Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Copal

Lengua Indígena: Huasteco homte’, hom, jom (SLP), ikob te’ (Ver) (1). Maya Pom (2). Náhuatl copalli (2).

Incienso elaborado con la resina de diversos árboles, entre los cuales destacan el pino (Pinus sp.) (3), el liquidambar (Liquidambar styraciflua) (4) y cuatro especies de la familia Burceraceae, a saber: Bursera aloexylon, B. graveolens, B. jorullensis y Protium copal (1 y 2). Constituye uno de los elementos rituales más importantes, y sus usos pueden clasificarse en cuatro rubros: adivinatorios, preventivos, de ofrecimiento a la divinidad y terapéuticos.

Para extraer la savia, se hacen incisiones en la corteza, se coloca un recipiente —frecuentemente una penca de maguey— en el tronco, y se deja que la goma escurra (2). Una vez cuajada ésta, se recoge y almacena para usos posteriores. Si el terapeuta desea purificarla aún más, la hierve y después la retira del fuego para que se solidifique (1). En ocasiones, se emplean fragmentos de corteza como sustitutos de la resina. Al respecto, los totonacos acostumbran usar los primeros en sus ritos divinatorios, y la segunda para fines curativos (4).

En cuanto a las predicciones diagnósticas, el curandero otomí coloca una vela encendida detrás de un brasero humeante; lee los vapores teñidos por la flama, y descubre la naturaleza y causas del malestar (4).

Como purificante, el aroma del copal descontamina al individuo y a su vivienda. Sahumarse con este vaho constituye una de las prácticas preventivas y terapéuticas más socorridas por la medicina tradicional (V. sahumar y limpia).

Los vapores que despide el copal al incinerarse son alimento para las deidades. Con ellos, los curanderos atraen a los entes sagrados para que participen en diversas ceremonias (5). Entre los lacandones, esta forma de ofrendar destaca en toda actividad ritual. Elaboran unas vasijas, cada una con el semblante de un dios particular; en su boca dejan porciones de comida, y al interior del jarro, brasas y copal. Así, el humo trasporta la esencia del alimento al cielo, la morada divina (6 y 7).

Aparte de sus funciones como incienso, también es un medicamento. Los huastecos hacen una infusión con la corteza de Protium copal que, al ingerirse, calma el dolor de estómago. Si el paciente sufre de mal aire, se prepara una mezcla de la goma con hojas de kaxiy ts’ihol (Cassia emarginata) y se aplica sobre frente y sienes (1). Los habitantes de los Tuxtlas, Veracruz, acostumbran tratar las mordeduras de víbora untando las cenizas del copal en la herida (8). En Guerrero, se frotan sobre la protuberancia del abdomen, conocida como ombligo salido (9).

No obstante sus cualidades benéficas, la resina puede ser manipulada por un brujo con el fin de dañar a sus enemigos. Según el pensamiento huasteco, si se envuelve con hojas de tabaco (Nicotiana tabacum) y varas de tsabalte’ (Cestrum dumetorum), y se deja en una vereda, el paseante desprevenido que pise este montón enfermará irremediablemente (1).

Índice de Autores

(1) Alcorn, J. B., 1984.

(2) Aguilera, C., 1985.

(3) Nutini, H. G., 1988.

(4) Galinier, J., 1990.

(5) Sandstrom, A. R., 1991.

(6) Bruce, R. D., 1979.

(7) McGee, J. R., 1990.

(8) Olavarrieta Marenco, M., 1977.

(9) García Jiménez, S., 1984.

DM