Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Ombligo

Cicatriz que queda expuesta sobre el abdomen después de la caída del cordón umbilical. // Parte del cordón umbilical que permanece adherida al recién nacido y que se desprende posteriormente.

Elemento que vincula al feto con la madre, y a través del cual éste recibe los alimentos. El ombligo aparece dotado de numerosas funciones simbólicas: centro del cuerpo, determinante de la sexualidad y del erotismo (1), nexo entre el hombre y la madre tierra, factor que define el destino, punto central del hombre, de la Tierra y del cosmos (2) e, incluso, recurso terapéutico de gran valor (V. cordon-umbilical).

Respecto de su simbolismo sexual, está bastante difundida la creencia en que el tamaño que se otorgue al muñón será determinante en las dimensiones de los órganos genitales del niño al crecer éste y convertirse en adulto. Los huaves de San Mateo del Mar, Oaxaca, deciden el tamaño de los genitales del hombre cortando el muñón de una longitud semejante a la que existe entre el pulgar y el índice, y los de la mujer considerando la distancia entre el pulgar y el medio. Conciben que el muñón se reintroduce en el abdomen determinando el tamaño y la forma de los genitales, quedando fuera sólo la envoltura seca y muerta que después se cae; el tamaño ideal para los genitales del varón debe ser aquel que no lastime a la mujer, mientras que una mayor cavidad vaginal permite mejor el coito (3). Los nahuas de Cuatotol, Hidalgo, practican el corte del cordón de los varones a una distancia de cuatro dedos; el padre vigila que no lo dejen muy corto pues el niño tendría un pene pequeño, ni demasiado largo, porque esto se reflejaría en su carácter (1). Las parteras nahuas de Huitzuco, Guerrero, consultan a la madre sobre el tamaño deseado para los genitales de su hijo: corto para que no sea "mujeriego", o largo para que en su madurez sea un semental (1). Los popolucas y nahuas de Veracruz también establecen una relación entre el tamaño del muñón y el de los genitales; consideran que el ombligo se debe cortar a una "cuarta", cuidando de no dejarlo ni más grande ni más pequeño, pues influiría en la futura vida sexual del niño (4).

Al igual que la placenta, el muñón umbilical recibe un tratamiento ritual cuando se desprende, pues se piensa que sigue formando parte del individuo, y todo aquello que pudiera ocurrirle a aquél repercutiría en el bienestar de éste. La práctica está en función del sexo de la criatura, vinculada con su futuro destino: en el caso de ser niña, es enterrado frecuentemente en el interior de la casa, bajo o cerca del fogón, para augurar que sea una "mujer de su casa", diestra en las labores domésticas; el ombligo de los varoncitos se entierra o se deja en aquellos lugares asociados a las labores productivas, augurando de esta forma el éxito en sus obligaciones. Por otro lado, los hiucholes de Tuxpan, Jalisco, temen que el ombligo del recién nacido pueda llegar a manos de quien desee hacerle daño, razón por la que lo entierran secretamente al pie de un árbol, o bien la madre lo mantiene oculto entre sus posesiones más valiosas (5). En Morelos se acostumbra colgar el muñón de una viga donde el humo lo alcance, o enterrarlo cerca del fogón, en la creencia que su calentamiento será transmitido al estomago del bebé (6). Los totonacos de Amixtlán, Puebla, lo cuelgan en la punta de un árbol para que cuando el niño llegue a adulto, pueda trabajar en lo alto sin perder el equilibrio y, además, con el fin de asegurar buenas cosechas de temporal en las empinadas faldas de los cerros (7). Los mayas de la península de Yucatán tienen por tradición enterrar el ombligo al pie de las raíces de un árbol, con la intención de que cuando el niño llegue a adulto "no tenga la manía de andar buscando y buscando"; es decir, eche raíces en su pueblo natal y sea una persona estable (8). En diversos grupos mayenses, una práctica muy difundida que acompaña al corte del cordón umbilical, se relaciona también con el destino deseado para el recién nacido: si es niño, el corte se efectúa sobre una mazorca para presagiar a un buen milpero, o sobre un hacha para que sea un buen leñador; si se trata de una niña, el corte se realiza sobre un carbón o sobre una piedra de moler para propiciar que sea una buena cocinera y ama de casa (9 a 12). En localidades donde el arraigo a las tradiciones es mayor, se acostumbra cortar el cordón umbilical de los varoncitos sobre una mazorca, cuyos granos serán utilizados más adelante para cultivar una pequeña milpa llamada "la sangre de la criatura". De esta forma quedará establecido el destino del recién nacido, dependiendo de si la cosecha de esta milpa es abundante o magra. Esta práctica está asentada en una de las más antiguas fuentes históricas de los mayas, el Popol Vuh (2).

En la mayoría de estos rituales, queda de manifiesto el vínculo primordial del cordón umbilical primero con la madre, y después con la madre tierra, estableciéndose de esta forma un rito de fertilidad.

El grupo maya peninsular otorga singular importancia al ombligo, al concebirlo como el centro preciso, anatómico y funcional de la estructura del cuerpo humano. "Todos los órganos internos guardan un orden preciso en relación con el ombligo o punto central donde se ubica un órgano especial llamado tip té. Su función primordial es normar la actividad de las diversas partes del cuerpo, y con referencia a él se marcan cuatro sectores del abdomen, en analogía con los cuatro puntos cardinales (2).

El hecho de concebir al ombligo como réplica del punto central del cosmos, era parte del pensamiento de los antiguos mayas (asentado en diversos códices, crónicas, bajo relieves y pinturas), y sigue vigente en algunas comunidades chiapanecas (2).

Su ubicación como punto central de la estructura humana permitía utilizarlo en forma metafórica para señalar la excelencia o supremacía de algún sitio o institución. Es así como, todavía en la actualidad, algunos grupos mayenses de Chiapas aseguran que su pueblo ocupa el ombligo del mundo: aún más, llegan a señalar algún promontorio o accidente geográfico como prueba palpable de tal aserto (2:38).

López Austin refiere que para los antiguos nahuas, el hecho de perder o abandonar el muñón, era símbolo de interrupción del vínculo con el cordón que quedaba enterrado junto a la placenta, para condicionar la vida del individuo:"... recibir en él un daño es sinónimo de ser víctima de burla, engaño, desdén y de pérdida de la estimación y de la honra" (13:216).

Índice de Autores

(1) Tibón, G., 1981.

(2) Villa Rojas, A., 1980.

(3) Signorini, I., eía/., 1979.

(4) Münch Galindo, G., 1983.

(5) Zingg, R., 1982.

(6) Bushnell Hempstead, J., 1955.

(7) Castro Guevara, C. A., 1986.

(8) Mellado Campos, V., 1991.

(9) Villa Rojas, A., 1985.

(10) Holland, W. R., 1978.

(11) Córdoba Olivares, F., 1975.

(12) Stross, B., 1973.

(13) López Austin, A., 1990a.

SM y MM