Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Pukuj

Mochó, tojolabal, tzeltal y tzotzil. Pl. en tzotzil pukujetik.

Vocablo que adquiere varios significados, cada uno asociado a la cosmovisión particular de los pueblos indígenas mencionados. Así, los tzeltales lo consideran un brujo (1), o bien la tona de una persona; los tojolabales y tzotziles, un demonio (2 a 5); y los mochos llaman de esta manera al individuo que tiene el don de convertirse en animal, aun cuando dicha metamorfosis sea involuntaria.

Brujo con poderes para enfermar y curar. Los tzeltales creen que las enfermedades son producto de la magia de los pukuj; por lo tanto, la curación consiste en congraciarse con ellos. Los pukuj son de edad avanzada y viven solos, en algún paraje apartado del pueblo. Se les solicita para aliviar a los enfermos y, por lo general, una vez realizado el diagnóstico, que hacen

tomando el pulso al paciente, atribuyen a otro brujo la causa del malestar. La terapia se realiza en el trascurso de una complicada ceremonia llamada "la barrida", en la que participan los familiares del paciente, y cuya duración es aproximadamente de un día. Durante el ritual, se sacrifica una gallo o una gallina, dependiendo de si el paciente es hombre o mujer, y la carne se cocina acompañada de totopoxtles, atole y aguardiente, para servirse a los concurrentes, incluidos el enfermo y su terapeuta. El pukuj reza y le da de beber al paciente una pócima elaborada con ámbar, corales finos, azabaches, hojas de ruda (Ruta sp.), romero (Rosmarinus officinalis), incienso, barbas y un pedazo de cuerno de chivo negro, y cerdas de la oreja de un puerco negro. Acto seguido, despoja al paciente de su camisa y con ella "barre" el interior y exterior de la casa, limpieza con la que concluye la ceremonia (1).

Alter ego de una persona encarnado en uno o varios animales; si aquél enferma o muere, la misma suerte correrá su alteridad humana. Los tzeltales también dan otra acepción a la palabra pukuj: un animal que nace al mismo tiempo que un individuo y con el que comparte la suerte (6).

Demonio o habitante del inframundo que envía enfermedades a los seres humanos, especialmente aquéllas asociadas a la pérdida del alma. Según el pensamiento tzotzil, el yanapukuj es un habitante del inframundo. Durante el día permanece en el interior de la tierra, pues el Sol protege a los hombres, pero cuando oscurece, sale a la superficie y ataca a los trasnochados (4). Se dice que estos seres le roban el alma a los humanos; también pueden enfermarlos introduciendo objetos extraños en sus cuerpos. Adoptan formas variadas -algunas de ellas antropomorfas-, tanto de sexo masculino como femenino. Cada una de estas representaciones recibe una denominación particular: el j7ik’al asemeja a un negro cimarrón, con un pene de dos metros de largo; el xpak’inte7 se manifiesta como una mujer; y el muk’ta pixol aparece como un jinete que porta sombrero y viste elegantemente (4). En ocasiones, los entes del inframundo pueden convertirse en bolas de fuego, llamadas poslom, que golpean a la gente para producirles una hinchazón, secuela concebida como la intrusión de algún objeto extraño en el cuerpo de la víctima (4). Otra actividad de los pukujetik es seducir a las mujeres dormidas; de esta unión nacen los brujos (5).

La creencia tojolabal se asemeja a la tzotzil, pero tiene algunos matices distintivos. El niwan pukuj es el señor del inframundo; bajo su mando se encuentran los ch’in pukuj o demonios menores. Roba el alma de los hombres que encuentra en el camino, quienes lo ven como un charro elegante, montado sobre un enorme venado, semejante -si se hace excepción del animal en que cabalga- al muk’ta pixol tzotzil antes mencionado. Sin embargo, la entidad tojolabal presenta un aspecto positivo: es el dueño de la tierra que vela por el bienestar de los animales silvestres, y quien propicia y controla la caza (2).

Persona que de manera involuntaria se transforma en animal. Para los mochós, el pukuj es quien puede convertirse temporalmente en animal (V. nagual). Dicho don no es reconocido por su poseedor, ya que se manifiesta de forma involuntaria. Si bien no es responsable de sus actos cuando adopta la forma animal, la sociedad mochó lo juzga culpable y lo castiga en consecuencia (7).

Índice de Autores

(1) Basauri, C., 1940.

(2) Ruz, M. R., 1981.

(3) Sepúlveda, M. T., 1983.

(4) Ochiai, K. et al., 1985.

(5) Silver, D. B., 1980.

(6) Pozas Arciniega, R., 1969.

(7) García Ruiz, J. F., 1987.

DM