Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Contagio

Sinónimo(s): Inconoso (1), pegadizo (2). Lengua Indígena: Huasteco tha’ux, tha’uwal (3). Matlatzinca kuyb’alal (4). Maya haway, k’am yah (5). Náhuatl maua, pasar a alguien una enfermedad contagiosa (6 a 8).

Dícese de aquellas enfermedades o esencias enfermantes que se trasmiten de una persona a otra, o bien, originadas en un cadáver, un animal o una planta y trasferidas a una persona. En el discurso médico popular, sus connotaciones son más amplias y abarcadoras que la infección microbiana, aunque ésta también es considerada por los terapeutas populares como una de las particularidades del contagio (4) (9). Por lo regular, las esencias trasmisibles son corrientes frías o calientes, aires y/o inmundicias (V. aire, brujería, enfermedad y frío-calor). Por ejemplo, se piensa que las embarazadas emanan calor que puede enfermar a un tercero (V. embarazo), los cadáveres irradian aires enfermantes, y algunas prácticas de brujería consisten en enviar inmundicias para que se introduzcan en el cuerpo de la víctima. Los huastecos mencionan otras tres acepciones del término, aparte de las comentadas: a) si una persona se acerca a un enfermo, el contagio es muy probable, a menos de que dicha persona actúe como si el enfermo estuviese sano; b) si un borracho le habla de mala manera a una embarazada, puede contagiar su alcoholismo al niño por nacer, quien tendrá tendencias alcohólicas en el futuro; y c) las enfermedades se pueden contagiar a través de los lazos de afecto que existen entre el enfermo y sus familiares o amigos (3). Aguirre Beltrán informa que la población negra del país considera a los familiares de un enfermo sujetos susceptibles de ser contagiados, no tanto por la cercanía física con el paciente, sino porque los lazos de sangre implican una suerte compartida (10).

El curandero es la persona más expuesta al contagio por el estrecho contacto físico y espiritual que mantiene con la enfermedad (11), pues es él quien manipula al enfermo y a los elementos rituales necesarios para la curación. Está muy difundida la idea de que tales elementos, una vez utilizados, quedan impregnados de la enfermedad y, por lo tanto, pueden trasmitirla. Por este motivo, los materiales usados en una ceremonia curativa deben enterrarse o depositarse posteriormente en un lugar apartado (12).

En cuanto a enfermedades como el sarampión, la tos ferina y la viruela, y su carácter epidémico, y su masividad, a que todo el pueblo está expuesto a las mismas condiciones ambientales. Esta creencia la tienen los huicholes (11) y los purépechas (13), aunque algunas investigaciones hechas en este último grupo reportan que dichas enfermedades se conciben como resultado de la acción de microorganismos (14). Los tzotziles sostienen que las enfermedades epidémicas provienen de los pueblos ladinos y son acarreadas por el viento, especialmente cuando hay mucho ruido en la comunidad indígena (15).

No obstante ser parte del discurso médico de los curanderos y de sus pacientes, el término "contagio" no aparece frecuentemente en la literatura especializada dedicada a la medicina popular mesoamericana. Incluso, ciertos trabajos señalan una mayor consistencia en el uso de este término, que en el de otros tratados ampliamente en las etnografías, como son el frío y el calor. Por ejemplo, en un estudio realizado en Guatemala, se encontró que los curanderos encuestados presentaban mayor acuerdo en el carácter contagioso o no contagioso de un conjunto de enfermedades, que en sus cualidades frías o calientes (16). Sin embargo, algunos pueblos indígenas le dan más importancia al contagio que otros. Al analizar los resultados de dos trabajos realizados con la misma metodología de encuesta, uno referente a los tojolabales y el otro a los purépecha, sobresale que los primeros reconocen un mayor número de enfermedades contagiosas que los segundos (2) (13). Además, se ve que a ciertos síndromes de filiación cultural mencionados por ambos grupos, como el mal de ojo y la brujería, los tojolabales los consideraban contagiosos y no así los purépechas.

La idea de la contaminación ya existía en las concepciones médicas prehispánicas (6) (17). En la cosmovisión nahua, se encontraba estrechamente ligada al concepto de tlazolli, que significa literalmente suciedad o inmundicia, pero también denotaba una masa incoherente de retazos, producto de los procesos de descomposición, con potencialidad germinativa o creadora. Esta categoría abarcaba las secreciones corporales, las conductas inapropiadas, las alimañas, la actividad sexual, los malos olores, lo terrenal, el entorno natural circundante a los asentamientos humanos, el inframundo y el caos (6). La enfermedad de una persona se atribuía a una infestación de tlazolli, la cual, a su vez, era transmisible. (V. tlazol). Durante el siglo XVI, las órdenes mendicantes, encargadas de la evangelización indígena, utilizaron este término en sus misas y catecismos como símbolo de todo aquello relacionado con el pecado, en el cual incluían también a la enfermedad. El discurso catequista hizo énfasis, además, en la naturaleza infecciosa de la conducta pecaminosa, valiéndose de los vocablos nahuas tlazolli y maua. El resultado inesperado de este proceso evangelizador fue el reforzamiento de ciertas concepciones prehispánicas referentes al contagio, la enfermedad y la salud (6).

Índice de Autores

(1) Padrón Puyou, F., 1956.

(2) Furbee, L. et al., 1983.

(3) Alcorn, J. B., 1984.

(4) Fragoso, R., 1978.

(5) Barrera Vásquez, A., 1980.

(6) Burkhari L. M., 1989.

(7) Molina, A. de, 1966.

(8) Simeón, R., 1983.

(9) Villa Rojas, A., 1985.

(10) Aguirre Beltrán, G., 1963.

(11) Zingg, R. M., 1982.

(12) Dow, J., 1986.

(13) Young, J. C., 1981.

(14) Rangel, R., 1982.

(15) Guiteras Holmes, C., 1965.

(16) Romney, K. et al., 1986.

(17) Cardeña Vázquez, I., 1984.

DM