Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Šɨ:tu’

Mixe, camino de los días (1).

Calendario ritual de 260 días, en el que cada uno de ellos recibe una numeración y un nombre específicos. Consta de veinte nombres o signos diurnos y trece numerales, y de sus combinaciones resulta un total de 260 posibilidades.

Ayuda a determinar los días propicios para realizar rituales agrícolas, de caza y curativos; también señala los nefastos -lapsos en que es mejor no llevar a cabo celebración alguna-. La naturaleza de una enfermedad puede dilucidarse en función de los eventos sucedidos el día en que enfermó el paciente. Se usa además para interpretar el significado de aconteceres sobresalientes en la vida de un individuo; por ejemplo, la aparición de un animal silvestre en el camino adquiere un simbolismo particular si se relaciona con la fecha en que ocurrió el hecho.

NÚMEROSDÍAS
1. tum:1. hukpi:, "raíz"
2. mec2. ša’’, "viento"
3. tu•ok3. how, "palma"
4. makc4. hu:n, "duro, sólido"
5. moks5. ca’’ny, "serpiente"
6. tuht6. ‘uh, "tierra"
7. kuy7. koy, "conejo"
8. tɨgut8. na:n, "venado
9. ta•š9. nɨ:n, "agua"
10. mahk10. ho’’, "bejuco"
11. kɨ’’n11. ha•my, "cenizas blancas"
12. kɨ’’š12. tɨ:c, "diente"
13. pagač13. kepy, "carrizo"
14. ka:, "jaguar"
15. hu•iky, "tabaco"
16. pa:, "borde"
17. ‘uhš, "terremoto"
18. tap, "oscurecer"
19. mɨ•y, "pasto"
20. hugi:ny, "fontanela"

Es menester señalar que los vocablos numéricos de la tabla son específicos para el almanaque ritual; las mismas cantidades cambian de nombre cuando son relacionadas con otros aspectos de la vida cotidiana de esta etnia. Por ejemplo, el número trece, al ser usado en un contexto distinto al del calendario, recibe el apelativo de mahktugɨ:k. Solamente el dos y el diez se mantienen invariables en las diversas concepciones aritméticas de los mixes.

La cuenta ceremonial se realiza de la siguiente manera: al primer día, hukpi:, se le antepone el número 1, al día siguiente, ša’’, el número 2, y así sucesivamente hasta llegar a 13 kepy. El decimocuarto día, ka:, recibe el coeficiente 1; es decir, se inicia de nuevo la numeración para el siguiente conjunto de trece días. Si se sigue contando, se llega a 7 hugɨ:ny; la jornada siguiente se llama 8 hukpi: (hugɨ:ny es el último signo diurno; para continuar la secuencia es necesario volver a hukpi:), y esta segunda trecena termina en 13 ‘uh. Continúa el recuento hasta agotar un periodo de 260 días, después del cual se vuelve a comenzar con 1 hukpi:. Así, el calendario funciona como dos ciclos intercalados, uno de trece unidades y otro de veinte.

Tradicionalmente, el mediodía -cuando el Sol está en su punto más alto en el cielo- marca el fin de un día y el inicio de otro. Por este motivo, se requiere conocer la hora en que ocurrió un evento importante para interpretarlo correctamente.

El šɨ:tu’ está estrechamente asociado con el anuario solar de 365 días. El inicio del año siempre cae en uno de los siguientes días rituales: tap, how, na:n y kepy. Cada uno de estos signos diurnos está asociado con una dirección cardinal: tap con el norte, how con el oeste, na:n con el sur y kepy con el oriente. Los años se cuentan por trecenas, es decir, un año tap, es seguido secuencial-mente por otros how, na:n y kepy, y así sucesivamente hasta que transcurren tres años de cada signo, equivalente a un total de doce; el decimotercero empieza nuevamente con tap. La siguiente trecena empieza y termina con how. Cuatro de ellas concluyen un ciclo de 52 años, y el último -que si se continúa la lógica expuesta debería corresponder a kepy- sufre una modificación y se le denomina 13 ša’’; éste es considerado nefasto, pues regresan los muertos a la tierra para traer enfermedades y desgracias a los vivos. Lipp estableció una correlación entre el šɨ:tu’ y el calendario gregoriano equiparando el 15 de octubre de 1978 con 9 tap, fecha en que comenzaba el año del mismo nombre, correspondiente al lapso entre el 15 de octubre de 1978 y el 14 de octubre de 1979; el año 13 ša’’ ocurrirá en 1995 (1).

Los mixes conciben el tiempo como si fuera una montaña sagrada en cuyo ápice se encuentra una mesa celestial, donde los ancestros y dioses llevan a cabo sus reuniones; en esta mesa confluyen dos escaleras, una ascendente y otra descendente. El transcurso de trece días se concibe como el ascenso y descenso de las escaleras de la montaña sagrada; un primer trecenario constituye un ascenso, mientras que el siguiente, es un descenso. Cada escalón se relaciona con un día específico, y es también el asiento de la divinidad que rige dicho día. En este sentido, los días son considerados seres voluntarios, con personalidad propia: cada uno de ellos constituye una deidad particular.

