los huaves, mixtecos y zapotecosde Oaxaca, la tona no necesariamente tiene que ser un animal, también puede adoptar la forma de fenómenos atmosféricos como rayos, truenos y vientos. Similar creencia tienen los mames, tzeltales y tzotziles. Sin embargo, en estos tres últimos grupos, únicamente los brujos y curanderos disponen de tonas encarnadas por fenómenos meteorológicos (17) (26) (41).

La identidad del animal compañero es generalmente desconocida por su contraparte humana; solamente los hombres con poderes mágicos la conocen (1) (7) (11) (20) (24 y 25) (29) (31). Sin embargo, en algunas comunidades parece existir una necesidad imperiosa de que los parientes de un recién nacido conozcan a su doble imagen, frecuentemente a través de las predicciones de una partera, quien, la mayoría de las veces, también está emparentada con el nuevo ser. Así sucede entre los amuzgos de Guerrero y los chinantecos, los mixtecos y zapotecos de Oaxaca (1) (8 y 9) (24 y 25) (42). Se observa el mismo fenómeno también entre los mochos y tzotziles (27) (43). Los parientes pueden velar mejor por el bienestar del recién nacido si conocen su tona. Dicho conocimiento debe mantenerse en secreto a lo largo de la vida del nuevo familiar. De no ser así, la tona de una persona puede ser lastimada por algún brujo enemigo, acción que repercutirá en la salud del dueño de dicho animal. Si bien este sistema de creencias refuerza los lazos de parentesco, también abre la posibilidad de que las acciones de la brujería se reproduzcan entre familiares. Es de notar que entre los amuzgos, chinantecos y mixtecos, donde las identidades de las tonas están custodiadas por sus familias (y dicha identidad puede llegar a ser un secreto a voces), la muerte del animal compañero no implica necesariamente la muerte del individuo; si éste se come la carne de su alteridad, puede llegar a salvarse (1) (24) (42). Mediante este procedimiento, el espíritu de la tona original puede trasladarse al de una cría de la misma especie (24).

Existe una serie de acciones para conocer al doble zoológico de un recién nacido; la más difundida consiste en colocar las cenizas del fogón afuera de la casa y, al día siguiente, observar la huella del animal que pasó por allí (24). Otro procedimiento es llevar al niño a un lugar aislado, dejarlo en el suelo, esconderse, y ver qué animal se le acerca. Los mixtecos de Jamiltepec acostumbran tomar semillas de la virgen (Ipomoea violaceao bien Turbina corymbosa) para así descubrir la tona del recién nacido. Otro método usado por los mixtecos consiste en enterrar el cordón umbilical fuera de la casa y observar cuál animal se aproxima al lugar del entierro (42). Entre los tzotziles, se determina la tona de un niño en función del día en que nació. En este mismo grupo, una, persona puede llegar a conocer su tona si en sus sueños aparece repetidamente un animal particular; puesto que para los tzotziles solamente los curanderos y los brujos conocen su tona, la experiencia onírica mencionada también constituye la señal para la iniciación del individuo como terapeuta tradicional (6) (24) (31).

El mito de un destino compartido entre una persona y una bestia adquiere ciertas particularidades, aparte de las ya mencionadas, entre tzeltales y tzotziles. Ellos consideran que el animal compañero y su contraparte humana comparten la misma alma (llamada ch’ulel), constituida por una alícuota de calor solar. Cuando una persona viene al mundo, nace un animal en una montaña sagrada cercana. Estos grupos creen que cada patrilinaje posee una montaña circundante compuesta de trece niveles. Mientras el individuo crece, madura y asume responsabilidades, su animal compañero va escalando los trece niveles de la montaña sagrada. No todas las personas tienen la dicha de desarrollarse hasta que su tona llegue al decimotercer nivel, destino reservado para la gente de mayor prestigio. Las tonas que acompañan a las personas poderosas son el jaguar, el ocelote, el puma y el coyote, quienes cuidan de los otros animales habitantes de la montaña sagrada. En cambio, el tlacuache y el zorro son tonas de los hombres de menor estatus social. Así la jerarquización social se proyecta igualmente en el mundo animal (41) (44). Las tonas de los brujos -llamadas kibal, selom e ik’al-, se dedican a atacar a los demás animales de la montaña sagrada; las primeras dos generalmente adoptan la forma de fieras sanguinarias como el tigre. Los ik’al asemejan a un negro cimarrón, y representan un peligro especial, ya que pueden convertirse en bolas de fuego que eclipsan a la Luna y al Sol (31) (V. eclipse).

