Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Tleuchpantle

Náhuatl. Limpia.

Procedimiento terapéutico y preventivo, ejercido en Puyecaco, Veracruz, con la finalidad de limpiar al paciente y sus familiares de enfermedades cuya etiología estriba en la penetración de un espíritu o aire patógeno.

Su complejidad, duración y costo, varían dependiendo de la gravedad del malestar (V. mal aire).

Se lleva a cabo en el hogar del doliente. Antes de comenzar, el dueño de la casa debe recoger siete plantas silvestres de reconocido carácter sagrado. La ceremonia inicia con una serie de preparativos encaminados a montar una escena representativa del mundo mitológico nahua. Así, los participantes recrean una porción de la cosmovisión étnica, con la cual formarán lazos afectivos que finalmente los llevarán a la catarsis. Primero, el curandero prende una vela y comienza a cortar figuras de un papel que trae consigo; éstas simbolizan los aires o espectros voluntarios que vagan por la Tierra y enferman a los hombres (V. figuras de papel). Al mismo tiempo, el dueño de la casa quema carbones en un incensario. Después de hacer los recortes, el terapeuta prende veinte velas más y las ordena en el altar familiar, siempre presente en los hogares nahuas, pues es parte del mobiliario y desempeña funciones importantes en la liturgia cotidiana. El chamán invoca a los mu’axkatl o espíritus guardianes de la casa. Luego traza un diseño geométrico sobre un pliego rectangular, y sobre esta cama dispone las efigies que antes recortó, así como las hierbas sagradas.

A partir de ese momento, bebe aguardiente a intervalos regulares con el fin de protegerse contra los espectros dañinos que debe extirpar. Corta una candela amarilla de cera de abeja y una blanca de sebo, en trozos de aproximadamente una pulgada, y los pone a un lado del conjunto de figuras. Acto seguido, deposita unas piedras de copal en el incensario, que para entonces ya se calentó. Mezcla las hierbas con una bola de masa de maíz, y acomoda el manojo resultante en el brasero. Entona cánticos y plegarias a los aires, invitándoles a participar en la ceremonia. Mientras tanto, un familiar del enfermo coloca tabaco y un huevo en un recipiente de material vegetal.

A continuación, el curandero toma el ramo de plantas, ya impregnado de humo sagrado, y talla manos, brazos, piernas, espalda y frente del afectado. Luego, lo sahuma pasándole el incensario por todo el cuerpo. Al concluir, prosigue con su escenografía mística. Asienta cuatro trozos de vela -dos blancos y dos amarillos- en el suelo, de tal suerte que forman los vértices de un cuadrado; de un lado los blancos y del otro los amarillos. Los primeros representan la tierra y el inframundo, y los segundos el cielo. En el centro del cuandrilátero, dispone los aires de papel antes recortados. Sobre ellos, el terapeuta rocía aguardiente, masa desmenuzada y un huevo crudo, como si estuviera convidándoles trago y comida. Nuevamente invoca a los guardianes espirituales del hogar, mientras sahuma todo lo que está extendido en el piso. Paso seguido, recoge las figuras, y las envuelve alrededor del manojo de hierbas. Coloca este bulto sobre la cabeza del paciente y lo rompe violentamente; al mismo tiempo, sopla con vigor para que los aromas del paquete destrozado se combinen con su aliento y se esparzan por la habitación. Después, guarda los retazos en una bolsa y procede de nueva cuenta a sahumar al achacoso.

El tratamiento se repite, aunque de manera abreviada, en otros lugares seleccionados, a saber: junto al fogón, a la entrada de la casa, en una vereda del bosque, un crucero de caminos, un arroyo y, finalmente, en unas ruinas prehispánicas cercanas. Puesto que el paciente está debilitado, permanece en el hogar sin participar en este recorrido; son los parientes quienes reciben dichas limpias complementarias. A excepción del último lugar visitado, el trayecto refleja la actividad cotidiana del sujeto y su familia: duerme en el suelo, desayuna junto al fogón, cruza el umbral de su vivienda para ir a trabajar, anda por veredas cuando va a su milpa y, al terminar la jornada, se baña en el río. Así, la terapia es global; va encaminada a purificar tanto al doliente como a su entorno. Termina en el sitio arqueológico, el portal al mundo inferior de donde provienen los vientos nocivos. Allí, el curandero deposita los desechos de plantas y recortes, pues es menester encaminar a los espíritus hacia su lugar de origen (1).

Índice de Autores

(1) Sandstrom, A. R., 1978.

DM y YG