Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Mara’akáme

Huichol (1 y 2). También maracame (3) y ma sa’akame (4 y 5).

Terapeuta tradicional y/o brujo huichol cuya función rebasa el ámbito curativo, y se remite al de las relaciones sociales como jerarca y continuador de las tradiciones del grupo.

Su iniciación y aprendizaje es básicamente hereditario, de padres a hijos. El "don" o talento natural se manifiesta a temprana edad, pues un niño dotado mostrará más interés que cualquier niño común en los cantos y movimientos de los mara’akámes durante las distintas ceremonias; de esta forma, memoriza el legado cultural de la mitología huichola (1) (4 y 5). En un complejo proceso de formación que dura hasta veinte años, el aspirante se sujeta a abstinencias, penitencias y sacrificios (6). Debe poseer la capacidad de tener sueños revelatorios e ingerir el hikuli, hikuri o peyote (Lophophora williamsii) para entrar en contacto con las deidades huicholas (1) (4 y 5): nuestra madre (el mar), las madres de la lluvia, del cielo y de la tierra, nuestro padre creador (el Sol), nuestro abuelo (el fuego) y nuestros hermanos (el viento y el venado), entidades que se convierten en sus "apuntadores", es decir, aquellos que le indican los pasos a seguir (6 y 7). Es de gran importancia para el aspirante realizar la peregrinación a Wirikúta por cinco años consecutivos para colectar e ingerir el peyote (V. matewame y tuinuritte); ahí es donde empieza a establecer contacto con las deidades y con los antepasados. De esta forma, el nuevo mara’akáme se revela a su grupo y empieza una vida profesional que, conforme al prestigio que adquiera, puede traspasar los límites de su comunidad (6) (8).

Convencionalmente es posible distinguir dos tipos de mara’akáme de acuerdo con las funciones que desempeñan: aquellos que curan y aquellos que enferman mediante la brujería. Los primeros pueden a su vez ser subdivididos en los que curan cantando (V. cantor), de mayor prestigio que los que lo hacen sin cantar. Dicha función está condicionada por la ingestión del peyote para los que curan, y de kieli tewiali o toloache (Datura spp.) para los que poseen poderes dañinos (4 y 5).

La función del mara’akáme rebasa ampliamente la de un curandero común. En el campo de la salud se encarga de atender enfermedades cuya etiología se asocia al incumplimiento de las obligaciones religiosas, así como aquéllas causadas por brujería, para lo cual intercede ante los antepasados y dioses por la tranquilidad y salud del enfermo y de la comunidad. Desempeña un papel fundamental como autoridad moral ante demandas colectivas relativas a la vida cotidiana, productiva, política y religiosa del grupo (1).

Sus métodos y recursos terapéuticos conservan un cierto patrón cuyas variaciones dependen del tipo de enfermedad y de la gravedad de la misma, así como del estilo propio de cada terapeuta (9). El mara’akáme debe poseer la habilidad de soñar la causa de la enfermedad y la naturaleza del mal que aqueja al enfermo, la deidad ofendida y la sanción religiosa cometida (4). Los mará’akámes de mayor prestigio poseen como recurso medular, los cantos que interpretan entre ofrendas en largas ceremonias nocturnas, y en los que se repiten pasajes apropiados de la mitología huichola para invocar a sus antepasados y lograr el contacto, armonía, gracia y perdón de los dioses, a la vez que efectúan movimientos específicos con su plumero ritual (V. muvieris). Finalmente, el mará’akáme "recoge" la enfermedad mediante frotaciones y succiona con su boca la parte afectada, materializando la enfermedad en forma de diversos objetos (piedras, granos de maíz, espinas, pequeños animales, espuma sanguinolenta, etcétera) (1) (4 y 5) (V. chupar).

Si bien el peyote es fundamental para la iniciación de un mara’akáme curador, el toloache es la planta que debe consumir el brujo para obtener poderes dañinos. Igual que en el caso de los curadores, los brujos se pueden dividir en dos categorías: aquellos que embrujan cantando y los que lo hacen sin cantar. Los primeros también son llamados mara’akáme, y los segundos reciben el nombre de tiukiwaya. Ambos deben ingerir toloache para aprender su oficio, y el brujo cantor a su vez debe aprender a cantar mal los mitos, entre otras técnicas destinadas a enfermar a sus víctimas (4).

Índice de Autores

(1) Gutiérrez Gutiérrez, J. A., 1986.

(2) Anguiano, M. et al., 1978.

(3) Scheffler, L., 1986.

(4) Zingg, R. M., 1938.

(5) Zingg, R. M., 1982.

(6) Gutiérrez Gutiérrez, A., 1985.

(7) Scheffler, L, 1988.

(8) Benítez, F., 1976.

(9) Vázquez Castellanos, J. L., 1987.

SM