Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Embarazo

Periodo de gestación, gravidez, preñez. Popularmente se alude a la mujer embarazada con las siguientes expresiones: está "esperando", "en estado", "de encargo", "encinta", "cargada", "pesada", "enferma de niño" o, simplemente, "enferma". Dentro de los signos y síntomas de presunción que se reconocen habitualmente en el diagnóstico del embarazo, se encuentran los siguientes: náuseas referidas como "ascos", agruras, vómitos, e intolerancia a ciertos olores; inapetencia y apetito caprichoso o antojo; trastornos nerviosos como mareos, desmayos, cambios en el carácter ("tristeza" o "mal humor"); deseo frecuente de orinar; manchas en la cara conocidas generalmente como paño los huaves de Oaxaca dicen que a la embarazada le aparece en la cara lip, "lamida", "alas de mariposa" (1 y 2); debilidad manifestada como flojera, sueño y cansancio, y otras molestias como dolor de cabeza, dolor de espalda y cintura, ojeras pronunciadas, cabello maltratado o rebelde.

Se reconoce como principal signo de probabilidad del embarazo la falta de la menstruación, referida bajo los siguientes términos: "no viene la regla", "falta de regla", "no mira su sangre", "no le llega su mes", "no ve su luna"; además de aumento en el tamaño de las glándulas mamarias, acompañado de oscurecimiento de los pezones y la areola, así como la aparición de los llamados tubérculos de Montgomery reconocidos popularmente como "granitos que salen"; se nota el oscurecimiento de la línea media abdominal conocida como línea morena, crecimiento del vientre y ensanchamiento de cadera.

Una vez observados estos signos, la mujer llama a la partera a fin de confirmar su posible preñez. Ésta interroga a la paciente y la examina palpándole el vientre; en algunas ocasiones recurre al tacto vaginal. Una vez verificado su estado, la partera se limita a sugerir una serie de recomendaciones y restricciones encaminadas a evitarle complicaciones a la madre y/o al producto y facilitar el parto, así como prevenir daños a terceros ocasionados por el "calor" característico de su estado.

En tiempos prehispánicos, la atención obstétrica practicada por las parteras jugaba un papel de suma importancia, ya que bajo su responsabilidad quedaban la atención del parto y la vigilancia del embarazo. La partera encomendaba a su paciente a todas las deidades protectoras, mientras ofrecía tomarla a su cuidado (3). Muchas de las recomendaciones, tabúes y procedimientos obstétricos observados en la actualidad, tienen un origen indiscutiblemente prehispánico; algunos sobreviven casi intactos, otros se han modificado con el tiempo, pero conservan su esencia.

La comadrona practica periódicamente maniobras externas (sobadas, masajes, manteadas) con el propósito de "acomodar" y "encaminar" el producto. Cosminsky menciona algunas razones por las cuales el masaje prenatal se considera necesario en la atención tradicional: por medio de éste se determina la presentación del feto; si no está en una presentación normal, la partera efectúa maniobras de versión externa para "acomodarlo". También se practica con el propósito de desprender el feto gradualmente, a fin de que el parto sea menos doloroso. Otra función del masaje es la de mantener al útero en su lugar. Cosminsky también hace notar que el masaje puede jugar un papel muy importante como elemento de apoyo emocional mediante el contacto físico (4). En algunas comunidades nahuas, otomíes y matlatzincas aún se acostumbra realizar los masajes dentro del baño de temazcal, según la usanza de los antiguos mexicanos.

En relación con la dieta que la gestante debe seguir, las parteras coinciden en que es necesario evitar ingerir alimentos considerados de calidad fría o irritante, y guardar el equilibrio frío-calor. Piensan que de no hacerlo así, la embarazada puede tener complicaciones graves, inclusive de desenlace funesto, como hinchazón y resfriado del vientre, cólicos e, incluso, aborto; el niño, por su parte, corre el riesgo de nacer con afecciones respiratorias, mueso o chincual. Aunado a lo anterior, es común que la partera recomiende a la embarazada no bañarse o mojarse con agua fría, ni exponerse a cuerpos de agua como ríos, manantiales, etcétera, debido a que éstos afectan los huesos de la cadera, "poniéndolos duros", retrasando así el parto. Por otro lado, para aquellas mujeres que padecen amenaza de aborto, tampoco es recomendable bañarse con agua muy caliente, ya que aquél sería así inevitable. Asimismo se cree que la mujer que está embarazada no debe permanecer por tiempo prolongado cerca de fuentes de calor como el fogón, ya que de hacerlo, "el niño se foguea" y nace despellejado (5).

