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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Popolocas.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Los datos relativos a la medicina tradicional del pueblo popoloca —un tema realmente poco estudiado— se recogieron en el transcurso de entrevistas en las que se pudo contar con la colaboración de 25 informantes (13 hombres y 12 mujeres), todos ellos residentes en los municipios de Tepexi de Rodríguez y Tlacotepec de Benito Juárez, ambos del estado de Puebla. En razón de que muchos de los entrevistados prestan sus servicios tanto en las comunidades de origen como en varios pueblos de otros municipios vecinos, el área de acción de la medicina de esta etnia puede considerarse bastante extendida. A ello se suma el hecho de que los curadores popolocas realizan esta práctica desde hace varias décadas, dato corroborado por la mayoría de los informantes (poco más del 70%), quienes declararon dedicarse al ejercicio médico por periodos superiores a los 20 años. Pese a que lo anterior revela la trascendencia de la medicina tradicional del grupo más allá de las fronteras de Tepexi y de Tlacotepec, ninguno de los terapeutas consultados se dedicaba exclusivamente a la práctica curativa, y fueron las labores agrícolas y hogareñas las que se señalaron como las ocupaciones principales. Asimismo, los informantes afirmaron que difícilmente atendían a más de cinco pacientes semanales, en parte por tener que dedicarse a otras actividades y en parte por considerar que en la región la medicina tradicional era una manifestación importante y el número de terapeutas a los que se podía recurrir era elevado.

Más de la mitad de los entrevistados eran analfabetas, mientras el resto podía leer y escribir con dificultad, por lo que se puede concluir que se trata de un grupo con un bajo nivel de instrucción formal. Hasta el momento de realizarse la encuesta, no existía en la zona ninguna organización que agrupara a los médicos tradicionales, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del país.

Cinco tipos de terapeutas componen el cuadro principal de los recursos humanos de la medicina tradicional popoloca: los curanderos (yen shuma), los hueseros (kuan tenda hueso), las parteras, los limpiadores (kanda’cka) y los hierberos (xinyexuncmua), además de algunas especialidades a las que aludiremos más adelante.

Los curanderos y los hueseros constituyen los dos grupos más numerosos. El primero de ellos —en el que predominaban los hombres y cuyos integrantes tenían una edad promedio de 58 años—, es, sin duda, el de los intérpretes más cabales de la ideología médica del grupo: el yen shuma adquiere sus conocimientos combinando el descubrimiento de un don divino orientador de su vocación, y que el sujeto trae desde el nacimiento, con las enseñanzas prácticas recibidas de otros terapeutas. Aprendizaje y revelación son factores complementarios que siempre están presentes en la formación y el desempeño del curandero popoloca. No es casual, entonces, que sean los síndromes de filiación cultural los motivos principales que demandan su intervención. Destacan: el susto (sizaku) —que fue considerado como el más importante de los padecimientos atendidos por el yen shuma—, el mal puesto, la caída de contramollera y el mal aire. Complementariamente, se solicita su intervención para que practique limpias, "llame al espíritu", rece y adivine. Casi todos los curanderos atienden un buen número de padecimientos musculoesqueléticos —factor que tiende a veces a borrar la frontera entre su trabajo y el del kuan tenda hueso—. Estos son, mencionados en orden de importancia decreciente: fracturas, doblado de la colita, dolores, recalcado, falseado, cuerdas, golpes naun-tesanta(), (compostura de) huesos y torceduras. Son también de su competencia algunos padecimientos gastrointestinales: diarrea, aventadura, vómito y suelto (naujua). Las restantes causas de demanda de atención pueden ser integradas en dos grupos: por una parte, las de carácter ginecoobstétrico y respiratorio, y, por la otra, unos pocos padecimientos inespecíficos: parto, pasa el parto, compone la cabeza del recién nacido, tos (ten kaxa), resfriado (uesjo pasmo), gripa, catarro (uxithec), tuberculosis, frialdad (ki) y calentura.

