Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Partera

Sinónimo(s):abuela, abuelita (Chis, Pue, Ver), comadrona o matrona en áreas rurales y urbanas de México; facultativa (Pue) (1), madrina o madín (Yuc), sacadora (Pue) (2). Lengua indígena: Mam chich, abuela (3). Maya x-alanzah (4). Mixe u’un ixpø (5). Mochó yoq’loman (6). Náhuatl (SLP) teitskijketl (7). Otomí (Hgo) bâdi, sabia; horpate, aquella que da la vida (8). Tepehua dakunú (9). Totonaco (Pue) laqčaqeni, la que lava la ropa de la parturienta y recién nacido; na’natsiit, pacukunu, la que corta el cordón umbilical (1); ta’qo’nu’(10). Zapoteco weletgR bidao, la que baja los niños (11). Zoque oko (12).

Especialista de la medicina tradicional cuya función primordial es la atención del embarazo y del parto, así como la de proporcionar asistencia a la mujer y al recién nacido durante el puerperio. La actividad de estas especialistas generalmente no se limita a la asistencia maternoinfantil, sino que se extiende a la atención de algunos padecimientos ginecológicos que se consideran causa de esterilidad, así como otras demandas de atención que afectan a la embarazada y al recién nacido, como susto, mal de ojo y caída de mollera.

Por lo general, esta especialidad es practicada por mujeres de edad avanzada, en cuya iniciación parece fundamental el haber experimentado varios embarazos, con algunas excepciones, como los mixes de Oaxaca que registran la presencia de parteros (5). En algunas regiones del país, la iniciación de las parteras está dada por una señal divina, revelada a través de los sueños; tal es el caso de las parteras nahuas de San Luis Potosí (13), huaves de Oaxaca (14) y totonacas de Puebla (1). En otras comunidades el saber y la función se transmiten oralmente en el seno familiar por generación alterna, directa o a través de un pariente paralelo (13) (15). La adquisición de los conocimientos técnicos y el adiestramiento tradicional lo obtienen a través de la observación y la práctica como asistentes de una partera experimentada.

Durante las visitas periódicas y domiciliarias que realiza la partera a lo largo del embarazo, recurre a diversas maniobras externas (masajes prenatales) a fin de acomodar o mantener la posición correcta del feto (V. acomodar al niño y manteada); asimismo, se encarga de dar los consejos pertinentes en relación con las actividades, dietas y medidas preventivas que la embarazada habrá de seguir para evitar complicaciones para ella y el producto.

En el momento del parto, la partera es llamada a atender a la mujer en su domicilio, en donde suele ser ayudada por algún familiar de su paciente o por una auxiliar designada por ella misma, conocida como tenedor (a) o sostenedor (a). Durante el trabajo de parto, que comúnmente se efectúa en la posición tradicional (hincada o en cuclillas), la comadrona administra infusiones uteroconstrictoras preparadas con plantas y productos de origen animal, con el propósito de acelerar la salida del producto y las secundinas; con este mismo fin, realiza una serie de maniobras externas a manera de masaje con enjundias o sebos, y en algunos lugares del país recurre al empleo de baños de vapor con hierbas medicinales.

Durante la cuarentena, asiste a la madre y al niño en su domicilio, participando de las labores domésticas, cuidando que la dieta de la puérpera sea la adecuada, estimulando la secreción láctea con masajes y otros remedios tradicionales; faja y procura reposo a la mujer con el fin de evitar complicaciones que puedan ser causa de esterilidad; asimismo, se encarga del aseo y purificación ritual de la madre y del niño con baños especiales (V. baño de temazcal).

