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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Tarahumaras (Raramuris).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

El lector seguramente ya se ha percatado de que la terapéutica tradicional parece ser un oficio ejercido más por mujeres que por hombres; no sucede así en el caso de la medicina tarahumara. En efecto, la considerable muestra que tomamos —54 curadores provenientes de los municipios chihuahuenses de Balleza, Batopilas, Bocayna, Carichí, Guachochi, Guadalupe y Calvo, y Urique— muestra un predominio masculino de casi el dos por uno. Para ser más precisos: el conjunto de entrevistados se descompone en 34 varones y 20 mujeres. Sin embargo, en cuanto a la edad dé los informantes, la medicina rarámuri no constituye una singularidad; igual que en la gran mayoría de los pueblos indígenas, los "hombres y mujeres de conocimiento" están en su vejez. Quienes respondieron a la entrevista tenían en promedio 61 años de existencia. Incluso, parece haber una diferencia etaria entre los y las terapeutas, pues aquéllos andaban por los 63 años y éstas por los 58.

Pocos son los especialistas entrevistados que se ganan el sustento exclusivamente practicando el arte de curar. La mayoría de ellos también se dedica a la agricultura y, en menor medida, a la artesanía. En cuanto a su grado de aculturación, 40 de ellos sólo hablan el tarahumara; de los 14 bilingües de tarahumara y español restantes, casi todos sabían leer y escribir.

Nuestros interlocutores declararon la existencia de varias ramas de la terapéutica autóctona, cada una de las cuales abarca más de una especialidad. Así, 23 informantes dijeron ser curanderos (owirúame, kirúame, yowi orame, yoame, tarowi, u oo’yome), si bien agregaron que esta profesión está subdividida en curandero-hierbero (reyauwi o ríauta óyom), curandero-sobador (sobaríome o sumon) y "curandero de niños" (orúame). El aprendizaje de cada uno de los entrevistados tiene sus peculiaridades, pero existen una serie de circunstancias comunes. Por ejemplo, la mayoría tuvo un maestro, generalmente un familiar; a otros les fueron revelados los secretos de la curación a través de un sueño. En menor proporción, algunos experimentaron un acontecimiento fuera de lo común, como es la aparición de una deidad o un animal mitológico que les indicó su destino como futuros médicos.

El predominio masculino en el grupo de curanderos parece ser más acentuado que en la muestra total de terapeutas, ya que si en ésta es casi del doble, en aquél es del orden de tres a uno. Otra distinción es el promedio de edad; el de los curanderos aquí reseñado es de 55 años, significativamente más bajo que el de 61 años del conjunto total de encuestados.

Son muchos los padecimientos que dijeron curar los 23 owirúame, aunque se dedican con más frecuencia a tratar síndromes de filiación cultural, como susto o asustado (majarm, majagame, mojagame, majahuí, majacama, shu-rachi, majaripa, majawi, majare majawua, wu majajari), empacho (ronique, omigame, rommuira y romi), tripa ida (majegome), hechizados (sepaburame) y caída de mollera (chapi moora). Además de los síndromes, alivian otras enfermedades, que presentamos en orden de importancia: diarrea o soltura (taul, guita uni, vitabuma, huitabua o witabu), disentería (ela buni, puja, sinterría o witabú), vómito, dolor de estómago (we ocora ropachi o vaginare), descomposturas (ioque o piogme), dolor de espalda (repopa), dolor de cintura (umichi), reumas, gripe (ochopema), anginas, pulmonía (ratariki o churechi) y resfriado. También se recurre a ellos en casos de calentura (mame, istari, giebre, ratarique o ratare), granos (richiol o we oco quichiwa), mal de orín (sepoche), dolor de riñon (chipochema), parto (neko sawema), sacar muela (roma boniuea), infecciones vaginales, hinchazón (ba’aji’la o kasil juina na me ripopi), malo de los ojos (suchicome),bazo (vecoseri, guecoceguari o guecoceuri), nervios (raoruri), dolor de cabeza (mohochi oco), dolores y tiz (afección propia de los alcohólicos que no comen).

De las 54 personas consultadas, 16 se denominaron a sí mismas "doctores" (owirúame rayamuri, onuma, sucrúame, onorúame), o bien, "médicos" (urrúm). Igual que los curanderos, los doctores son en su mayoría varones-pero a diferencia de los primeros, su edad promedio es de 66 años. También se instruyen bajo la figura de un tutor —quien, las más de las veces, es un pariente— o bien mediante la experiencia onírica y/o la comunicación con seres divinos, aunque estas dos formas sean menos frecuentes que la primera. Entre las filas de los doctores figuran el doctor-levanta mollera (mo-ora), el doctor-curandero, el "curador del espíritu" (aliwuara), el adivino (nahate-rocowawachi), el espiritista-soñador (onorúame tsea uchue) y el que "atiende recién nacidos y cura con tesgüino"(awimera). Vale la pena una explicación en lo tocante a la última modalidad de curación mencionada: el tesgüino es una bebida de maíz fermentado, ingerida en diversas ceremonias tarahumaras.