Las siguientes fechas tienen especial importancia para la práctica médica de este pueblo indígena:

  • 1 ho’’. Día malo en que no debe hacerse ningún ritual.
  • 2 ha•my y 3 tɨ•c. Jornadas propicios para ofrendar a los muertos.
  • 6 hu•iky. Fecha nefasta en que reina la discordia y la muerte. Los brujos suelen pedir la intervención del dios gobernante para hechizar a sus enemigos.
  • 7 pa:. Día en que se pide a la deidad correspondiente, corregir los daños realizados por los brujos durante el 6 hu•iky.
  • 8 ‘uhš. Buen día para pedir por la salud y bienestar familiar.
  • 12 hukpi: Fecha maligna en la que las personas encargadas del mantenimiento del templo y el culto de los santos, son susceptibles de sufrir una enfermedad. Por lo tanto, es menester realizar un ritual de protección.
  • 13 ša’’. Jornada en que se llevan a cabo ceremonias curativas, especialmente aquéllas destinadas al tratamiento del susto en niños.
  • 8 ho’’. Día en que se confeccionan ofrendas para los muertos con el fin de evitar enfermedades y desgracias.
  • 1 pa:. Día en que rige un espíritu maligno. No debe prepararse ningún rito u ofrenda, pues dicho ente ataca a quienes hacen peticiones.
  • 2 ‘uhš. Buen día para pedir la liberación del nagual o tona de un individuo que ha sido capturado por algún espíritu del agua.
  • 3 tap. Fecha propicia para pedir por la buena fortuna en cualquier empresa.
  • 4 mɨ•y. Jornada en que se suplica corregir las desgracias ocurridas durante 1 pa:, ya que 4 mɨ•y tiene más poder.
  • 5 hugɨ:ny. Buen día para rezar por la salud de los niños.
  • 11 ‘uh. Tiempo para llevar a cabo un ritual con el fin de obtener el consentimiento de los ancestros para convertir un área boscosa en terreno agrícola. De no hacerse la ceremonia, el campesino puede enfermar.

La fecha de nacimiento de una persona suele influir en su destino. Quienes nacen en 13 ša’’ y 13 mɨ•y están condenados a una vida de penurias y enfermedades. Los nacidos en los días ka:, con coeficientes 1, 2, 4, 5, 6, 8 y 9, adquieren como tona a la serpiente, animal compañero propio de los brujos y ladrones. En estos casos, los familiares del infante pueden solicitar al kušɨ:, especialista en la interpretación calendárica, la celebración de una ceremonia cuya finalidad es alterar la suerte del recién nacido. Cuando el nacimiento ocurre en los días 3, 7, 10, 11, 12 y 13 ka:, el individuo recibe como tona al jaguar, lo que indica su potencial para desempeñar las funciones de un hombre de conocimiento o curandero (1).

El šɨ:tu’ constituye un remanente del antiguo calendario ritual mesoamericano, llamado Tonalpohualli por los mexicas, y Tzol kin entre los mayas. Dicho almanaque fue uno de los rasgos más sobresalientes de la cultura mesoamericana; sin embargo, tal como lo explica López Austin, prácticamente desapareció de la región después de la conquista española:

Pero después de más de 2000 años de ser una de las columnas más firmes de la tradición religiosa, la conquista española derrumbó su preeminencia. Sostenido y controlado por los centros de poder político, el sistema calendárico cayó con la desaparición de los Estados indígenas. Aparecen hoy derivaciones aquí y allá -en Guatemala, en Chiapas, en Oaxaca- auxiliando a los hombres a enfrentarse a las fuerzas del destino; pero son meras sombras de su robustez y de su omnipresencia prehispánica. Si el juicio sobre la supervivencia del antiguo pensamiento estribara sólo en la conservación del calendario, hablaríamos de vestigios pobres (2:153).

Los estudiosos del tema no han resuelto hasta la fecha, el enigma que hace basar la cuenta calendárica en 260 días. Algunos autores señalan una correlación con los movimientos del planeta Venus, astro de gran importancia en las cosmovisiones indígenas, que visto desde la Tierra, aparece como "estrella" ya sea de la mañana o de la tarde. El tiempo que permanece en cualquiera de sus dos facetas es de 263 días, casi el mismo número al que arriba la cuenta ritual (3). Otros investigadores mencionan que dicho periodo se aproxima a la duración promedio de un embarazo, explicación sustentada por datos etnográficos provenientes de Guatemala: los informantes quichés de Tedlock afirman que efectivamente la cuenta está relacionada con el tiempo de gestación humana (4).

Índice de Autores

(1) Lipp, F. J., 1991.

(2) López Austin, A., 1990b.

(3) Aveni, A. F., 1980.

(4) Tedlock, B., 1992.

DM