Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Me’santo

Tzotzil, madre de santo (1).

Curandero tzotzil de gran prestigio que hace las veces de oráculo adivinatorio en el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de las enfermedades, así como en otros aspectos de la vida cotidiana, social, económica y política de la comunidad, por intermedio de un santo que se comunica con él.

En Larraínzar, Chiapas, son pocos los que alcanzan tal jerarquía. Para ser me’santo se tiene que haber pasado por la categoría de ts’ak bak o h’ilol de gran prestigio, y recibir la visita nocturna de algún santo, quien se aparece en sueños o le habla al elegido inesperadamente y le propone permanecer en su morada a cambio de ayunos y de ofrecer el día de la festividad del santo, velas, incienso y fuegos artificiales en un lugar determinado. Si los ofrecimientos resultan satisfactorios, en una nueva aparición, el santo pide al curandero preparar su recinto, una caja especial que se coloca en el suelo, adornada con flores y rodeada de imágenes católicas, velas y un incensario. Estas deidades, revestidas como santos católicos (san Lázaro, san Antonio, san Manuel, san Miguel), son en realidad dioses de la tierra o ángeles de las montañas, cuevas o manantiales, que prefieren permanecer en la choza del me’santo más que en la iglesia de la cabecera, en donde su intermediario tendría que ser un sacerdote ladino.

El me’santo es el curador tzotzil que efectúa los más complicados y esotéricos rituales. Entra en contacto con estas deidades, como intermediario para descubrir el origen de la enfermedad, sea por brujería, perdida del alma o del animal compañero, o bien por castigo divino. Conocido el origen, el me’santo orienta al paciente sobre las terapias indicadas, y/o recomienda el terapeuta que le ha de atender, generalmente el mismo me’santo o su esposa, quien también suele dedicarse a curar. El me’santo funge como oráculo adivinatorio; por ello, sus servicios también son requeridos para encontrar solución a diversos problemas personales, familiares, de tenencia de la tierra y bienes heredados, y hasta políticos. Además, realiza los ritos de bautismo, único sacramento aceptado por los tzotziles, razón por la que es comparado con el sacerdote católico de la cabecera del pueblo, en cuanto al papel que desempeña (1).

El lugar especial que ocupa el me’santo en la jerarquía de los curanderos y autoridades tzotziles de Larraínzar, así como su proceso de formación e iniciación, no parecen equiparables a los del yahval riox, dueño de santo parlante en la comunidad tzotzil de Zinacantán (2), ni a los de los yahwal ch’ultatik, también dueños de santos parlantes entre los tzeltales de Yochib, Oxchuc y Tenejapa (3), pese a que en los tres casos fungen como intermediarios entre el santo parlante y los hombres. Mientras que el me’santo, formado previamente como h’ilol o ts’ak bak prestigiado, recibe la visita del santo con el que pacta un trato (1), el yahval riox busca ser dueño de un santo al que tiene que convencer para que more en su choza; además, la jerarquía de este último no siempre se asocia o equipara con el de los verdaderos h’iloletik (fórmula respetuosa para referirse a los h’iloles) (2), siendo que el me’santo cubre una función de las más distinguidas y por tanto tiene una jerarquía notable entre los curadores tzotziles de Larraínzar, y es considerado una autoridad respetable (1). El origen de su función y práctica parece remontarse a la civilización maya prehispánica, integrada actualmente con elementos del culto católico.

El me’santo (madre de santo), practica algunas de las más antiguas tradiciones mayas y ocupa el lugar más elevado en la jerarquía tzotzil de curanderos. La tradición de la revelación divina mediante los oráculos, tan común entre los mayas prehispánicos (Tozzer, 1941:112), fue la base de los movimientos indígenas, tanto en la época colonial (Thompson, 1954) como en los tiempos recientes (Villa Rojas, 1945), y se practica aún por los tzotziles. En la forma en que se practica en Larraínzar, esta tradición constituye una integración de la práctica maya de los ídolos parlantes con el culto católico (1:199-200).

Índice de Autores

(1) Holland, W. R., 1978.

(2) Silver, D., 1980.

(3) Harman, R. Ch., 1974.

SM y MM