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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Guarijíos.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Como se señaló en el apartado anterior, el pueblo guarijío ha protagonizado en las últimas décadas un proceso de disgregación y de reagrupamiento, situaciones de las que se derivan algunos rasgos peculiares de la tribu. Los guarijíos luchan hoy afanosamente por reafirmar una identidad cultural, recuperar formas organizativas tradicionales y reconstruir el espacio social en sus territorios. Desde hace aproximadamente dos años, los guarijíos vienen participando en la iniciativa de organizar, con apoyo de algunas instituciones de investigación y de servicio, un sistema local de salud en el que coexistan la medicina académica, las prácticas curativas domésticas o caseras y la medicina tradicional.

Llama la atención la elevada edad de los terapeutas varones que se encuestaron para este trabajo: 73 años en promedio; en contraste, las mujeres entrevistadas tenían un promedio de edad de 50 años. En proporciones más o menos semejantes se distribuye el grupo conforme al grado de bilingüismo o monolingüismo (sea éste de español o guarijío). Más del 70% de los terapeutas tradicionales no sabían leer ni escribir al momento del estudio. Como en otras regiones, los médicos tradicionales guarijíos combinan el trabajo agropecuario, las actividades del hogar y la producción de artesanías con la práctica médica comunitaria. Ocupaciones como la de gobernador del grupo, cantor y músico fueron también registradas. Localizados en el estado de Sonora, los terapeutas consultados habitan en los municipios de Álamos y Quiriego. Al analizar las especialidades médicas al interior de este grupo indígena, llama la atención el predominio de los que emplean la sobada como procedimiento terapéutico esencial, lo que los lleva a autodenominarse sobadores (pechiyame), cuando se trata de definir su profesión. Dentro de esta categoría general pueden distinguirse especialidades: sobadores de susto (pepejchiname mahakame, mahatiame pechiyame), sobadores de bazo (waso), sobadores de corrimiento, sobadores de mollera (tajchinamanei owépote panisuname) y sobadores de lastimaduras (piyogame pechiyame). Es necesario incluir aquí a las parteras y a las acomodadoras de niños, en virtud de que también recurren a la sobada para resolver los problemas que se presentan en su práctica ginecológica u obstétrica. Estos especialistas de la medicina tradicional guarijía aprendieron principalmente mediante formas de autoaprendizaje, combinando la observación con la práctica, y sólo en muy pocos casos se mencionó la enseñanza de otro terapeuta, perteneciente al mismo núcleo familiar.

Entre las causas de demanda de atención más importantes atendidas por este grupo de terapeutas, destacan: susto (mahokame) y mal puesto (sipotiame), caída de la mollera (pa’yewa), lastimaduras, anemia, hemorragia, bazo, diarrea (witajpiwari), ombligo suelto, tos ferina, tos (tasirewa), gripa pasmada, granos y corrimiento.

Un segundo conjunto de curadores está constituido por las parteras (sawitiame), terapeutas exclusivamente de sexo femenino, cuya edad es de 56 años. Muchas de ellas se especializan en levantar la mollera y en sobar. La adquisición del conocimiento suele desarrollarse únicamente bajo la guía y responsabilidad de otro terapeuta, perteneciente a la misma familia del aprendiz. Las parteras son requeridas fundamentalmente para ocuparse de los procesos naturales vinculados a la procreación o a la atención de causas que afectan a la mujer durante el periodo de gestación e inmediatamente después de haber dado a luz. Así fue que se mencionaron, en orden de frecuencia decreciente: los cuidados en el embarazo (pochaj káne owitiame), la debilidad en la preñez, el parto (sawuikame), la expulsión de la placenta atorada, la asistencia a la "familia que no tiene niños", la amenaza de aborto y la caída de la matriz. Las parteras declararon tratar también diferentes síndromes de filiación cultural, tales como el susto, el mal puesto y el bazo. Asimismo, la diarrea, el empacho (siapori), las picaduras o mordeduras de animales ponzoñosos (temupáre animali kikiriachi), el mal de orín (kishishi enani), la tos, las llagas (ejchá) y la caída de la mollera, integran el listado de afecciones atendidas por las parteras.

El tercer grupo de terapeutas guarijíos está integrado por los curanderos (i’yoyame), quienes suelen combinar esta práctica general con algún conocimiento especializado —por ejemplo, el de sobador—, y en los cuales el proceso de aprendizaje se realiza por experiencia propia o al lado de un médico indígena reconocido. Los curanderos tratan afecciones que se manifiestan principalmente en el aparato digestivo, como la diarrea, el vómito (yowa yame), el empacho y el pasmo (turapagame); atienden también un grupo de síndromes de filiación cultural, entre los que se encuentran la pesadilla (echuwiwari), el susto, el bazo y el mal puesto. Siguen a éstos una serie de causas de demanda de atención entre las que se distinguen el mal de orín, la calenturas (che’eri), la caída de la mollera, el reuma (tompówari), la tos, la gripe, la mordedura o picadura de animales ponzoñosos (como la lorapicha), el dolor de riñón (ketishiakokó), el dolor de embarazo (werumajú), el dolor de parto, el dolor de pecho(muríjp’a uénani kokoame), la taranta (tekúname), el dolor repentino, las anginas (moresa kokoame), el dolor de estómago, los tapados y la hinchazón de piernas.

Destaquemos, finalmente, el caso de una terapeuta de 70 años, que no era catalogada como especialista por la comunidad, pese a que atendía un conjunto de dolencias mediante procedimientos complejos y bien articulados. Esta mujer, que se refería a sí misma como practicante de la "medicina casera", era requerida para atender partos y padecimientos tales como diarrea, tos ferina, sarampión, paperas, dolor de muela, mal de ojo (sepuchiwari), calentura y tos.

La mayoría de los informantes declaró haber practicado la medicina tradicional durante más de 10 años, no pertenecer a ninguna organización de médicos indígenas y atender esencialmente dentro del territorio guarijío.