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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Ixcatecos.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Los terapeutas tradicionales ixcatecos entrevistados para la realización de este trabajo, aunque apenas alcanzaban la decena, son prácticamente todos los recursos médicos locales que registra el grupo. Residentes en su totalidad en el municipio de Santa María Ixcatlán (distrito Teotitlán), en el estado de Oaxaca, su edad promedio general era de 69 años al momento de la encuesta, y había el mismo número de hombres que de mujeres.

El 100% de los informantes declaró que su ocupación productiva principal era el tejido de la palma —especie endémica en la región y ampliamente usada en la confección de diversos utensilios y adornos—. La actividad secundaria entre los hombres eran las labores agrícolas, mientras que entre las mujeres lo eran las tareas artesanales y del hogar. En ninguno de los casos los terapeutas declararon tener como actividad principal la atención a la salud de los habitantes de la comunidad ixcateca.

Es importante destacar que la lengua ixcateca se ha ido perdiendo, y que en este grupo sólo la hablan o la entienden pocas personas, generalmente las de edad avanzada. De los médicos tradicionales, el 22% era bilingüe (ixcateco-español), el 33% declaró entender la lengua ixcateca sin saber hablarla, y el resto (45%) hablaba y entendía únicamente el español. El analfabetismo entre los terapeutas ixcatecos no es muy marcado, ya que, a diferencia de otros grupos étnicos del país, el 33% afirmó no saber leer ni escribir, mientras que el 55% declaró haber asistido a la escuela municipal de la localidad, aunque sin concluir la primaria.

La práctica de la medicina tradicional entre los ixcatecos, como en otras etnias del país, es una actividad reconocida socialmente; este reconocimiento adviene después de que el principiante ha realizado sus primeras curaciones exitosas y el hecho se ha difundido en la comunidad. Por lo general, los terapeutas iniciaron su actividad curanderil después de los 30 años y, al momento de la encuesta, el 90% de los informantes consultados llevaba más de 30 años ejerciendo su profesión, mientras que sólo un terapeuta declaró llevar 12 años de ejercicio, siendo éste el periodo más corto manifestado. Por otra parte, no se detectó ningún médico indígena joven lo que quizás indica que la trasmisión oral de conocimientos y sabiduría no es de interés para las nuevas generaciones ixcatecas.

Del conjunto de médicos tradicionales entrevistados, los juenda inyia —expresión que los ixcatecos bilingües traducen como curanderos— conforman el grupo mayoritario. Entre ellos predominan las mujeres (75%), y la edad promedio es de casi 70 años. La profesión de este grupo de terapeutas, al igual que en otros pueblos indígenas, generalmente va acompañada de alguna especialidad enfocada a la atención de ciertos padecimientos o causas de demanda de atención que requieren su concurso: "limpia criaturas", picaduras o mordeduras de animales ponzoñosos, curandero de sustos y aire, etcétera. La forma de aprendizaje más común consiste en la transmisión oral de conocimientos de un curandero de mayor experiencia a un aprendiz, la cual se puede realizar en el seno de la comunidad o dentro del núcleo familiar, en donde es usual la participación de la madre o de la abuela en el proceso formativo. El autoaprendizaje es mencionado como parte de la necesidad imperiosa de contar con servicios médicos domésticos o comunitarios ante una contingencia inesperada, por lo que el futuro terapeuta muchas veces se inicia solo en la práctica curativa. Al respecto, un informante comentó: "aprendí solo; la primera vez, cuando vi a una persona enferma, agarré un huevo y empecé a limpiarla. La gente supo que había curado a esta persona y depués vinieron otras".

A diferencia de lo registrado en otros grupos étnicos, entre los curanderos ixcatecos el aprendizaje por designio divino no apareció revelado en ningún caso, si bien algunos comentaron que su iniciación tuvo lugar inmediatamente después de haber padecido una enfermedad grave y haberse recuperado milagrosamente, lo cual constituyó una indicación de que debía comprometerse a curar a sus semejantes.

Las causas de demanda de atención tratadas por este grupo de terapeutas son variadas, muchas de ellas comunes a todos los practicantes y otras, en cambio, características sólo de ciertas especialidades. Por orden de frecuencia, encontramos mencionados a los síndromes de filiación cultural: ixta’jun (susto o espanto), aire y hechizos del cerro; las afecciones relativas al aparato digestivo: hque-ua hque-sdeé (diarrea), miitse’eh (indigestión) y dolor de estómago; las inherentes al sistema musculoesquelético: lesiones "por golpes en los niños" (quebrantados), sumida de costilla y costilla saltada. Otras causas de demanda de atención mencionadas por estos terapeutas se integraron a un conjunto no específico de afecciones accidentales y de procedimientos diagnósticos y terapéuticos, entre los que pueden mencionarse: sheesmi ndalee (lambida de araña), seda o grano de tarántula, picadura de ciempiés, resfriado de espalda, "limpias con huevo y alcohol" y "recoger la bilis".