La tona de una persona también recibe el nombre de nagual. Esto sucede entre los otomíes de Puebla, amuzgos de Guerrero, y mixtecos y zapotecos de Oaxaca. En estas etnias, parece que el término nagual no implica la transformación de un ser humano en un animal, como sucede en las poblaciones nahuas. En el caso de los otomíes, se llama naguales a los animales compañeros de un brujo. La confusión entre destinos compartidos y la transformación humano-animal es más patente entre huaves, tzeltales y tzotziles. Para los primeros, aquella persona que conozca a su compañero, también tiene el don de convertirse en él (7). Los tzotziles y tzeltales creen que aquellas personas con poderes mágicos -cuyas tonas velan por las demás en la montaña sagrada-, pueden castigar a quienes quebrantan la moral, de dos maneras: la primera consiste en expulsar a la tona del infractor de la montaña sagrada, exponiéndola a ser cazada por los seres humanos; la segunda es la trasformación del hombre poderoso en su tona, generalmente un felino feroz, para atacar así al infractor (24) (32) (37 y 38).

Parece ser que el tonalismo actual tiene raíces en el calendario de 260 días, llamado Tonalamate o Tonalpohualli por los antiguos nahuas, y Piye por los zapotecos. Según sus predicciones, el destino de una persona estaba determinado por el día de su nacimiento o, en su defecto, por el día en que le daban un nombre. En esa ocasión, la persona recibía su tonalli, entidad anímica relacionada con el calor solar. Debido a que en el calendario se representaban los días con figuras animales (entre otras), se cree que con el paso del tiempo se estableció en la conciencia popular una relación paralela entre el mundo de los hombres y el mundo animal. La argumentación anterior resulta validada por el hecho de que actualmente se identifica la tona del recién nacido de acuerdo con el día del nacimiento de éste (tzotziles), aunado a la creencia de que el individuo y su animal compañero comparten la misma esencia solar (nahuas de la sierra Norte de Puebla; tzotziles y tzeltales) (22) (45).

Índice de Autores

(1) Ravicz, R. et al., 1969a.

(2) Dow, J., 1974.

(3) Tranfo, L, 1974.

(4) Gossen, G. H., 1979a.

(5) Aguirre Beltrán, G., 1980.

(6) Vogt, E. Z., 1970.

(7) Signorini, I. et al., 1979.

(8) Parsons, E. C, 1966.

(9) Flanet, V., 1977.

(10) Mak, C, 1959.

(11) Dow, J., 1986.

(12) Basauri, C, 1940.

(13) Villa Rojas, A., 1963.

(14) López Gómez, R., s/f.

(15) Ramírez Castañeda, E., 1987.

(16) Moscoso Pastrana, P., 1990.

(17) Hermitte, E. H., 1970a.

(18) Hermitte, E. H., 1970b.

(19) Boege, E., 1988.

(20) Mounsey Taggart, J., 1975.

(21) Harvey, H. R. et al., 1969.

(22) Segre, E., 1987.

(23) Nader, L, 1969a.

(24) Scheffler, L, 1988.

(25) Aguirre Beltrán, G., 1985.

(26) Medina Hernández, A., 1973.

(27) García-Ruiz, J. F., 1987.

(28) Signorini, I., 1982.

(29) Galinier, J., 1987.

(30) Pozas Arciniega, R., 1987.

(31) Pozas Arciniega, R., 1969.

(32) Vogt, E. Z., 1980a.

(33) Guiteras Holmes, C, 1965.

(34) Vogt, E. Z, 1980b.

(35) Pozas Arciniega, R., 1986.

(36) Nash, J., 1973.

(37) López Gómez, R., s/f.

(38) Vogt, E. Z., 1970.

(39) Holland, W. R., 1961.

(40) Gossen, G. H., 1975.

(41) Holland, W. R., 1964.

(42) Cerda Silva, R. de la, 1957d.

(43) Sepúlveda, M. T., 1983.

(44) Holland, W. R. et al., 1964.

(45) Whitecotton, J. W., 1985.

DM