Existe una serie de restricciones basadas en el concepto de magia por semejanza o magia imitativa, que tienen relación con la dieta, principalmente los "antojos". Se mencionan algunos ejemplos: en Veracruz, así como entre los mixes de Oaxaca, se cree que podrían salir manchas a la criatura con la forma del objeto deseado si los antojos de la madre no fueran satisfechos (6 y 7); en el Distrito Federal se dice que de no cumplir los antojos, el niño nace con la boca abierta (8); en San Luis Potosí predicen que el niño nacerá con la boca abierta y la baba caída (9). También en San Luis Potosí se cree que si la embarazada come zapote negro, el niño nacerá con una mancha negra (lunar), y con una mancha roja si come pitaya (10). Entre los huastecos se afirma que si una mujer embarazada come tripa de algún animal, el niño siempre tendrá hambre; si come la fruta del maap (Acrocomia mexicana), nacerá calvo, y si ingiere patas de vaca, nacerá deforme (11). Entre los purépechas de Michoacán y yaquis de Sonora se hace alusión al hecho de evitar alimentos "resecantes" o secos, como el pinole, ya que opinan que la criatura corre el riesgo de nacer seca, esto es, con poco líquido amniótico (5 y 12).

Bajo este mismo concepto de magia por semejanza, una creencia muy difundida en todo el país es la de las malformaciones atribuidas a los efectos de un eclipse, "cuando la Luna está comida"; si la madre se expone a este fenómeno astral, el infante nacerá con labio hendido: comido de luna, "comido de labio", tencuacho o tenco. Los antiguos mexicanos utilizaban un cuchillo de obsidiana que se colocaba sobre el vientre para prevenir los efectos del eclipse; actualmente se usan con el mismo fin objetos metálicos (cuchillos, tijeras, llaves, etcétera) o prendas de color rojo. Las malformaciones también se suelen atribuir a que la gestante se burló o "vio mal" a personas con alguna limitación (enanos, mudos, tartamudos, etcétera), viéndose sus hijos afligidos por los mismos problemas.

Otra idea muy arraigada, es la de cuidar que los alimentos que se peguen en el comal o sartén no sean comidos por la mujer embarazada, así como evitar que ésta duerma mucho, pues esto es causa de que "el niño se pegue" y dificulte el parto. Asimismo, en Yucatán se piensa que cuando la mujer cose, no debe tirar nunca el hilo sobre su hombro ya que su hijo podría nacer con el cordón umbilical enredado en el cuello (13); mientras que los tojolabales atribuyen este hecho a que se enreda el cordel con que cargan el agua (14). Esta idea parece emparentarse con la vieja creencia prehispánica de que la gestante no debía ver a un ahorcado, para no propiciar que el bebé naciera con el cordón alrededor del cuello (15).

Otro grupo de prohibiciones está ligado a la asistencia a lugares impuros, o a mantener contacto con personas de esa misma calificación. Así, en Morelos, se recomienda no asistir a velorios o acercarse a cadáveres, porque el producto puede presentar manchas en la piel (16); los popolucas de Veracruz mencionan que durante los primeros meses de gestación una mujer embarazada no debe ver un cadáver, ya que si lo hace, la criatura nacerá en zurrón cubierto por las membranas, igual que el muerto "que está tapado?" (17)?; los purépechas y los otomíes aseguran que a la mujer se le pega el "cáncer", lo que implica un aborto o el nacimiento de un niño muerto. De igual forma, estos males pueden ser contagiados por el marido, si éste es quien tuvo el contacto (5) (18) (V. cáncer de muerto).

Es creencia muy extendida en todo el país, que la mujer en estado de gravidez posee un calor corporal superior al de una persona normal. Entre los tzotziles y tzeltales de Chiapas, así como entre los huaves de Oaxaca, se piensa que este estado resulta de la suma del calor del hombre y el de la mujer (2) (19). Esta particularidad confiere a la mujer la capacidad de dañar a terceros. Se cree que provoca mal de ojo y puede causar la muerte a un herido por la mordedura de víbora, así como enfermar o debilitar al marido y a los hijos; que si mira a un recién nacido le provoca pujo y salida del ombligo y, en general, que tiende a agravar enfermedades. Los huastecos de San Luis Potosí consideran que el estado de la embarazada constituye una amenaza a la salud de otros, dado que ella lleva un feto, y dos corazones tienen la capacidad de "succionarle" energía al corazón de una persona más débil (11).

