Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Quebradura

Sinónimo(s): hueso roto, rotura de hueso. Lengua indígena: Chontal xulem bak t’o tsayap oka (1). Náhuatl umopatelonumitl (Pue) (2). Otomí uakih (2). Totonaco tamuyokgne (3). Tzotzil kasem bak’il (4).

La quebradura se asocia generalmente a descuidos y caídas. Para los tzotziles, cualquier accidente que origine la rotura de un hueso, es un triunfo del ánima maligna pukuj, sobre las fuerzas del bien (4).

Las fracturas en los brazos y piernas son las más frecuentes, y comúnmente están acompañadas de dolor, hinchazón, inmovilidad y en ocasiones, de la exposición del hueso fracturado (5 a 7). Los hueseros son los encargados de realizar los tratamientos, observando los siguientes pasos: diagnostican sobando o palpando la zona afectada, colocan el hueso en su lugar realizando diversas maniobras, promueven su consolidación y lo protegen del frío, cubriendo la fractura con plantas o telas, y finalmente, lo inmovilizan con tablillas o pastas que tienen la característica de endurecerse.

En Tamulté de la Sabana, Tabasco, el especialista chontal determina la fractura deslizando sus dedos índice y pulgar por la zona dañada, y una vez que se cerciora de la lesión, acomoda sus manos bajo una manta negra para pedir "poder o facultad" y así lograr unir el hueso roto. Lo soba con alguna pomada para colocarlo en su lugar, lo venda y finalmente lo entablilla; es muy importante que en los niños el hueso quede en su lugar, ya que un desacomodo detendría su crecimiento. Asimismo, recomiendan al lesionado cuidarse durante dos años, ya que no podría curarse de sufrir otra quebradura en el mismo lugar durante este lapso (1).

En Mazatzongo, Puebla, el sobador aplica resina de ocote sobre el sitio afectado, acomoda el hueso en su posición correcta y antes de entablillarlo, lo cubre con lana de borrego (8).

En Misantla, Veracruz, después de unir el hueso, el terapeuta aplica una bilma elaborada con la raíz del bejuco rojo (Lonicera pilosa) y la tripa del diablo (Rhipsalis baccifera) (9).

El huesero tzotzil "amasa" la parte lastimada para situar el hueso en su posición correcta, luego sopla para mitigar el dolor y fija el entablillado con una venda; mientras realiza estas operaciones, reza a diferentes santos patronos de las localidades circundantes, también al hueso y al apósito para desalojar a las fuerzas del mal causantes de la afección y lograr que la curación tenga éxito (4) (10 y 11). En algunos lugares, el especialista pasa unas hojas de chijilté (Sambucus mexicana) sobre la quebradura antes de colocar el hueso en su sitio (4), y otros puncionan con un trozo de botella alrededor de la lesión para que salga "la sangre mala" (11). En poblaciones de Yucatán, el tsak bak, huesero maya, prepara una masa con trocitos y resina de tzaibacil (?) que acomoda alrededor del hueso quebrantado; al solidificarse este emplasto, cumple las funciones de una férula (12).

Los yaquis de Sonora soban alrededor de la fractura para "ablandar los músculos"; una vez que lo han conseguido, con un jalón ponen el hueso en su sitio y lo vendan con una tela empapada en lechuguilla, un tipo de mezcal regional (13).

En Charapan, Michoacán, después de colocar el hueso en su lugar, lo inmovilizan con tablas delgadas de tejamanil, y lo envuelven con una cobija de lana untada con una mezcla de resina, para "que el hueso no agarre frío" (14).

En Sicuicho, "amasan" la parte quebrada por largo tiempo hasta sentir "que resalta un huesito; es una cuerda que está desviada de su lugar", y después atan una bilma de ocote fino (la parte donde se pone y se amarra la bilma se conoce como puente o clavícula) que retiran cuando el enfermo se siente bien (15). En Caltzontzin, detectan una fractura cuando "salta un pedazo de hueso de la parte del pie o mano"; para arreglarla, jalan el miembro lastimado y colocan el hueso en su sitio, después soban con aceite de comer y lo vendan (16).

El tratamiento de las fracturas constituía uno de los aspectos más avanzados de la medicina prehispánica, sobre todo la nahua. Ésta poseía una nomenclatura elaborada para distinguir las diversas afecciones de los huesos: llamaban puztectli o tlapuztectli a las fracturas, queloniliztli a los esguinces y omipatiniliztli a las luxaciones. Además, distinguían cada una de las quebraduras según la región implicada: así, denominaban cuaxamaniliztli a las del cráneo, etpatzoaliztli a las de las costillas y metzpuztequi a las del fémur, etcétera (17). Los hueseros nahuas poseían una vasta destreza para curar los traumatismos.

Para tratar las fracturas, una vez coaptadas las porciones del hueso por una especie de extensión y contraextensión, lo mismo que para inmovilizar las articulaciones después de reducir las luxaciones, confeccionaban aparatos especiales de inmovilización. Estos constaban, por lo común, de una férula o armazón de madera, a la que añadían una pasta adherente y espesa que por desecación se endurecía, confeccionada a base de resinas mezcladas con yerbas, polvos vegetales, estiércol y arcillas (18:42).

También existen testimonios de la gran habilidad que poseían para resolver las complicaciones.

El pequeño capítulo sobre las fracturas (nepoztequiliztl) que recoge Sahagún, expone concisamente cómo enfrentarse a sus complicaciones, desde las más simples, como el edema del sitio fracturado, tratando con mezclas de vegetales o punciones con instrumentos de obsidiana, hasta los defectos de consolidación del callo óseo para los que indica: se corta la carne, se levanta por encima del hueso, se legra, se mete ahí un palo resinoso de pino, tallado, en el interior de nuestros huesos... descripción simple y sin pretensiones de la colocación de un clavo intramedular, técnica introducida a la ciencia occidental hasta bien entrado el siglo XX (19:215).

Varias de las técnicas mencionadas anteriormente para el tratamiento, han subsistido hasta nuestros días con pequeñas modificaciones; sin embargo, los procedimientos quirúrgicos han desaparecido casi en su totalidad.

Índice de Autores

(1) Pérez Salvador, A., 1987.

(2) Castro Ramírez, A. E., 1988b.

(3) Santos García, A. de los et al., 1988.

(4) Holland, W. R., 1978.

(5) Gómez López, J. M., 1990.

(6) Rangel, R., 1982.

(7) García Jiménez, S., 1984.

(8) Pérez Hernández, A., et al., 1983.

(9) Hernández y López, J. A., 1988.

(10) Villa Rojas, A., 1990.

(11) Saldova, M. de, 1962.

(12) Zimbrón Levy, A. et al., 1989.

(13) Zurroza Ceballos, O., 1985.

(14) Sassoon Lombardo, Y., 1982b.

(15) Cervantes Escandón, M. T., 1982.

(16) Rangel, R., 1982.

(17) Vargas Castelazo, M., 1954.

(18) Pardal, R., 1937.

(19) Viesca Treviño, C, 1984.

MZ