El segundo grupo más numeroso de terapeutas tradicionales ixcatecos, el de los hueseros —designados popularmente con la expresión chushi tsé shuma— está integrado exclusivamente por hombres de alrededor de 68 años de edad. La vía más común para llegar a ser huesero es el autoaprendizaje: "uno aprende por propia curiosidad; uno experimenta al ver que la gente está mala de un hueso. Ve los huesos, le empieza a buscar uno la manera, y si la gente tiene confianza, se cura", afirman los informantes. Las causas de demanda de atención por las que una persona solicita los servicios del huesero casi siempre se limitan a afecciones relativas al sistema musculoesquelético: golpes, desconcertaduras (zafaduras), quebraduras, "descomposturas fáciles de hueso", zafaduras de pie y mano y magullones. Sucede en ocasiones —como se registró con un terapeuta que trataba afecciones gastrointestinales tales como la diarrea— que los hueseros combinan su práctica con alguna otra especialidad.

Los datos recogidos por nuestro estudio señalan que, entre los ixcatecos, el tercer grupo de terapeutas está compuesto por parteras (tsá partera), fenómeno llamativo si se piensa que éstas suelen constituir la especialidad más numerosa e importante en la mayoría de los pueblos indígenas. El grupo de parteras está integrado exclusivamente por mujeres —con un promedio de edad de 68 años— que, al igual que los otros terapeutas, combinan su actividad con otras prácticas: huesera y tsá shirika (hierbera-adivinadora con las cartas). El autoaprendizaje constituyó la forma más común de iniciación en las labores ginecoobstétricas. Muchas afirmaron que adquirieron su conocimiento en el ámbito doméstico, por necesidad de atender ellas mismas sus partos, ya que en otros tiempos la comunidad no contaba con asistencia médica. "Agarraba mis trapitos y un cuchillo, y sola me aliviaba; así fui adquiriendo experiencia y después atendí a otra gente", comenta una informante. Las causas de demanda de atención por las que los ixcatecos solicitan los servicios de este tipo de especialistas no se limitan a la atención del embarazo, el parto (kuji-anche) y el posparto, sino que incluyen padecimientos inherentes al sistema musculoesquelético: falseadas, desconcertaduras y quebraduras de huesos; afecciones del aparato digestivo, principalmente el vómito y la diarrea (sda’-vómito hque-va hque-sdeé); síndromes de filiación cultural: susto o espanto y caída de mollera (sda-mi-quindeé); complicaciones durante el periodo puerperal, como el macachani y la caída de matriz (sda-mi-minyoeé), y, en menor medida, otras dolencias que también son de su competencia: falseadura en hombre y mujer (sda-tu falseado), dolor de muelas y fuegos en la boca, entre otras. Un grupo no desdeñable de motivos de consulta escapa a la clasificación médica y se vincula más bien al destino personal y a la existencia ordinaria: adivinación por medio de la baraja para saber de objetos, animales o personas perdidas, procedimientos propiciatorios de una mejor suerte futura, etcétera. Esto último es indicativo del interés de la población por consultar a la partera que, con la especialización de hierbera-adivinadora con las cartas, puede atender afecciones inherentes a la ginecoobstetricia y a otros aparatos y sistemas, así como aspectos diversos de la vida cotidiana.

Todos los terapeutas consultados señalaron que, en general, las complicaciones que conducen al deceso de un paciente derivan de la falta de atención oportuna o de la imprevisión frente a determinados estados. Tal es el caso del parto distócico, que puede presentarse cuando a la embarazada "no la mantean" o cuando a la parturienta "se le pasa la hora y el niño se ahoga".

Al no ser la práctica médica la ocupación fundamental de estos terapeutas, y considerando la accesibilidad a los servicios institucionales de salud para la atención de muchas de las dolencias más frecuentes entre los ixcatecos, no resulta raro que los médicos indígenas se ocupen primordialmente de padecimientos característicos de la medicina tradicional. Muchos de los informantes manifestaron que su práctica es ocasional —si bien especializada—, y que el propio médico del centro de salud de la SSA propicia la coordinación para la atención de los síndromes de filiación cultural. Declararon no pertenecer a ninguna organización y atender a un número variable de pacientes a lo largo del año.