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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Cuicatecos.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Pese a ser uno de los grupos indígenas más pequeños de los varios que habitan en el estado de Oaxaca, los cuicatecos poseen un nutrido grupo de terapeutas y una no menos importante flora medicinal. Parteras, curanderos, adivinadores, hierberos, hueseros, chupadores, especialistas en la cura del espanto y del mal aire, en este estudio se entrevistó a 50 de ellos, 29 hombres y 21 mujeres, con una edad promedio de 55 años, residentes en los municipios de San Juan Bautista Cuicatlán, San Juan Tepeuxila, Santa María Pápalo, Concepción Pápalo, Santos Reyes Pápalo y San Andrés Teotilalpan (distrito Cuicatlán).

Como en muchas otras regiones indígenas, en el área cuicateca los médicos tradicionales son, en su mayoría, trabajadores agrícolas y domésticos; sin embargo, en el grupo encuestado dos parteras, un huesero y un adivinador declararon que la actividad terapéutica era su ocupación principal. La mayor parte de los médicos tradicionales son monolingües de cuicateco y bilingües de cuicateco y español, y varios declararon saber leer y escribir.

Entre los cuicatecos sobresale claramente la profesión de curandero (bichi cuea), ya que exactamente la mitad de los terapeutas entrevistados era reconocido socialmente como tal, con un claro predominio cuantitativo de los hombres. La denominación bichi cuea es, en cierta medida, genérica, y admite la posibilidad de que el curandero combine esta práctica con otra especialidad terapéutica. Además del curandero, los terapeutas tradicionales cuicatecos se clasifican en: partera (junundá coo), hierbero (iña jidijico yata), huesero (bichi ini), adivinador (iña cua ’a) y chupador (inti cua). Algunos curanderos declararon dominar más de una especialidad, como los curanderos de espanto y mal aire (caandiya duco caá yuuna), las curanderas-parteras y los hieberos-chupadores (yataabén-dio). Se encontró también una hierbera-acupunturista (iosindiechioto) y un limpiador del cuerpo. Las vías para convertirse en terapeuta son variadas, pero por lo común se reconocen cuatro modos principales (aunque el último posea una importancia claramente menor a la de los otros tres): el autoaprendizaje; la enseñanza impartida por otro curandero más experimentado —generalmente un familiar; los sueños, los dones que se traen desde el nacimiento y las visiones; y, finalmente, la asistencia a cursos impartidos por las instituciones de salud o por organismos no gubernamentales.

Las causas de demanda de atención que en la medicina tradicional cuicateca resultan de la competencia del bichi cuea o curandero, constituyen un variado grupo de padecimientos o estados de desequilibrio, ora más ligados a las condiciones adversas del medio, ora a situaciones sociales y a las relaciones interpersonales. Como en otros conglomerados indios, los padecimientos gastrointestinales ocupan el primer lugar en la patología cuicateca: diarrea (chicanoia), disentería (inday suaguey), diarrea con vómito y vómito (ichí). Los siguen, en orden de importancia cuantitativa, los síndromes de filiación cultural: mal de ojo (eguenduj), espanto (didanay), mal aire (yuna), maldad (cuea), extraviado y ataque o brujería. En tercer lugar aparecen los problemas del riñón y los cólicos de la vesícula. Finalmente, se mencionaron la hinchazón (ndinditoy), el reumatismo (reuma), la pulmonía, los problemas de la vejiga, el dolor de cabeza, la gripa, el catarro, los ataques, el apresuramiento del parto, los calambres, las torceduras y la cabeza abierta.

Las parteras cuicatecas, las junundá coo, constituyen el segundo grupo de terapeutas en orden de importancia numérica; este grupo está constituido por mujeres de edad madura (57 años fue el promedio obtenido) que han aprendido su oficio al lado de otra partera de mayor edad y experiencia, y que han reforzado estos conocimientos a través del autoaprendizaje y, en mucha menor medida en estas áreas, de los cursos de las instituciones de salud. Profesión aprendida muchas veces en el ámbito familiar, la de las junundá coo refleja en gran medida la impronta de las necesidades domésticas, pues la partera brinda asistencia a las mujeres desde la gestación, pasando por el embarazo y el parto, hasta la recuperación en el puerperio, tanto en los casos normales como en aquellos en que se presentan trastornos patológicos ("no tener menstruación", "no tener regla", padecer hemorragias vaginales, etcétera).

Las afecciones musculoesqueléticas constituyen un conjunto de padecimientos que son atendidos por los hueseros, denominados localmente bichi ini. En contraste con las parteras, la profesión de huesero es predominante o exclusivamente masculina; éste fue el caso del grupo entrevistado por nosotros, formado por hombres notablemente mayores, con un promedio de edad de casi 67 años. Tienen en común con otros terapeutas el haber aprendido, generalmente en el seno de la unidad doméstica, los secretos de su profesión, enfocada al tratamiento de diversas causas que afectan a los huesos, los músculos o los tendones: quebradura de huesos (chiatu ini), torceduras, zafaduras (digndó ini yey), tronchaduras (doou), magullones (yuhuí), dolor de cadera (yutuó) e hinchazón de coyuntura (nitú).

El adivino (iña cua’a), que puede ser indistintamente hombre o mujer, es un terapeuta que no se encuentra con frecuencia dentro del grupo cuicateco. Quizás la razón se deba a que, a diferencia de los otros grupos de curadores, en los que la experiencia práctica cobra un valor importante, en el caso de los adivinos la vocación se descubre por consecuencia divina, por revelaciones que resultan de encuentros fortuitos con un ser de carácter sobrenatural, o en el sueño, mediante la manifestación onírica de ciertos signos típicos. En mucho menor medida se registraron sugerencias a adivinos que iniciaron sus trabajos guiados por otro adivino, miembro de su familia; cuando esto ocurre, se trata más bien de consejos, que de una verdadera iniciación. Las causas de demanda de atención de competencia de un adivino pertenecen, claramente, al grupo de los llamados "síndromes de filiación cultural": susto, maldad y amor, principalmente; la detección del lugar donde se encuentra un objeto perdido y el "sacar la suerte" fueron también mencionados por los informantes cuicatecos.

Asimismo, el estudio registró la existencia de otros dos terapeutas que no pertenecían a ninguno de los grupos anteriores, quienes dijeron ser conocidos como "persona que cura" o "el que cura", y que, en general, tratan afecciones musculoesqueléticas o administran limpias, a la manera tradicional de muchos otros pueblos indígenas. Ambos aprendieron en forma empírica y manifestaron atender quebraduras, tronchaduras, zafaduras y magullones.

Finalmente, un terapeuta manifestó que su profesión era la de brujo y su especialidad la de hierbero. Se trata de una persona de sexo masculino, de 51 años de edad, que aprendió su oficio por revelación divina durante el sueño. Las afecciones que declaró tratar fueron la diarrea, el empacho, la disentería, el espanto, el mal aire y el mal embarazo.

En la mayoría de los casos, los informantes declararon haber ejercido su actividad curanderil por periodos superiores a los diez años, atendiendo tanto a personas de su localidad de residencia como a otras que llegan de poblaciones aledañas. Manifestaron tratar poco más de cinco casos semanales. Al momento de levantarse los datos, sólo dos de ellos pertenecían a la organización regional de médicos tradicionales y a la cuicateca.