Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
H’ilol

Tzotzil y tzeltal, vidente (1), veedor (2). También hilol (3), h?ilol (4), ‘ilol (5), j’ilol (2), j-ilol (6). Pl. h’iloletik(2).

Terapeuta tradicional entre los tzeltales y tzotziles de Chiapas.

Aunque existen variantes en cuanto a su iniciación, todas las versiones coinciden en que se produce al evocarse un sueño en que el espíritu del candidato viaja a la montaña sagrada donde mora su animal compañero (V. chanul y tona); allí se encuentra con las deidades o espíritus de los antepasados, quienes le otorgan los conocimientos para diagnosticar y curar distintas enfermedades.

Holland menciona que, al igual que otros curanderos, el h’ilol suele iniciarse ante la necesidad de salvar a un ser amado; así evoca un sueño en que su espíritu viaja a la montaña sagrada y se encuentra con un representante de los dioses ancestrales encarnados por un ladino o un indio. Algunos curanderos recuerdan que sus espíritus llegaron al primer nivel de la montaña, otros piensan haber alcanzado el sexto, y algunos dicen haber ascendido al último nivel de la montaña, el decimotercero (V. panvil). Cuanto más alto sea el escalón ascendido, más instruidos fueron sus maestros, correspondiéndole así un mayor poder como curandero. Holland señala también que en la montaña el candidato pasa al lado de largas filas de enfermos, algunos incurables, pero sólo deberá curar a quienes Dios concedió permiso de recuperarse, pues si cura por error a una persona destinada a morir, la familia del enfermo podrá acusarlo de brujería y amenazar su vida (7). En Zinacantán, se dice que para llegar a ser h’ilol se tiene que soñar tres veces. En el primer sueño, que por lo regular ocurre cuando la persona tiene de 10 a 12 años, el alma interna, ch’ulel, de un gran alcalde sobrenatural aparece y dirige el alma interna del novicio dentro del cerro. Al llegar, es conducido ante una mesa muy larga, a cuyos lados están todos los h’iloletik de Zinacantán por orden de importancia. Posteriormente el alcalde le pregunta si está preparado para ser h’ilol a lo que tiene que contestar afirmativamente, porque de no ser así, muere. Recibe entonces los elementos necesarios para hacer una curación e instrucciones de cómo tiene que decir las oraciones rituales adecuadas. Le confieren un hábito ceremonial y se arrodilla, mientras el alcalde le hace la señal de la cruz en la frente y le toma juramento. Es entonces que traen un paciente para que lo cure ante la presencia del gran alcalde y de los demás h’iloletik. En el segundo y tercer sueño, que por lo regular suceden en un lapso de un año, se completa el proceso de aprendizaje, pero los pacientes que debe curar son diferentes. Desde ese momento, el candidato ya dispone de los conocimientos necesarios y hace su primera aparición en público. Lo típico es que lo haga cuando él mismo cae enfermo, y por esta señal advierta que tiene que responder al "llamado". Es así que acude al h’ilol de mayor prestigio, le cuenta sus sueños y le solicita permiso para darse a conocer. El h’ilol viejo reza a todos los dioses ancestrales y, finalmente, le otorga el permiso. El nuevo h’ilol se dirige a las tierras bajas a cortar una vara de bambú, b’ix, que de ahí en delante portará siempre en su mano izquierda como símbolo de su oficio (1) (4) (8). En las comunidades tzotziles de San Pablo Chalchihuitán y San Juan Chamula, aparte de la adquisición de los conocimientos por revelación onírica, aquélla puede darse por trasmisión oral de generación en generación, o por imitación de otros h’iloletik. En San Pablo Chalchihuitán se dice que hay pocos terapeutas señalados por el destino. Hay curanderos que se hacen en pocos años por asistir a otros y, por lo general, ocurre que cuando alguien tiene una revelación, está cercano a los treinta años de edad (5) (9).

Aunque la función primordial del h’ilol es la de curar todo tipo de enfermedades, también participa en ceremonias relacionadas con otros aspectos de la comunidad, como los ciclos agrícolas, la consagración de las casas nuevas y diversas fiestas en los centros ceremoniales de cada paraje o ranchería.

Sus terapias están destinadas a eliminar las causas que se atribuyen a la enfermedad, así como sus manifestaciones fisiológicas. Primeramente, indaga el origen de la enfermedad estudiando el pulso del enfermo, apoyándose en un interrogatorio sobre los síntomas del mal, y los sueños y experiencias recientes del paciente. Es así que descubre si la enfermedad ha sido enviada como castigo divino al trasgredirse alguna norma social o infringir alguna obligación religiosa; si aquélla tiene su origen en la hechicería por rencilla con algún otro integrante de la comunidad, o bien, si se trata de una enfermedad del alma, como la pérdida del ch’ulel. Ante un diagnóstico satisfactorio se fijan el día y los implementos necesarios para efectuar la ceremonia curativa, cuya complejidad será mayor cuanto más grave sea la dolencia. En caso de que ésta haya sido causada por castigo divino, el h’ilol funge en la ceremonia como intermediario entre los dioses y el paciente para conseguir el perdón de aquéllos; reza durante muchas horas y hace ofrendas de copal, velas y flores en un ámbito familiar. Si la causa se atribuye a la hechicería, el h’ilol adopta el papel de defensor, invocando a las fuerzas sobrenaturales e incluso al santo patrono de la iglesia para que le ayuden a contrarrestarla. Por ejemplo, en el caso de que el animal compañero del enfermo se encuentre prisionero en la montaña, el h’ilol ofrece incienso, gallos, velas de colores y flores a los dioses de la tierra o del linaje del lugar en que aquél se encuentra prisionero, a cambio de volverlo a su lugar en la montaña, y revertir el efecto de la brujería al agresor. Por último, si la enfermedad es atribuida a la pérdida del alma o de alguna de las partes que la componen, el h’ilol se dirige preferentemente al sitio donde dicha pérdida ocurrió, y hace su llamamiento ofrendando a los dioses de la tierra un gallo a cambio del alma de su paciente (7).

Como parte complementaria de sus curaciones, la mayoría de los h’iloletik prescriben remedios herbolarios, baños de vapor con hierbas, masajes, apretones y otros elementos técnicos que permitan la desaparición de los síntomas.

Holland resume el papel y función de estos terapeutas, diciendo:

Como en los tiempos prehispánicos, el médico actúa como una combinación de adivino, curandero y sacerdote; en algunos rituales llena el papel de uno o de otro y, en otros, combina todos ellos (7:183).

Es evidente que el papel del h’ilol va más allá del ámbito estrictamente médico, desde el momento en que la enfermedad es concebida como una forma de sanción social a fin de mantener un sistema de valores y normas del grupo (10). En esta estructura, al h’ilol le corresponde también el papel de confesor y controlador social, como lo muestra el hecho de que, en algunos de los casos, su función real abarca en forma ambivalente el horizonte del curador-hechicero (V. ak’chamel). El grueso de la información enfatiza su proceder mágico-religioso, y poco abunda en el ámbito cognoscitivo de sus técnicas, maniobras y recursos curativos.

Índice de Autores

(1) Scheffler, L., 1988.

(2) Laughlin, R., 1962.

(3) Silver, D. B., 1980.

(4) Vogt, E. Z., 1980a.

(5) López Gómez, R., s/f.

(6) Arias, J., 1974.

(7) Holland, W. R., 1978.

(8) Vogt, E. Z., 1970.

(9) Gossen, G. H., 1979a.

(10) Nash, J. C., 1973.

SM