Una función importante de la partera en diversos grupos étnicos del país, la constituye la celebración de rituales relacionados con la fertilidad y el nacimiento. Abundan los ejemplos en donde se hace notar que la función de las parteras tradicionales no se limita a la asistencia técnica. Las parteras totonacas de la sierra de Puebla, realizan ofrendas nocturnas a la diosa Natsi’itni, la Luna, para implorar por la mujer estéril (1). Entre los otomíes de Puebla, persiste el carácter sacro de la comadrona al fungir como intermediaria entre los dioses y los humanos; ella se encarga de realizar los ritos mágico-religiosos acostumbrados, y funge como protectora y guardiana del temazcal (16), baño destinado a purificar a la mujer del estado de contaminación que ha conservado durante el largo curso del embarazo (17). Los nahuas de Hidalgo efectúan una ceremonia llamada maltilistli en honor del recién nacido y del dios de la fertilidad (18). Generalmente, las parteras se encargan de efectuar -o al menos dar las indicaciones sobre cómo debe realizarse- la ceremonia habitual del entierro del cordón umbilical y de la placenta, con el fin de proteger y augurar ventura y salud al recién nacido. Los ejemplos anteriores constituyen sólo una muestra que prueba el hecho de que a la partera todavía hoy suele dársele una connotación social de características sacras, al mismo tiempo que se le considera portadora de la ideología del grupo.

Por las siguientes razones, los servicios de la partera son requeridos con mayor frecuencia que los de los terapeutas institucionales: por resultar un servicio accesible, puesto que los honorarios de la partera generalmente suelen darse en especie o ajustados a las condiciones económicas de la paciente; por la marginación o lejanía de gran parte de los servicios médicos institucionales; porque en el medio rural el parto es considerado como un evento familiar, con la participación de sus integrantes en el domicilio de la paciente; porque las parteras comparten con la paciente un idioma, conceptos corporales y valores culturales, de aquí que se establezca un parentesco ritual con el recién nacido en algunos lugares del país; porque la partera es quien se encarga de cumplir con los procedimientos rituales acostumbrados y participa en las labores domésticas durante la cuarentena.

En relación con las creencias e ideas que la partera comparte con su comunidad, o con parte de ella, se ha observado cierta especificidad sociocultural en la atención del embarazo, el parto y el puerperio. En algunas comunidades zoques de Chiapas, las comadronas costumbreras, cuyas técnicas y recursos corresponden a una partera tradicional, atienden exclusivamente a la fracción de los costumbreros, aquellos que se rigen por las costumbres y preceptos que la tradición ha impuesto; mientras que las comadronas revestidas o ladinas, cuyas técnicas y recursos corresponden a una partera adiestrada, atienden a la fracción católica; por último, las mujeres adventistas recurren al servicio médico institucional (19).

Debido a la deficiente cobertura nacional de la medicina institucional en la atención maternoinfantil, y considerando que las parteras suelen ser el único recurso especializado existente en las zonas marginadas, los servicios públicos de salud se han preocupado por lograr su integración, proporcionándoles adiestramiento para que realicen una mejor atención maternoinfantil, y canalicen los partos de alto riesgo. En la actualidad, buen número de parteras combinan sus conocimientos tradicionales con el uso de medicamentos de patente, tales como uteroconstrictores y antisépticos, e incluso recurren al empleo de material quirúrgico. La función de estas parteras adiestradas se limita a la atención de partos normales, canalizando a la atención médica los partos distócicos o de alto riesgo. Parte de su adiestramiento incluye la introducción de métodos de planificación familiar, de aquí que reciban la denominación popular de parteras pastilleras. Las parteras boticarias son las que emplean medicamentos de patente. Partera promotora es aquella que promueve o fomenta el cuidado de la salud como labor adicional. Los términos partera adiestrada, partera capacitada y partera empírica diplomada, son calificaciones que aluden a aquellas que han recibido entrenamiento institucional (20).

