Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Chanul

Tzotzil. También čanul. Pl. chanuletik.

Alteridad animal que acompaña a todo individuo desde su nacimiento. La ligazón entre ambos la traban los dioses ancestrales o totilme?iletik, pues cuando fijan el alma en el rudimento humano, al mismo tiempo lo hacen en el embrión de una bestia. Así, hombre y animal nacen simultáneamente y comparten el mismo destino: lo que le sucede a uno, le ocurre al otro y viceversa. Una gran cantidad de enfermedades se explica a partir de tal nudo espiritual.

El número de contrapartes zoológicas que llega a poseer una persona varia de acuerdo con las creencias de cada localidad: algunas comunidades mencionan sólo una, otras tres, unas más hasta trece, y en San Juan Chamula, Chiapas, veintiséis (1 a 4).

Conviene detenerse en la concepción chamula, pues es la más compleja y detallada que arroja la información etnográfica. Parte de una cifra tan elevada porque el chanul tiene dos representaciones, una menor y otra mayor, y ambas se componen de trece animales. Los de esencia inferior habitan una montaña sagrada cercana a la comunidad, llamada cerro Tzontevitz; los de calidad superior viven en la tercera capa del cielo, el estrato más alto del cosmos. Durante el día, son libres de rondar por el bosque y los campos, igual que cualquier animal ordinario. Sin embargo, durante la noche, san Jerónimo los encierra en un corral; el cerco y el apóstol también presentan dos imágenes, una en la montaña sagrada y otra en la tercera franja celeste. Allí pernoctan los animales, a salvo del peligro que implica la noche, lapso en el cual son más frecuentes los actos de brujería. Para garantizar su bienestar, los hombres le rezan frecuentemente al santo, pues es el patrón del destino humano (4).

De todas las modalidades abarcadas por la pérdida del alma, las enfermedades que afectan al chapul son más frecuentes que las producidas por un daño al alma interna humana o ch’ulel. Dado que el sujeto llega a poseer treinta y nueve ánimas (trece partes del ch’ulel y veintiséis representaciones zoológicas), los síndromes propios del padecimiento son muy numerosos, pues una entidad o una combinación de ellas puede trastornarse. Tal privación suele ocurrir durante el acto sexual, o bien al experimentar placer, incurrir en el enojo, sufrir un accidente o pasar un susto (2) (4 y 5). También es resultado de la brujería, pues los hechiceros logran enajenar los componentes espirituales de sus víctimas. Como parte de sus funciones, el curandero o h’ilol determina el estado de la esencia anímica de sus pacientes al tomarles el pulso y al observar síntomas específicos (2) (4). Si diagnostica una dolencia, prescribe la cantidad y calidad de las velas, plantas medicinales, flores y platillos necesarios para realizar un ritual curativo. Todos los compañeros animales son silvestres y presentan la peculiar característica de cinco dígitos en sus patas (4 a 6). Es este atributo el que establece una conexión especial entre los seres humanos y el mundo animal. Huelga decir que la palabra tzotzil para hombre es vinik, el mismo vocablo para indicar el número veinte, y este total de veinte dígitos constituye un aspecto destacado de la anatomía humana y de sus alteridades animales (4). Además, todas ellas son mamíferos y se clasifican en tres niveles. El tercero es el de mayor jerarquía e incluye a las bestias asociadas a los individuos más ricos y poderosos de la comunidad. El segundo escalafón es para las personas de posición social media, y el primero para los pobres. Los curanderos y autoridades cívico-religiosas más poderosas tienen como compañero al jaguar (4) (7 y 8); el coyote, la comadreja y el ocelote son representativos del estrato intermedio (4); y los pobres poseen al conejo, el tlacuache y el zorrillo como contrapartes zoológicas (4) (7 y 8). La estratificación implica que es responsabilidad de los animales fuertes proteger a los débiles. Un relato proveniente de Larraínzar describe el carácter guardián de aquéllos:

En 1919 Dios envió, por todo el mundo, una epidemia de gripa que acabó con mucha gente. Pedro Hernández y Diego Ruiz eran los personajes más importantes y más poderosos de sus respectivos parajes. Cuando la enfermedad empezó a bajar del cielo y alcanzó las montañas sagradas de Larraínzar, los animales compañeros de Pedro y de Diego ocupaban los escalones más elevados de las montañas sagradas de Palmavits y Mutvits. Cuando la enfermedad llegó a la tierra, el animal compañero de Pedro cayó enfermo, pero arrojó la enfermedad al animal de Diego, quien a su vez la regresó al primero. Ambos continuaron arrojando y devolviendo la enfermedad, hasta que ésta se abatió a sí misma. De esta manera consiguieron exitosamente proteger a los miembros inferiores de sus linajes… (9:130-131).

Aunque la gente posee un alter ego específico vinculado con su situación económica, los brujos tienen en su haber los propios del tercer nivel, y además un compañero extra y aberrante que no entra en las categorías comunes. Es interesante notar que tal clase insólita no presenta los cinco dígitos característicos, y sus representantes son las aves y los animales domésticos. Según Gossen, la posición taxonómica anómala de estos últimos —pues no son ni humanos ni montaraces— les confiere una significación especial: son a la vez animales de sacrificio ceremonial y almas acompañantes de los nigromantes (4). Quienes practican la brujería requieren de una alteridad fuerte, para así poder dominar a los demás chanuletik, también necesitan a las bestias domésticas para espiar a sus víctimas, pues estos animales son los que circundan los hogares.

Toda persona puede conocer la identidad de su Chapul o tona a través de la experiencia onírica. Por lo regular, si un individuo sueña tres veces consecutivas con un animal, éste será su acompañante. Mientras que los curanderos y brujos interpretan sin dificultad la naturaleza de tales sueños, el común de la gente no tiene la misma facilidad, por lo que acude a un hombre de conocimientos para que le desentrañe su significado. No obstante, la identidad del chapul se mantiene en secreto.

En la mitología tzotzil, en particular la de san Juan Chamula, existe una estrecha vinculación entre el orden jerárquico de los Chanuletik y la saga de la creación. Según la narración, la humanidad fue formada y destruida tres veces para llegar a la cuarta era o periodo actual (V. mundo). Los animales compañeros poderosos fueron moldeados en la primera creación, mientras que los intermedios o débiles surgieron en la segunda y tercera. Parece ser, entonces, que la graduación zoológica está relacionada con el tiempo mítico: los animales de mayor antigüedad son los más fuertes; y los más recientes, los más débiles (4) (V. nagual).

Índice de Autores

(1) Nash, J., 1973.

(2) Vogt, E. Z.

(3) Holland, W. R., 1961.

(4) Gossen, G. H., 1975.

(5) Scheffler, L., 1988.

(6) Pozas Arciniega, R., 1969.

(7) Holland, W. R., 1964.

(8) Holland, W. R. et al., 1964.

(9) Holland, W. R., 1978.

DM