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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Huicholes (Wirraritari).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

El material concerniente a la medicina tradicional huichola fue recopilado entre terapeutas del estado de Nayarit, residentes en las comunidades de Paloma Primera, en el municipio de Acaponeta; El Naranjo, en el de Ruiz; El Saucito y Guinea de Guadalupe, en el de El Nayar; y Santa Bárbara, Zoquipan del Nayar y Colonia Zitakua, en el Municipio de Tepic.

Entre los huicholes, la práctica médica, como una oferta pública de servicios, atañe de manera exclusiva a la población de sexo masculino. Los terapeutas socialmente reconocidos son los mara’akáte (plural de mara’akáme), sacerdotes tradicionales con funciones mucho más amplias que las que atañen a un simple curandero capacitado para atender los problemas de salud de los habitantes de su comunidad. Más aún, los huicholes distinguen entre el curador que domina las formas superiores de medicina y aquel que solamente posee el conocimiento de la herbolaria medicinal, llamado tiyu’uayemave. Las representaciones más abstractas del pensamiento y de la historia huichola, así como el significado preciso de las figuras míticas, constituyen conocimientos del dominio de los mara’akáte. Son ellos los únicos poseedores del nierica, un atributo que los dota de una visión penetrante y que les permite reconocer la naturaleza de las enfermedades que atacan al pueblo huichol. El nierica a menudo es representado por un espejito o un agujero, a través de los cuales el terapeuta ve dibujos y canta lo que lee. Este atributo también lo capacita "para oír las palabras secretas de los dioses a través de sus antenas" que son, precisamente, su muvieris. Este mediador es un instrumento indispensable del armamentarium del mara’akáme, y consiste en una vara corta de uno de cuyos extremos cuelgan algunas plumas de águila atadas a un hilo; las propiedades de este animal, dotado de una visión extraordinaria, le son trasmitidas al sacerdote tradicional. Con él, el mara’akáme es capaz de reunir a la totalidad de los dioses del panteón indígena. Muchas veces al mara’akáme se le califica también con el término maunieri, el cual puede traducirse como "el que ve todo lo que está escondido lejos y descubre al malefactor".

Las formas mediante las cuales un miembro del grupo puede entrar en posesión del nierica dependen de las peculiaridades de la tradición familiar. Una de las vías empleadas consiste en la ejecución de un rito que se lleva a cabo en un espacio sagrado de la comunidad llamado tukipa o tokipa (e, incluso, tuki), en el que el futuro mara’akáme accede a un estado de trance revelador, ayudado por el jíkuri, el cactus alucinógeno conocido como peyotl o peyote en la tradición lingüística náhuatl. En cambio, en otras tradiciones familiares, se logra el mismo objetivo a través de la ingestión de un psicotrópico mucho más potente, llamado kieri o "árbol de viento".

Entre los huicholes, el aprendizaje de los conocimientos médicos subordina la vía empírica a la estructura y funciones de los estados oníricos y de éxtasis, y, en general, a los trances y enfermedades reveladores de la vocación. Quizás como en ningún otro pueblo, entre los huicholes predomina una concepción mística de la enfermedad y, complementariamente, de la curación. El mara’akáme logra la adquisición de su saber mediante diversos mecanismos; por un lado, su vocación le puede ser revelada a través de los sueños o mediante ciertas afecciones durante las cuales sus antepasados le comunican que pertenece a un linaje de chamanes y que, por lo tanto, debe prepararse para cumplir con su deber. En otras ocasiones, el conocimiento se trasmite directamente dentro del contexto familiar, en donde ya existe un mara’akáme; éste será el encargado de preparar personalmente a un niño desde pequeño, iniciándolo en la relación con los dioses y con los contenidos del universo simbólico. En este caso, los procedimientos iniciáticos pueden ser rigurosos: con frecuencia el niño es abandonado en determinados lugares sagrados, durante ciertos periodos de tiempo, con el propósito de que el dios habitante de dicho paraje le revele los conocimientos deseados. El aprendiz que ha sido sometido a esta clase de magisterio, sólo podrá completar su iniciación cuando haya asimilado las enseñanzas obtenidas de los dioses que habitan los lugares sagrados —Acuepa, Aramara, Atzarie, Chinamekuta, Kievimuka, Na’akuta, Ryapavilleme, Sakaimuka y Wirikuta—, y a los cuales un mara’akáme debe peregrinar. El mara’akáme que ha visitado estos sitios, incluida la famosa travesía a Real de Catorce, logra el reconocimiento como zaururricu, es decir, como poseedor del canto y de los máximos poderes curativos. En muchas de las ceremonias tradicionales del grupo, el mara’akáme, en su función sacerdotal, entona su canto sagrado (de ahí su designación de cantador), secundado por los demás participantes en el ritual; cuando el mara’akáme desepeña esta función, se le denomina popularmente man yáca.

Sin importar el método al que se recurra, la búsqueda de la vocación debe hacerse "con sacrificio", siguiendo las reglas y disciplinas establecidas por los antepasados, quienes lograron superar la condición humana y "legaron su energía positiva y creadora" a quienes desean emprender su misma ruta. Los huicholes ven en cada peregrino que acude a recolectar jíkuri o kieri, la encarnación de alguno de los antepasados.

Es preciso señalar que, aunque genéricamente el sacerdote tradicional recibe el nombre de mara’akáme, los huicholes distinguen varios tipos de éstos, según posean o no ciertos atributos o desempeñen determinadas funciones. Se designa con los nombres de cuautacuica, avierruki o auiexucuite a quien es mara’akáme mas no ha logrado el dominio del canto. Este segundo tipo de curador se reconoce como heredero de los favores de los dioses, pero no posee ni el prestigio del zaururricu, ni ha visitado la totalidad de los sitios sagrados. Según los habitantes de estas áreas, algunos sacerdotes tradicionales —llamados tunuame o tsaurixca— tienen la capacidad de materializar a los antepasados e, incluso, a los "sabios vivos", en forma de cristales de cuarzo o de piedritas (urucate). La población huichola considera que muchos mara’akáte pueden ser hechiceros (tiyuki ahueya o tiuteucome), actividad en general condenada socialmente.