1100
Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Amuzgos.
[ ]  [
Los recursos humanos
]  [ ]  [ ]
Los recursos humanos

Como se señaló en la primera sección de este estudio, los amuzgos habitan en regiones caracterizadas por su alto grado de marginación, en los estados vecinos de Oaxaca y Guerrero. Los 34 terapeutas indígenas consultados (17 hombres y otras tantas mujeres) residían al momento de la encuesta en los municipios guerrerenses de Tlacoachistlahuaca y Xochistlahuaca. Los rezagos en materia de educación, saneamiento ambiental, comunicaciones y, en general, de satisfactores básicos, se refleja de manera directa tanto en las condiciones de vida de los médicos indígenas y de la población que atienden, como en el tipo de patologías que se manifiestan con mayor frecuencia y que demandan la atención de los sectores doméstico, tradicional y académico.

Es notable el predominio del monolingüismo en el grupo de terapeutas indígenas, pese a que algunos de ellos manifestaron saber leer y, muy pocos, escribir, lo que supone un contacto mayor con la lengua española. La profesión de médico tradicional no constituye una ocupación exclusiva: los terapeutas se insertan en la estructura productiva principalmente como amas de casa y artesanas, las mujeres, y como trabajadores agrícolas los hombres. El grupo de informantes declaró haber ejercido su actividad de curador por periodos que van desde los 10 hasta los 25 años; además, entre los terapeutas guerrerenses se observa su integración en los dos últimos años a una de las organizaciones de médicos tradicionales incorporadas al CONAMIT (Consejo Nacional de Médicos Indígenas Tradicionales).

La especialidad médica más mencionada fue la de partera (ts’an na satseime yu njdaa, ajdaa man’njdoó), que suele ser ejercida en combinación con otras prácticas, como la de curandera (emen njeey), sobadora (ha ’ma cue), levantadora de mollera (tu wanda steé ncoo) y curadora de coraje. El grupo de parteras estaba compuesto por 15 mujeres, con una edad promedio de casi 59 años, lo que corrobora la información contenida en diversos estudios que muestran que en los grupos más tradicionales predominan los terapeutas maduros o, francamente, ancianos. En la mayoría de los casos, desarrollaron el aprendizaje bajo la asesoría de otro curandero perteneciente al mismo núcleo familiar, y también mediante labores basadas en el autoaprendizaje. Sólo en un caso fue mencionada la asistencia a cursos impartidos por las instituciones de salud (v. gr. la Secretaría de Salud, pues el programa IMSS-Solidaridad se encuentra descentralizado en el estado de Guerrero). Coherente con la información acerca del tipo de práctica, las causas de demanda de atención por las que son requeridas las parteras no se constriñen al cuidado de la embarazada, a la asistencia en el parto o a los cuidados de la madre y del niño durante el puerperio. En orden de importancia, fueron referidas: afecciones y cuidados ginecoobstétricos (hemorragias o denñiel hana singul), atención del embarazo (deynee) y el parto (nacin wii), hemorragia por retención de placenta, flujo (ixkia) y flujo blanco; enfermedades gastrointestinales (diarrea o dan jo, disentería o danmió y vómito o maná ta’tád), respiratorias (tos seca o kiep tem y gripa), dermatológicas (granos en la piel o han’anp keen do ha’a) y un grupo de dolencias inespecíficas: calentura (lasit koemac), hinchazón (di ko lon), dolor de estómago (guisía), dolor de cabeza (guish ke), así como el tratamiento de aquellos a quienes "se les entume la mitad del cuerpo" (kin haj).

Otros 15 terapeutas manifestaron que su actividad principal era la de rezandero (hemne hijsna rezo), combinada, como en el caso de las parteras, con otras modalidades de atención, pues es frecuente que el rezandero sea también curandero, lee cartas (one cui cootá), "saca de rastro con baraja" (cui ’jna de baraja), curandero-sobador, curandero-partero, curador de empacho-latido-nagual (hoj heij ho hohi-kor dod he tieerré sinchaá-ueáyandi mátaa) y curador de espanto (ua mmti enne tzi tua). En contraste con el anterior, este grupo es predominantemente masculino —sólo una mujer declaró ser rezandera— y la edad promedio registrada es de 53 años. En el caso de los rezanderos, el mecanismo de aprendizaje se asemeja mucho al de las parteras, pues la influencia de otro terapeuta —generalmente un familiar— ha sido determinante en la transmisión de los conocimientos y las prácticas necesarias para desenvolverse como agentes de salud. El estudio registró un solo caso de autoaprendizaje, en el que el terapeuta, rezando en una iglesia, fue descubriendo los secretos del arte de curar. Las causas de demanda de atención de competencia del rezador incluyen un grupo de dolencias gastrointestinales (vómito, diarrea y disentería), un conjunto de síndromes de filiación cultural (espanto o cué ya, empacho o cotsa, nagual o guualy "yorón" —quizá "llorón" o terkjiaá), afecciones respiratorias (tos con gripa o chkie, tos o kiep chep y gripa) y un conjunto menos específico: calentura, dolor de cabeza, dolor de estómago, hinchazón de cuerpo, falta de hambre (kin daa), tachinole, dolor de cuerpo (wi’itsila), dolor de muelas (wey tel ho), lagañas en los ojos (in taá), granos en el cuerpo (han’anp keen do ko), mal de orín (wil mbatchidaá), hinchazón de los pies (ko xcheedá) y el tratamiento de los "chiquillos flacos" (yo chol’taá).

En el grupo de terapeutas consultados se ubicaron dos hueseros (ts’an na macw’ee), ambos de sexo masculino, con una edad promedio de 50 años. Uno de ellos comenzó su actividad asistido por una enfermera del centro de salud, y luego la desarrolló por cuenta propia, mientras que el otro basaba su saber exclusivamente en el autoaprendizaje. El primero se desempeñaba también como partero-curandero. Como se verá, las fronteras que separan la actividad de los hueseros de la de los otros terapeutas, al menos para el tratamiento de varios padecimientos, no constituye un línea nítida. Además de las causas de demanda de atención relativas al sistema musculoesquelético, como las quebraduras de hueso (hanan tamp) y desconcertaduras, los hueseros declararon atender padecimientos gastrointestinales (diarrea y vómito), síndromes de filiación cultural, como el espanto y motolín o "quiere comer algo" (njaya, koo jaá, "esa enfermedad quiere animal"), además de otras causas de demanda, como la hinchazón en el vientre (di ko dot’onsa), ataques (ma uel’intshka) y dolor de estómago.

Dos fueron también los informantes registrados como especialistas curadores de espanto (ts’an na mach’ce naseii t’uee o ts’an na matesewe yu njdaa), ambos hombres y con una edad promedio de 65 años, formados junto a otro curandero especialista en tratar este síndrome de filiación cultural.

Finalmente, los encuestadores detectaron un cantor-curandero saca de rastro (terapeuta masculino, de 50 años de edad, que aprendió por su propia cuenta el modo de tratar enfermedades características de la cultura de los amuzgos), y una "curadora de los niños de nagual", especializada también en el tratamiento del coraje, de 45 años, que fue formada por un terapeuta de mayor edad y experiencia que ella. Los servicios de ambos especialistas eran solicitados de manera exclusiva para devolver el equilibrio a aquellos afectados por padecimientos que se relacionan de modo directo con el sistema de creencias propio de este pueblo indígena.