Se dice también que el calor que emana provoca daños a los cultivos, secando la fruta y haciéndola caer; de ahí que en algunos lugares, la mujer embarazada tenga prohibido ir a la milpa, los huertos y los jardines.

Por otro lado, los tzeltales y tzotziles aseguran que este calor hace que "las carnes de la mujer sean más tiernas" y, por ende, resulten más apetecibles para los seres sobrenaturales comedores de almas, lo que pone en peligro a la embarazada y, principalmente, al producto (19). Este riesgo es explicado en forma semejante por los huaves de Oaxaca que piensan que, además del calor, las embarazadas poseen un olor particularmente sabroso que atrae a los seres sobrenaturales y a los muertos que rondan el pueblo. Si las embarazadas duermen fuera de casa, éstos "huelen al niño y lo juegan" en el vientre de la madre, con riesgo de que se interrumpa el embarazo (1 y 2).

Una de las preocupaciones que más inquieta a los padres es conocer el sexo del futuro hijo; para adivinarlo, recurren a los conocimientos de la partera. Ésta se basa, generalmente, en la fase del ciclo lunar en que ocurrió la concepción, o bien en los signos de la gravidez. Las parteras mazatecas adivinan el sexo por revelación inducida a través de la ingestión de hongos alucinógenos (20). Los mayas de Yucatán y otomíes de Hidalgo dicen que será niña cuando se concibe entre las fases de luna nueva a luna llena, y niño, si esto ocurre entre las fases de Luna llena a cuarto menguante (13) (21).

La determinación del sexo por medio de los signos de la gravidez varía según las regiones. En Guerrero se dice que el producto será varón cuando el vientre de la mujer se pone duro, y en los dos últimos meses el feto se acomoda boca abajo; en caso contrario, será niña (22). Los nahuas y popolucas veracruzanos creen que si el niño se mueve mucho y el vientre de la madre es duro, el recién nacido será varón (23). En el Estado de México se comparte esta creencia, con la variante de que si al mes y ocho días de concebido el feto comienza a moverse, será niño, y niña si lo hace a partir de los cinco meses (24). En Morelos se afirma que de ser varón, las molestias durante el embarazo serán menos pronunciadas que si es niña (25). Los purépechas comparten esta idea: el feto varón provoca pocos trastornos, a la madre sólo se le hincha el pie derecho y el crecimiento del vientre es poco marcado, aunque en el momento del parto los dolores son más violentos y prolongados; mientras que si el feto es hembra causa grandes trastornos: a la mujer se le hinchan ambos pies, la cara presenta paño, los vómitos y mareos son más frecuentes, el vientre es muy voluminosos y la cintura se deforma (5). Entre los huastecos se dice que será niño si a la madre se le afila la cara, su mirada se pone triste y el feto se mueve a los dos meses; y que será mujer, si comienza a moverse a los cuatro meses (9). En Baja California Norte se cree que será varón si el vientre de la mujer es picudo y si el feto se mueve mucho, y que será niña cuando el vientre crece extendido y hay pocos movimientos fetales. Los otomíes de la región huasteca piensan que las relaciones sexuales fortifican al feto, de tal manera que si el marido ambiciona tener descendencia masculina, deberá mantener relaciones con su mujer hasta el último momento (26).

Con respecto a lo anterior, existe una marcada diferencia de ideas ante el hecho de mantener relaciones sexuales durante el embarazo. Al parecer, no existen restricciones y las relaciones se prolongan durante todo el periodo de gestación, entre los mixtecos, huaves y zapotecos de Oaxaca, así como entre los nahuas de Morelos y tarahumaras de Chihuahua (2) (27 a 30). Sin más explicación, los purépechas recomiendan suspenderlas al tercer mes (5), y los tlapanecos de Guerrero al quinto mes (31). Algunos habitantes de Milpa Alta, Distrito Federal, recomiendan interrumpir las relaciones sexuales al sexto mes, pues de prolongarse, el niño podría "nacer con sebo" (8). Los totonacos de Puebla dicen que el contacto sexual se debe evitar durante los primeros tres meses porque el niño "se pega", y en los últimos dos meses, "porque se puede venir" (32). En tiempos prehispánicos, según consta en la obra de Bernardino de Sahagún, había la creencia de que el bebé podía ver lo que hacían los padres, por lo cual eran suspendidas las relaciones sexuales para que la criatura no narrase después lo visto dentro del vientre materno (15); por otro lado, se pensaba que mantener relaciones sexuales durante el último tercio del embarazo, podría producir deformaciones de las extremidades del feto (33). Contrariamente, los yaquis de Sonora aseguran que el crecimiento del producto requiere de la continuidad de las relaciones sexuales, ya que el semen es indispensable para el desarrollo del nuevo ser (12). En el Estado de México se comparte esta idea: las relaciones sexuales durante los dos primeros meses proporcionan vigor al feto; sin embargo, deben suspenderse después ya que el niño se cubre con una sustancia blanca y pegajosa que propicia que se pegue y dificulte el trabajo de parto (34). En comunidades rurales de Coahuila se piensa que las relaciones sexuales durante el embarazo son necesarias, en la creencia de que éstas mantienen el "pasaje abierto", y así se facilita la expulsión durante el parto (35). Por su parte, los otomíes de la huasteca aseguran que por medio de las relaciones sexuales, el hombre transmite su sangre a lo largo del embarazo para fortificar al feto (26).