Diestros en el arte de sanar a los decaídos y sufrientes, los doctores, al igual que los curanderos, atienden casos de todo tipo. Basta el siguiente listado, ordenado en forma decreciente, para dar una idea: dolor de piernas (ro nora), dolor de cintura, dolor de espalda, dolor de brazo (huacórachi), dolor de costillas, reuma, calambres, calentura, dolor de cabeza, dolor de corazón, dolor, hinchazón (we oco watinare, baajila, baginare o we oco watinare), anemia, pies hinchados (ronola bajina o kasil juina na meripopo), susto, empacho, "levanta mollera", dolor de pecho mandado por Dios (rawichique), enfermedad del espíritu (chorocúame), hechizados o mal puesto (suguni yoi moraba), diarrea o soltura, basca (pué schr), disentería, dolor de estómago, vómito, soltura con calentura (rataliki), tos (ro sulki), pulmonía, resfrío (we chomaca o chomame), tos ferina (rosahua), angina (resawiki), gripe, granos, granos "pudrosos" (richiur), quemaduras, sarampión, mal de orín, "tapiado" (ma tapirl), atención al parto o "recibir al recién nacido" (awimera).

Salta a la vista que el conjunto es similar —aunque con variantes— al que atiende el curandero. No sería muy aventurado suponer que éste y el doctor son en realidad el mismo tipo de terapeuta, pues, salvo el promedio de edad, hay grandes similitudes entre los dos, a saber: modos de aprendizaje parecidos, así como la atención al mismo tipo de padecimientos. Incluso, podría conjeturarse que el término "doctor" denota una mayor jerarquía que el de "curandero", por la diferencia de edades entre ambos.

El hierbero es otro terapeuta de la medicina tarahumara, aunque representado en menor proporción en la muestra de informantes. En efecto, sólo siete individuos se identificaron así. Existen cuatro modalidades de esta práctica: hierbero-espiritista, hierbero-soñador, hierbero-médico y hierbero-levanta mollera. Por lo regular, la obtención de conocimientos no involucra experiencias extraordinarias, ni encuentros con númenes o sueños iniciáticos; más bien, se finca en la transmisión oral de un tutor a su alumno. Las afecciones que atienden estos especialistas son: mollera caída, susto, empacho, mal de ojo, dañados o hechizados (chiwino noca raramuri), empacho con diarrea (romi witabua), dolor de pecho, diarrea, soltura de estómago, dolor de estómago, tos, dolor de garganta (we ocora cutachiqué), resfrío, reumas, dolor de pies (ronochi ocora), sarampión, punzadas nerviosas, "enfermedad del corazón" o "malo del corazón" (wu nuwa sorachi), "ojos" (llamados basira y causados por la irritación y el intenso "calor de cabeza"), riñones, granos, dolor de cabeza y "estar hinchado".

Quienes más se distinguen por la especificidad de su práctica curativa son las parteras (ranamera, muqui tibuomi sahueyami o neko sawema). Constituyen un grupo homogéneo de mujeres, pues no parece existir ninguna variante o término que indique alguna especialización. Fueron cinco las personas que afirmaron ejercer esta rama de la terapéutica raramuri, y en promedio tienen unos 66 años de edad. Casi todas dijeron haber aprendido con otra señora más experimentada, y sólo una mencionó que había asistido a cursos, impartidos por las instituciones oficiales de salud, como parte de su entrenamiento. Los motivos de consulta que dijeron atender son de tipo ginecoobstétrico, como los siguientes: atención del parto (muqui ronomeri), presentación de placenta (upami nahuami bacha machina), niño atravesado (chaquena uoiami, saquena atqui o ayenta bui), "le sale mucha sangre en su parte después de salir el niño" (hue leenami o hue lenssa), "viene de pie el niño" (ronola uachan machina), "sale la placenta primero" (machinna jmala bacha), "la placenta no salió" (tasi machinasa jmala), "se quedó un pedazo de placenta" (taajmala ripiza), cadera cerrada (hue herta umila), niño muerto en la panza (p’achannamuculi talohui), embarazo, aborto o "tirar al niño antes de crecer" (bochakasli), "se quedó adentro el segundo parto" (pacha ripili imala) y el "niño llega de nalguitas" (umila uocha machina). Sin embargo, sus destrezas no sólo se circunscriben al aparato reproductor femenino; también curan caída de mollera (moruchigeme o moora guichigame), empacho, susto latido, diarrea, dolor de estómago, piernas hinchadas (ronola bajinn), mal de orín o "se tapó" (que omero isia), ojos hinchados (vusuchi bajinami), dolor de corazón (surochi okoame), mucho dolor de cabeza (hue oco moochi), ataque o "desmayado" (hue chourv lozi iguerri), bazo y pies hinchados (ronola bajinna).

Por último, sólo dos de los entrevistados afirmaron ser hechiceros o "chiceros" (toramuri o sucurúame). Aunque su especialidad es la de "quitar hechizo" (sipabúrame), también atienden padecimientos como empacho, bazo, mollera caída, granos con rasquera (chicagoricame) y fiebre de panza (wicotare).