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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Huastecos (Teenek).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

El material correspondiente a la medicina tradicional de los huastecos que se consigna a continuación, fue logrado mediante la consulta a terapeutas tradicionales habitantes de una región bastante extensa, correspondiente a los estados de San Luis Potosí (municipios de Aquismón, Coxcatlán, Huehuetlán, Tamazunchale, Pampamolón Corona y Tancanhuitz de Santos), Tamaulipas (municipio de El Mante) y Veracruz (municipio de Tantoyuca). Diversas razones impidieron contar con datos relativos a las ideas y las prácticas médicas indígenas de los huastecos del estado de Hidalgo. A pesar de lo anterior, creemos disponer de una información consistente, resultado de numerosas entrevistas con 28 reconocidos especialistas, 17 hombres y 11 mujeres, cuya edad promedio al momento del estudio era de 53 y 60 años, respectivamente. Como en muchos otros casos expuestos aquí, las ocupaciones principales de estos terapeutas eran las labores agrícolas y las tareas del hogar, por lo que la práctica de la medicina tradicional era considerada, en casi todos los casos, como un actividad significativa pero complementaria, y rara vez una fuente importante de ingresos económicos. Una persona se declaró artesano, otra era asistente rural del IMSS (con conocimientos de primeros auxilios), y sólo dos —un curandero y un naturista— sobrevivían gracias a los ingresos provenientes del ejercicio de la medicina tradicional. La mayoría de los informantes (el 46%) eran bilingües de huasteco y español, 31% era monolingüe de huasteco, 15% monolingüe de español, y el pequeño porcentaje restante (8%) era trilingüe de huasteco, náhuatl y español. Lo anterior guarda relación con la alfabetización del grupo, ya que un 50% de los terapeutas entrevistados sabían leer y escribir.

El grupo numéricamente más importante era el de los curanderos (16: 13 hombres y tres mujeres), actividad designada en las tres áreas con la palabra huasteca altsich. La edad promedio era de 66 para los hombres y 52 para las mujeres, y las especialidades que poseían —junto con el trabajo principal de curandero— eran las de hierbero (hilalich), levanta mollera (dayom jail an chacam), cura locos (V. locura), partera, levanta sombra o daitichi chalam (V. espanto), "echa barrida" y "ayudar a otro" (tolmiyal). Hubo curanderos que manifestaron poseer una doble especialización; tal fue el caso de algunos sobadores-hueseros (lujkus). Por su parte, uno de ellos afirmó que, además de su práctica curanderil, ejercía "la medicina en general" (tlapatiquetl). Los curanderos refirieron haber adquirido el conocimiento de la medicina huasteca en el seno de la familia o de la comunidad —bajo la tutela de otro terapeuta—, o a través de mecanismos de autoaprendizaje; en ambos casos se aludió a Dios como guía e indicador de la vocación terapéutica, o a la posesión de "un don en el corazón", manifestado desde el nacimiento. En lo que respecta a las causas de demanda de atención por las que la población solicita los servicios del altsich, pueden distinguirse tres grupos principales: padecimientos del sistema gastrointestinal, síndromes de filiación cultural, y afecciones ginecoobstétricas o, en general, relativas a la reproducción femenina. En el primer grupo destacaron: vómito (che’a), soltura (chucustucul), diarrea (atheló), disentería (athelo’n canala chits), parásitos (huacla andum), cólico (loco tap), derrame de bilis y vómito de sangre (cha’al canchijts). Los síndromes de filiación cultural más importantes fueron: espanto (ikelom talab), mal aire (ajacatl), empacho, mal de ojo (ichteayole o waleklaab) y envidia. La población huasteca también recurre al curandero para solicitarle la realización de algunos procedimientos especializados: cambio (patiltl), levantar la mollera o curar la mollera hundida (dayomtin jail an chacam) y levantar la sombra (daijichi chalam). Respecto de las causas de tipo ginecoobstétrico, se mencionaron: atención del parto (yabin jal wal an zakam), embarazo, hemorragia (calan chisat) y caída de la matriz (cualantalab). Formando un cuarto grupo están los padecimientos de tipo dermatológico: sarna (todoy), comezón (tsiqui talat) y granos (tiit). Los huastecos refieren un grupo nada pequeño de padecimientos que identifican por sus características dolorosas: dolor de estómago (yajal chucul), dolor de corazón (yajal ichich), dolor de cabeza (chucuch ok), dolor de cuerpo, dolor de ojos (chucuch hual), dolor en el pie (yajal baniakan), dolor en el brazo (yajal bani ocop) y dolor en la espalda (yajal bani cuch); hacen también alusión genérica al dolor, sin localización precisa. Formando un grupo diverso, se registraron las siguientes enfermedades y alteraciones: calentura (cackquel), torcedura (lits contalar), "no tiene sentido" (kibenek in eje tal), asma, locura, llagas, inflamación del vientre, borrachera de la cabeza (wilef talop ok), anemia (esotlami), embolio (mocutlalhuia) y tos.