La duración del periodo de gestación es generalmente reconocida como de nueve meses, aunque algunos grupos del sur de la república reconocen que este lapso puede variar dependiendo del sexo del futuro ser.

Los nahuas y popolucas de Veracruz, así como habitantes de Morelos, aseguran que de ser varón, el periodo será de ocho meses y si es niña, de nueve meses (16) (23); los tojolobales calculan una duración mayor de nueve meses si es varón (14); mientras que en comunidades de Guerrero estiman una duración de ocho meses para niñas y ocho meses más quince días para niños (36).

Ciertas comunidades del centro y norte de la república reportan una diferencia del periodo de gestación entre primigestas y multíparas. Es el caso de los purépechas y habitantes de Baja California Norte, quienes consideran una duración de nueve meses para las primigestas y ocho meses para las multíparas (5) (37). En Sonora, los yaquis hablan de un periodo de diez meses para las primigestas, y de sólo nueve meses para quienes ya han tenido hijos (12).

Algunos grupos estiman la duración de este periodo basándose en el calendario lunar. Tal es el caso de los tzeltales de Chiapas (38), comunidades de Morelos (16), kiliwas de Baja California Norte y otras comunidades del mismo estado (37) (39), así como los pápagos de Sonora (40). En la comunidad tzeltal de Tenejapa, Chiapas, los meses se cuentan anotando todas las veces que la Luna está en una fase determinada. Si la Luna se encontraba en cuarto menguante cuando la mujer dejó de menstruar, los meses de embarazo igualan al número de cuartos menguantes que ocurren, incluyendo el primero. En estos cálculos el periodo de gestación es aparentemente más largo, debido a que se cuenta como el primer mes la fase de la Luna en que por primera vez "falta la sangre", ya que el ciclo lunar es más corto que un mes calendárico (38). Considerando que el mes lunar dura cuatro semanas, el periodo de gestación se calcula en diez meses lunares, "diez lunas", cuarenta semanas, con las variantes de si la criatura es varón o mujer, y la embarazada, primigesta o multigesta (37).

Uno de los aspectos más interesantes, es sin duda el relativo al modo en que los distintos grupos étnicos conciben la formación y desarrollo de un nuevo ser dentro del vientre materno. Para los tlapanecos guerrerenses:

... la concepción se produce cuando el hombre planta una simiente dentro de la mujer durante el coito. A la mujer se le considera como elemento "pasivo", que es, para la simiente que plantó en ella el hombre, lo que la tierra es para la semilla sembrada por el agricultor (31:76-77).

Los kiliwas de Baja California Norte creen que "el producto es resultado de la tierra que el hombre aporta, la cual es la sangre del infante, y del pelo que la mujer también ofrece, el cual es el cuerpo del futuro kiliwa" (39:235). Los zoques de Ocotepec y Chapultenango, Chiapas, entienden que la fecundación se logra por medio del acto sexual y "en la gestación del nuevo ser se mezclan la sangre del padre y de la madre" (41:198). Los yaquis de Sonora dicen que

... en la creación de un ser tiene intervención... la mixtura del líquido seminal y la sangre menstrual. El feto se forma en la matriz y el crecimiento del producto en ella requiere la continuidad de las relaciones sexuales durante el embarazo, ya que el semen es indispensable para el desarrollo del nuevo ser (12:141).

Los huaves de Oaxaca explican la ausencia de la menstruación asegurando que "durante los primeros meses del embarazo el feto se alimenta de la sangre de las menstruaciones ausentes" (1:15). Entre los otomíes de Querétaro, se considera que:

... la fecundación es el resultado de la transmisión de la sangre del hombre a través de un proceso que dura hasta el nacimiento del hijo; por consiguiente, el periodo del embarazo tiene que acompañarse de intensas relaciones sexuales con el fin de fortificar al feto (26:424).

