Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Mames.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Pese a que se entrevistó a un grupo no demasiado numeroso de terapeutas mames —27, para ser exactos—, éstos proporcionaron una amplia y valiosa información, más importante aún si se tiene en cuenta que casi no existen registros de las ideas y las prácticas médicas de esta etnia, asentada fundamentalmente en el estado de Chiapas. La encuesta fue aplicada a 17 mujeres y 10 hombres, cuyos promedios de edad eran de 56 y 54 años, respectivamente, residentes de los municipios de Siltepec y El Porvenir, y que diariamente alternaban sus actividades terapéuticas con las labores del campo y las tareas hogareñas, principalmente, o con otras actividades como la carpintería y el comercio. Ocho terapeutas (cuatro curanderos, tres comadronas y un huesero) declararon que la práctica de la medicina constituía su ocupación principal. A juzgar por los datos recogidos —significativos, si se piensa que se trata de personas cuya edad promedio era de 55 años—, el idioma mame ha cedido lugar a la comunicación en español, pues 75% de los entrevistados eran monolingües de español y el 25% restante era bilingüe de mame y español, pese a que todos se consideraban indígenas. Quizás en esto influya el hecho de que casi el 50% declaró saber leer y escribir.

Variadas fueron las especialidades médicas encontradas al interior del grupo de informantes: predominaban los curanderos, que a veces combinan su práctica principal con la de hierbero; de ellos, las mujeres duplicaban a los hombres en número (ocho frente a cuatro), con una edad promedio de 53 años. Además de los curanderos-hierberos, existe el espiritista clarividente, la huesera que "hace la diligencia" y la partera "que detiene los abortos con tes", como especialidades curanderiles. Numerosas fueron también las formas de aprendizaje detectadas, entre las que destaca la enseñanza impartida por otro curandero vinculado estrictamente al mismo núcleo familiar del aprendiz; el autoaprendizaje, que muchas veces surge como expresión de necesidades o de urgencias; el sueño y la posesión de un don que se trae de nacimiento y, finalmente y en mucha menor medida, los cursos impartidos por instituciones oficiales.

Los curanderos señalaron que los padecimientos gastrointestinales constituyen el primer motivo de demanda: diarrea, diarrea con vómito, solitaria, gastritis, infección intestinal y estomacal, etcétera. En segundo lugar, estos terapeutas mencionaron los síndromes de filiación cultural, entre los que destacan: susto (at junt tat sust), mal de ojo, empacho, caída de mollera, hechicerías y "defensa espiritual". Entre las causas relacionadas con la reproducción femenina, se mencionaron: embarazo, aborto y parto (machi tzul junt tatal).

Por último, refirieron enfermedades como calentura, dolor de estómago, dolor de cabeza, hemorragia, hemorragia nasal, azareo, azúcar, dolor de oído, recogimiento, tos, tos ferina y paludismo. El procedimiento adivinatorio conocido como "según lo que salga en el hueso" también forma parte del repertorio de conocimientos de este grupo de terapeutas.

El segundo conjunto de especialistas mames, en orden de importancia numérica, es el de las parteras. El grupo entrevistado tenía una edad promedio relativamente elevada (65 años) y fue posible distinguir varias especialidades, complementarias a la labor general que desempeñan: acomodadora, "recoge chamacos", sobadora y levanta mollera, actividades que pueden darse solas o conjuntas (levanta mollera-sobadora, por ejemplo). También entre las parteras el aprendizaje en el seno de la propia familia es la forma más común de adquisición de los conocimientos, seguido del autoaprendizaje y, eventualmente, los cursos que las instituciones oficiales de salud imparten esporádicamente en la región. La partera es solicitada para la atención de lo que, genéricamente, denominan "el trabajo de parto", entendiendo por esto el conjunto de actividades que se deben desarrollar para lograr que la parturienta se "alivie" de la mejor y más rápida manera posible, y que incluye el acomodamiento del niño cuando viene sentadito y no puede nacer" (tilot tzul tal o churj), y las maniobras para el alumbramiento. Las parteras son requeridas, asimismo, para curar los casos de caída de mollera.

El tercer grupo de terapeutas mames está constituido por los hueseros, quienes también aprenden en el seno familiar bajo la tutela de un curandero guía, aunque es común el autoaprendizaje logrado empíricamente. Los hueseros consultados eran todos adultos maduros (su edad promedio fue de 62 años) y su actividad se concretaba exclusivamente al tratamiento de afecciones musculoesqueléticas, tales como las quebraduras, zafaduras, desviaciones y desbrinzaduras.

Un porcentaje muy pequeño declaró ejercer distintas profesiones; el estudio registró dos espiritistas, un especialista en ciencias ocultas, un inyectador, un chimam, un naturista y una hierbera. Los mames caracterizan al espiritista como "el que cura por medio de Dios" o "el que entra en trance"; se trató, aquí, de dos terapeutas de sexo femenino, cuya edad promedio era de 40 años, y a quienes la población consultaba para tratar afecciones provocadas por "los malos espíritus", así como los casos de "llamado de susto" y mal de ojo, además de diarrea, vómito, ataque de lombriz y alferecía, concebida como una fiebre cerebral. El especialista en ciencias ocultas era un terapeuta de sexo masculino, de 28 años de edad, que "aprendió por medio de Dios" y declaró atender afecciones de la vista (tot just), dolor de cabeza (gotico tui), supuración de los oídos, "hidratación de demea" (probablemente, edema), infección de todo el cuerpo, picazón en el cuerpo, inflamación de riñones e indigestión, así como desequilibrios causados por malas influencias. El inyectador era un terapeuta de 70 años de edad, especialista en inyectar ampolletas y sueros, que aprendió solo el arte de curar y cuyos servicios eran requeridos también para tratar cortadas, golpes, dolores de cabeza y diarrea. El chimam ("el que defiende la maldición"), un hombre de 65 años de edad, descubrió su vocación cuando se enfermó "de aire", y declaró ocuparse solamente de las maldiciones (nam Dios). El naturista entrevistado, de 36 años de edad, era un especialista en captar la enfermedad por medio del ojo (posiblemente un iridólogo), y aprendió su oficio con otro médico, también naturista; la población solicitaba sus servicios en casos de derrame de bilis, fiebres del organismo, paludismo, enfermedades de la mujer, ataques epilépticos e infecciones intestinales. Finalmente, el estudio detectó sólo una hierbera, de sexo femenino y de 57 años de edad, especializada en tratar enfermedades del oído, calentura, dolor de cabeza, dolor de estómago y "embolio".

La tercera parte de los médicos tradicionales entrevistados declaró atender semanalmente a más de 10 pacientes, tanto de la propia localidad de residencia como de comunidades foráneas. La mayoría de ellos dedica buena parte del día a las actividades curanderiles, ha ejercido su profesión por más de 20 años y, al momento de la encuesta, no pertenecía a ninguna de las organizaciones de médicos tradicionales existentes en la región.