Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Cometa

Lengua Indígena: Maya ikom ne, cometa caudado; kak noh ek, cometa grande (1). Náhuatl citlalin popoca, estrella humeante; citlalin tlamina, estrella fugaz, estrella flecha fugaz; xihuitl, cometa que cae (1). Tzotzil xohom’ k’anal, estrella rayo de luz (1).

Fenómeno representado por una bola de fuego celestial, concebida como la excreta de los dioses. El vocablo castellano es usado para denotar tanto a los cometas —es decir, los astros luminosos que están en la órbita del Sol—, como a los meteoritos o estrellas fugaces, que son los fragmentos de roca que se queman al entrar a la atmósfera terrestre (1); no obstante, en ciertas lenguas indígenas, particularmente el náhuatl, se usan palabras o frases distintas para los dos fenómenos. Su aparición presagia guerras y calamidades, y, de hecho, en la historia de México hay ciertas coincidencias entre la aparición de cometas y el inicio de conflictos armados. Las crónicas indígenas del siglo XVI mencionan la irrupción de este fenómeno en el cielo del valle de México unos pocos años antes de la Conquista española; en 1910, el cometa Halley se observó en casi todo el hemisferio norte, incluido México, y poco tiempo después estalló la Revolución.

Por lo general, las estrellas fugaces y los cometas se consideran las heces de los dioses. Esta idea está reportada para las comunidades tlapanecas de Guerrero, chontales de Oaxaca, y tzotziles, tzeltales y tojolabales de Chiapas. Los totonacos de la sierra Norte de Puebla discrepan un poco, ya que consideran que los cometas son la orina de los dioses. Los mayas suponen que los astros son en realidad las colillas de cigarro, o bien, las flechas arrojadas por las deidades de la lluvia. En este sentido, mencionan que durante la noche los balamo’ob disparan dardos de obsidiana, llamados Piliz-dzoncab, contra ciertas entidades malignas (2) (V. balam). Posiblemente, dichos proyectiles mágicos aparezcan en forma de estrellas fugaces, ya que en las mitologías mayenses, hay una estrecha relación entre la obsidiana y los meteoritos (1).

Existe cierta ambivalencia en cuanto a los efectos nefastos o benéficos de los cometas y las estrellas fugaces. Los huaves creen que donde cae un meteorito, cunde la enfermedad y la muerte. Los popolucas se cuidan de no señalar a uno de estos cuerpos celestes con el fin de prevenir una erupción incurable de la piel. Similar creencia tienen los tzotziles, con la salvedad de que las estrellas fugaces peligrosas son aquéllas que aparecen antes de las 12 de la noche; las que caen después de esta hora dejan fragmentos muy apreciados por sus cualidades terapéuticas (1). Algunos integrantes de esta etnia también creen que los aerolitos y cometas son las tonas o kibales de ciertos brujos, y su aparición en el firmamento es considerada nefasta porque puede desencadenar un eclipse (3) (V. zapotecos, estos eventos astrales se conciben como las almas de los muertos que deambulan por la noche, o bien, como unos entes protectores llamados brujos de lumbre, que por lo regular son benéficos pero llegan a despedir un aire enfermante, conocido como aigre de hora (4). El papel desempeñado por los aerolitos entre los tepehuas y los nahuas de la sierra Norte de Puebla es provechoso, ya que son disparados por los dioses siderales para matar a los animales nocturnos peligrosos ?idea similar a la de los mayas en cuanto a los balamo’ob. Entre estos grupos existe la creencia de que durante la noche las piedras se convierten en jaguares para devorar a los humanos. Se piensa que las piedras con hoyos alguna vez fueron animales mágicos, muertos por los disparos de los dioses siderales. Dichas piedras son muy apreciadas por sus cualidades curativas (5).

Índice de Autores

(1) Köhler, U., 1989.

(2) Baqueiro López, O., 1983.

(3) Pozas Arciniega, R., 1969.

(4) Kearney, M., 1971.

(5) Sandstrom, A. et al., 1986.

DM