En el ámbito de la antropología médica se han cuestionado los programas de capacitación a parteras empíricas, pues éstos poseen una estructura esencialmente bio-médica que contrasta con el concepto tradicional de embarazo y parto, y en muchas de las ocasiones van en detrimento de la autoestima, confianza y estatus social de las parteras en sus comunidades. Cosminsky hace notar que ante la apremiante necesidad de formar personal capacitado y establecer otros métodos de atención durante el proceso del parto a partir del personal tradicional, es preciso incorporar sus prácticas beneficiosas "incluida la posición vertical en el parto, la cauterización del cordón umbilical, los masajes suaves, el baño ritual después del parto, el amamantamiento y ciertas prácticas dietéticas" (21:140). Asimismo, se podrían integrar, o al menos aceptar, costumbres inofensivas tales como los rituales relacionados con el entierro de la placenta y del cordón umbilical, oraciones y otras ceremonias destinadas a la protección de la madre y del recién nacido, que si bien no tienen importancia desde una estricta perspectiva médica, "pueden tener efectos psicológicos y sociales que calmen la angustia de la madre, facilitando el parto o su rápido restablecimiento" (21:141). Enfatiza que los cambios en las labores obstétricas tradicionales deben corregir:

... ciertas prácticas nocivas como el empleo de instrumentos cortantes o trapos sucios o contaminados para el corte del cordón y ciertas restricciones dietéticas prenatales y posnatales, a través de la educación, el adiestramiento y las demostraciones, en lugar de recurrir a una franca oposición. Las prácticas de efecto indeterminado, como el empleo de ciertas hierbas, deben ser investigados con más detenimiento, pero sin condenarlas hasta obtener pruebas concluyentes de los efectos nocivos (21:140-141).

El papel esencial que las parteras tradicionales han jugado en las comunidades indígenas, ha perdurado en el tiempo y ha quedado registrado en distintas fuentes. Es así que dentro de las diferentes especialidades de los médicos nahuas de la época prehispánica, queda comprendida la temixhuitiani (22 y 23) o temixhuiani, "la que ayuda a parir"; tepelehuiani, "la que ayuda"; o tlamatqui, "hábil, diestra, sabia", denominación otorgada a quien empleaba la palpación en su trabajo (22). La partera formó parte del amplio grupo de los titici (22) (24). Su ejercicio se iniciaba al finalizar la etapa reproductiva de su vida, siendo su iniciación consecuencia de una revelación divina. Sabía palpar el vientre para acomodar al feto y, sobre todo, administrar medicamentos para atender complicaciones durante el parto, el puerperio y la lactancia, y aun problemas de esterilidad en la mujer. Poseía ciertas habilidades quirúrgicas que le permitían extraer el producto en casos de muerte, y hacía uso adecuado del temazcal (24). Su función traspasaba el ámbito terapéutico y se extendía al de las relaciones sociales; era ella quien arreglaba y oficiaba los matrimonios, así como la ceremonia ritual en el momento del parto, y quien finalmente "bautizaba" al infante (23), además de mantener el sistema de creencias y conceptos propios de la cosmovisión de su época y su grupo social (24).

Durante la Colonia se le consideró dentro del grupo de los curanderos, al carecer de la autorización oficial otorgada por el Protomedicato. A las especialistas indias y mestizas recurrían mujeres de distintos estratos sociales. Sus funciones han perdurado hasta nuestros días, guiadas siempre por la finalidad de ayudar al nacimiento y bienestar de un nuevo ser.

Índice de Autores

(1) Ichon, A., 1973.

(2) Tibón, G., 1981.

(3) Medina Hernández, A., 1973.

(4) Barrera Vásquez, A. et al, 1980.

(5) Reyes Gómez, L, 1978.

(6) García Ruz, J. F., 1987.

(7) Reyes Antonio, A., 1982.

(8) Galinier, J., 1987.

(9) Williams García, R., 1967.

(10) Castro Guevara, C. A., 1986.

(11) Beltrán Morales, F., 1982.

(12) Báez-Jorge, F., 1975.

(13) Zurroza Ceballos, O., 1985.

(14) Signorini, I. et al, 1979.

(15) Módena, M. E., 1978.

(16) Castro Ramírez, A., 1988a.

(17) Aguirre Beltrán, G., 1980.

(18) Hernández Cuellar, R., 1982.

(19) Córdoba Olivares, F., 1975.

(20) Mellado Campos, V. et al., 1989.

(21) Cosminsky, Sh., 1978.

(22) SchondubeB., O., 1984.

(23) Quezada Ramírez, N., 1977.

(24) Zolla, C, 1984b.

SM y MM