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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Chujes.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

En varios de los censos generales de población realizados sistemáticamente por periodos decenales en nuestro país, ha ocurrido que algunos grupos indígenas desaparecieran como tales de los registros y sus miembros se adscribieran a otra etnia. Este parece haber sido el caso de los chuj, uno de los grupos mayanses del sur de México, cuyos terapeutas tradicionales fueron entrevistados para este estudio en el municipio chiapaneco de La Trinitaria.

Aunque sólo se solicitó información a 13 terapeutas tradicionales (siete mujeres y seis hombres, con una edad promedio de 56 y 60 años, respectivamente), se trataba de un conjunto representativo que expuso las características principales de su medicina tradicional. Campesinos y amas de casa, los médicos tradicionales chuj suelen comunicarse no sólo empleando su propia lengua y el español, sino también —quizá debido al intenso contacto con otros pueblos— el mame y el tojolabal (kanjobal). Pese a esta última circunstancia, los chuj constituyen un grupo que mantiene un contacto no demasiado estrecho con otros pueblos, más allá de los límites de su territorio.

Los informantes señalaron que la profesión médica más frecuente al interior del grupo es la de partera (jaix partera), ejercida únicamente por mujeres, muchas veces ancianas. En ocasiones se les conoce también con la expresión española comadronas (betd bajun, en chuj) y afirman que su labor consiste, mayoritariamente, en "prestar auxilio en un parto", aunque es evidente que su campo de acción es más amplio. Considerando que la región cuenta con escasos servicios médicos, no sorprende comprobar que las parteras han sido formadas mediante diferentes estrategias, todas las cuales persiguen el propósito de contar con ellas como un recurso fundamental. Así, pudo verificarse que el oficio de la partería se adquiere siguiendo las enseñanzas y los consejos brindados por otra partera experta en el trabajo y perteneciente muchas veces al mismo núcleo familiar de la aprendiz; el autoaprendizaje —debido generalmente a la necesidad de enfrentar contingencias— fue registrado como la segunda forma más frecuente de adquirir los conocimientos ginecoobstétricos; finalmente, señalaron también que el modo de tratar los partos puede ser revelado por algún personaje sobrenatural durante el sueño. La atención al embarazo —y, dentro de ésta, el "acomodamiento del niño cuando está parado, atravesado"—, el parto, la caída de la matriz y la caída de la mollera (o’kante pena aij yukioa) son los motivos de consulta más frecuentemente atendidos por las parteras. Algunas informantes declararon ejercer también la profesión de curanderas, la cual habían adquirido junto a otro terapeuta de mayor experiencia o en el transcurso de sueños reveladores. Quienes manifestaron ser parteras-curanderas atienden, además de las tres causas antes mencionadas, algunos síndromes de filiación cultural, como el mal de ojo (o’kaute tozata il) y el espanto. Afirmaron también tratar el corrimiento ((o’karte yue e kojal), el vómito con corrimiento (xejel winek’ojol), el vómito, la calentura (kante kucan riña aj mkae, k’ak), la quemadura (o’kaute turaid, tz’ael) y la mordedura de culebra (you chiniu ochoran).

La mayoría de los informantes de sexo masculino entrevistados para este estudio declararon ser hueseros (k’iich); todos eran mayores de 50 años y manifestaron haber aprendido la profesión junto a otro curador miembro de su mismo núcleo familiar o recurriendo al autoaprendizaje. La quebradura (k’iich), así como la, desbrinzadura (emel k’ool), zafadura y desgonzadura, constituyen el grupo de afecciones musculoesqueléticas más frecuentemente reportadas. Señalaron también que sus servicios son solicitados para tratar las siguientes dolencias: quemaduras, mordedura de víbora, gonorrea, diabetes, caída con carga, caída de algún árbol y mal de ojo. Un solo informante, terapeuta de sexo masculino de 78 años de edad, quien aprendió de su padre a curar las quemaduras, declaró atender exclusivamente este tipo de accidente, mientras que otro terapeuta, un hombre de 52 años de edad, señaló poseer tres profesiones: curandero-hierbero-pulsador (totzin antani-k’uhal swaga’ta anima), y atender casos de calentura, llagas, vómito, corrimiento, disipela y desbrinzadura.

La mayoría de los terapeutas consultados declararon atender menos de 10 personas a la semana, muchas de las cuales provienen de localidades diferentes a la del terapeuta. No se registró la existencia de ninguna organización de médicos tradicionales. Resulta relevante señalar que, en todos los casos, los terapeutas consultados habían ejercido su profesión por más de 30 años.