Los huastecos designan a la partera empleando las voces doyom chakam, hilálich y comale (seguramente una alteración fónica del español "comadre", figura que acentúa el parentesco simbólico y la cercanía afectiva que suele ser común entre la parturienta y la comadrona, la partera, la abuela). El 21% de los terapeutas entrevistados eran parteras, profesión ejercida únicamente por mujeres, generalmente de edad (el promedio del grupo fue de 64 años). Dentro del conjunto fue posible detectar algunas especialidades, sea que se refieran a la atención de algún padecimiento en particular (por ejemplo, las especialistas en curar la caída de la matriz, cualantalab en huasteco, y a "levantar niños" o doyom chakam), sea que combinen la partería con otras profesiones (parteras-curanderas y parteras-sobadoras, en este caso). La formación al lado de una partera de mayor edad y experiencia, y el autoaprendizaje —muchas veces se trata de una combinación de estas dos formas de entrenamiento— fueron los dos métodos registrados de adquisición de los conocimientos ginecoobstétricos.

En el periodo comprendido entre la preñez y el puerperio, las parteras huastecas son requeridas para atender (según un orden de frecuencia descendente) el parto, enderezar al niño (trinkita) o acomodar al niño atravesado (netichul), casos de sangrado vaginal (hyau calin chichal), caída de matriz o "se le viene la matriz", e inflamación después del parto. Las afecciones gastrointestinales aparecen también en gran número como causas de demanda de servicios de la partera: diarrea, parásitos, deposición (ushaa’), mal de estómago y disentería. Otro grupo de dolencias están —como en el caso de los curanderos— asociadas o definidas por el dolor: dolor de estómago, dolor de riñón (chucuch okuch), dolor de muela (chucuch camak), dolor de cuerpo y dolor de cintura (chucuch incuch). Las parteras suelen tratar también algunos síndromes de filiación cultural: espanto, llanto de niño (tlasol, término seguramente afín al náhuatl tlazol) y asombro. Se mencionó, finalmente, un grupo de causas de muy diverso origen: infectados de SIDA (kaquem tituul), torceduras, calentura, erisipela y oguío o bronquitis. Algunas parteras han aprendido a inyectar, motivo por el cual sus servicios son solicitados ocasionalmente.

Un pequeño grupo de terapeutas huastecos —todos de sexo masculino y con un promedio de edad de 63 años— se dedica a tratar afecciones musculoesqueléticas. Los hueseros son designados con la expresión en calvel tequen shegel chojo tequenenek y, como en tantos otros casos, han aprendido los contenidos de esta actividad solos, en forma empírica, o al lado de otro terapeuta. Aunque tratan principalmente quebraduras, torceduras, falseaduras y reumas, algunos afirmaron que conocían tratamientos para la hepatitis, el "azúcar", la gripa y la tos (V. huesero).

Finalmente, se pudo entrevistar también a un zitom, el curador en oraciones o el que cura con oraciones (V. thit’om), a una inyectadora especialista en curaciones de heridas y a una mujer que se autocalificó de bruja, experta en curar y regresar el daño. El primero de ellos descubrió sus aptitudes como curador a través de los sueños; la segunda aprendió a inyectar y a brindar tratamientos alopáticos —que combinaba con curaciones tradicionales— asistida por un médico del IMSS, y señaló que era requerida para atender a pacientes con calentura, dolor de cuerpo, dolor de cabeza, diarrea y dolor de corazón; la última terapeuta, por el contrario, era heredera de un saber atesorado a lo largo de generaciones (recibió las principales enseñanzas de su abuela, y su madre fue curandera), y además de tratar casos de daño (efectos de la brujería), podía alejar vecinos y atraer esposos.

La mayor parte de los terapeutas entrevistados atendía entre uno y cinco pacientes semanales, llevaba más de 10 años de ejercicio de la profesión y su clientela estaba formada por personas de la misma localidad, pero también por pacientes que llegaban de comunidades alejadas. Solamente tres de los 28 entrevistados pertenecían a una organización de terapeutas tradicionales, la OMITT (Organización de Médicos Indígenas Tradicionales Timahuitz).