Para los totonacos de la sierra Norte de Puebla, la concepción se basa en aspectos míticos donde interviene Natsi’itni, "la madre de todas las criaturas", "aquella que fabrica las manos, los pies los ojos; que hace crecer y endurecer al feto", quien es asistida por la araña Tenten, que también asiste a las parteras y les cuenta el mito a las abuelas para explicarles cómo se hace el ombligo de los niños. Se dice que al nacer, Natsi’itni envía al niño al mundo dándole una nalgada y dejándole una huella (mancha mongólica) (42). Los huaves de Oaxaca reconocen tres etapas en el tiempo de gestación: en la primera, que corresponde al comienzo del embarazo, denominan a la mujer asapïy mikieh; en la segunda, cuando el feto tiene más tiempo de gestación, pero aún no se nota en la embarazada el ensanchamiento del vientre, se le denomina mbah can, "flor espesa"; y en la tercera etapa, se le llama neakwal, "ella tiene un hijo", expresión que se refiere a aquella cuyo estado de gravidez es evidente (2).

La apariencia y el desarrollo del feto es concebido de diferentes formas. Para los kiliwas "... el producto es un topo que poco a poco se va transformando en hombre hasta el alumbramiento" (39:235). Para los tzeltales de Tenejapa:

Desde el momento de la concepción (ya yit’ makel ?alal) hasta el momento del nacimiento (ya stohk ?alal) se llama al desarrollo del embrión hunbil ?alal puesto que durante este tiempo el bebé ‘acompaña’ a la madre, comparte con ella el aire que respira y se alimenta de la sangre menstrual que ya no fluye. Se cree que al principio el feto tiene la forma de una rata pequeña (?unin c’o), pero en el momento en que comienza a moverse un poco, ya ha empezado a tomar forma humana. Se cree que el feto se encuentra siempre con la cabeza hacia abajo... (38:263).

Los tojolabales poseen una idea más detallada del desarrollo del embrión:

Los primeros tres meses constituyen un periodo formativo. Durante ellos el minúsculo producto no es más que un ‘puntito’ que se desarrolla ‘en medio de una clara de huevo’. La cabeza, formada entre el primero y segundo mes, da al niño la apariencia de un ‘pollito’. Será a partir del cuarto mes cuando empiece a tomar ‘muestrita’ de sus extremidades. Ya para el sexto, el producto es ‘entero’, diferenciándose incluso el sexo. En el momento en que el desarrollo alcanza tal nivel... el niño adquiere su alma y con ella movimiento. Durante toda la gestación el pequeño se nutre directamente de los alimentos que consume la madre... Consideran que el maíz, materia formativa del primer hombre, contribuye directamente a la formación del cuerpo. Los productos sólidos (tortillas, tamales) constituyen la carne, mientras que los líquidos (pozol, atole) forman la sangre (14: 291-296).

Las parteras purépechas reconocen el tiempo de gestación por medio de un tacto vaginal: si el producto alcanza el tamaño de un huevo de pichón dicen que tiene un mes de edad; si es del tamaño de un huevo de gallina, consideran que tiene dos meses; y si es del tamaño de un huevo de ganso, afirma que tiene tres meses (5).

Diversos grupos étnicos del país consideran que el periodo de gestación no sólo es una fase formativa del nuevo ser, sino que en él también se adquiere en determinado momento el alma, que le permite movimiento y le confiere un destino. Es el caso de los tzeltales quienes creen que:

... el alma, chulel puede entrar a la matriz a reunirse con el futuro niño poco después de la concepción, según algunos informantes, aunque según otros, cuerpo y alma se reúnen sólo después de que el sujeto ha comenzado a moverse y ha tomado forma humana (38:263).

Por último, cabe hacer notar que desde tiempos prehispánicos la mujer ha recibido una educación, por medio de pláticas y discursos de sus antecesoras, encaminada a prepararla para su futura actuación como madre. Ha dispuesto, de esta manera, de un amplio conocimiento de las recomendaciones y restricciones fundamentadas en un marco cultural de ideas y creencias que varían en los diferentes grupos étnicos. Sin embargo, todas ellas apuntan a un mismo fin: la concepción, desarrollo y nacimiento de un nuevo ser.

Índice de Autores

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(2) Signorini, I. et al., 1979.

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(8) Leiter Ferrari, W., 1982.

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(40) Underhill, R., 1975.

(41) Córdoba Olivares, F., 1975.

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