Las afecciones musculoesqueléticas conforman un importante complejo mórbido en la taxonomía popoloca, y quizás constituyan la razón por la que en esta etnia los hueseros son tan importantes como los curanderos. Los kuan tenda hueso entrevistados —grupo en el que predominan claramente los terapeutas de sexo masculino—, tenían una edad promedio de 47 años, no mencionaron ninguna influencia de carácter sobrenatural en la definición de su vocación, y sí, en cambio, factores de observación de la actividad de otros hueseros y mecanismos de autoaprendizaje. En algunos de ellos se aludió a estados oníricos en los que el sujeto recibía mensajes relativos a su práctica o a los elementos curativos a emplear. Los padecimientos por los que son consultados, son los siguientes: fracturas, torceduras, zafaduras, abierto de la cabeza, descuadrillados, hinchado de los ovarios, flojos de los testículos, flojas de los ovarios y "columna vertical". El alto grado de especialización del huesero popoloca parece ratificarse cuando se examina el bajo número de padecimientos relativos a otros aparatos y sistemas que reconocen como de la esfera de su competencia: caída de contramollera o campanilla, colgadura de vagina, sarna, orina gota a gota, susto y espanto, aclarando que varios de ellos requieren de sobadas, procedimiento que suele estar presente en buena parte de los tratamientos por ellos practicados.

En contraste con los hueseros, las parteras dominan el campo de la morbilidad gineco-obstétrica, la atención del embarazo y el parto, y las enfermedades de la primera infancia. Sin embargo, el hecho de que varias de las parteras declararan ser, al mismo tiempo, limpiadoras, es indicativo de su aptitud para atender padecimientos que se manifiestan en otros aparatos y sistemas. La formación de las parteras guarda una gran similitud con la de los hueseros: unas y otros refirieron la importancia que en su formación tuvieron las enseñanzas de otro terapeuta más experimentado, la práctica empírica, el autoaprendizaje y el refuerzo de los conocimientos a través de los sueños. El grupo de parteras consultado tenía una edad promedio de 65 años y, casi sin excepción, se trataba de mujeres con 30 o más años de experiencia en la profesión. Estas terapeutas se dedican, esencialmente, a atender partos, controlar el embarazo y tratar padecimientos tales como mixicavo de hombre (enfermedad que contrae la mujer cuando tiene relaciones sexuales durante el puerperio), susto, mal aire y maldad, empacho, quebradura y caída de contramollera.

El kanda’cka o limpiador es otro tipo de terapeuta que se encuentra en las comunidades popolocas, aunque en número sensiblemente menor a los médicos indígenas mencionados antes. Profesión en la que predominan los hombres, los pocos kanda ’cka consultados refirieron que se habían acercado a la medicina de una manera predominantemente empírica, aunque sólo después de haber percibido alguna indicación que interpretaron como enviada por fuerzas divinas. Los limpiadores suelen ser asociados por la población con los "naturistas" y con los que se denominan "especialistas en espiritual-brujería" (n’he-xujua), quizás porque los tres tratan, prioritariamente, una serie de desarreglos corporales y emocionales emparentados con la hechicería, la envidia y, en general, el daño, resultado de complejas relaciones interpersonales: brujería, espanto, limpias y adivinación del lugar donde están las cosas perdidas son, típicamente, de su competencia, no obstante lo cual, suelen también ser consultados en casos de diarrea, vómitos, dolor de estómago, reumas, vista empañada e, incluso, partos.

Si hay algún grupo que concentre a los terapeutas más ancianos de la etnia popoloca éste es, sin duda, el de los xinyexuncmua, los hierberos: en efecto, la edad promedio del grupo fue de 68 años. La profesión de hierbero suele ser una especialidad de los hombres, y su saber se adquiere también por la práctica empírica, en el hogar o en la comunidad, y a través de experiencias oníricas en donde les son reveladas las propiedades de los vegetales con valor medicinal. El hierbero trata síndromes de filiación cultural (mal aire, maldad, espanto, caída de contramollera), afecciones musculoesqueléticas (dolencias de los huesos, quebraduras, torceduras, abierto de la cabeza) y diarreas de diverso origen.