Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Mayos (Yoreme).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

El material correspondiente a la medicina tradicional de los mayos se recabó mediante una encuesta, aplicada a 98 terapeutas indígenas, la mayoría de ellos del estado de Sonora —residentes en los municipios de Etchojoa, Huatabampo y Navojoa— y, en menor medida, de los municipios sinaloenses de Ahome, Choix, Guasave y El Fuerte. Un dato significativo, en lo tocante a la composición de la muestra, es el hecho de que predomina el género femenino entre los curadores; en efecto, 62 informantes eran mujeres, mientras que sólo 36 eran varones. Por otro lado, es posible inferir que el corpus médico mayo está custodiado por las personas más viejas de la etnia, puesto que, en promedio, los entrevistados tienen 59 años de edad. Quizá por eso mismo, el 34% de los informantes ya no trabaja los campos, y su manutención deriva exclusivamente de sus actividades como terapeutas tradicionales. No obstante, el 30% aún labora sus sementeras, mientras que un 32% se dedica a las actividades hogareñas. La pesca, la música y ser miembro del consejo superior mayo son otras de las tantas ocupaciones propias de los médicos aquí considerados.

Si bien ya se anotó el promedio de edad del grupo en cuestión, falta pormenorizar su trayectoria, es decir, cuánto tiempo llevan ejerciendo la profesión de curador: el 60% lo viene haciendo desde hace más de 20 años, mientras que el 40% aún no cumple las dos décadas en estos menesteres.

No es de extrañar que quienes practican y difunden un conocimiento ancestral, como lo es el de la curación, pertenezcan al sector de la población menos aculturado. Así, la mayoría de los terapeutas sólo hablan el mayo, y apenas unos cuantos son bilingües; de estos últimos, la mitad son analfabetas.

Ahora bien, el término curador se usa aquí sólo para fines expositivos; los mayos incluyen en esta categoría a sobadores, parteras, curanderos, "hermanos espirituales", hueseros y limpiadores. Aproximadamente la mitad de los encuestados se declaró oficiante de la primera especialidad. Al considerar a los sobador (guibalero) como un subconjunto de la muestra de 98 terapeutas, destaca el hecho de que este subconjunto comparte ciertos indicadores con el grupo mayor. Por ejemplo, el promedio de edad es de 60 años, casi el mismo que el de la totalidad de los informantes; por otra parte, también entre los sobadores hay dos veces más mujeres que hombres. Huelga decir que dichos especialistas atienden afecciones musculoesqueléticas, como son quebraduras, desconcertaduras, desviaciones de discos de la columna, desligamientos, desconcertaduras de hueso y nervio, lastimadura de huesos, torceduras, reuma (toopuiguariam u otoguantia), "boca chueca", torcedura de nervios, fracturas, zafada de hueso y dislocamiento. Sin embargo, su quehacer médico también incluye el alivio de ciertos síndromes de filiación cultural, como son: caída de mollera (choguam nanama o gluaquecam chowa), susto (gomtiriú), latido, sofocamiento o sofocado, (jabot-sila), empacho, (potila) y "tripa" (se won tila), padecimiento este último que lleva implícito como causa un susto que daña directamente el sistema nervioso y al tracto digestivo; también enfermedades gastrointestinales entre las cuales destacan corrimiento, basca, (bisaria), inflamación del estómago y diarrea, (borotinake, juneli o jojove). El dolor de muelas, el de cabeza (coba guantiria jijito), "oídos", "niños pujones", "locura", "azúcar en la sangre" y alcoholismo son otras de las muchas dolencias que cura el guibalero. Además, presta sus servicios a embarazadas y parturientas, y las sana de complicaciones tales como la matriz caída (matriz yeucinpla). Su repertorio de técnicas curativas no sólo se circunscribe a masajes, ya que también receta purgas.

El sobador, por lo regular, aprende su arte de un maestro; sin embargo, muchos informantes señalaron que aprendieron solos. En menor medida, los entrevistados indicaron que recibieron una señal iniciática, como la aparición de una divinidad, o bien nacieron predestinados para ejercer su oficio. Algunos de ellos mencionaron la lectura de libros o la asistencia a cursos médicos como parte de su formación, pero dichas menciones fueron escasas.

El segundo grupo de especialistas con mayor número de integrantes es el de los curanderos (jittolero). También entre ellos la edad promedio es de 60 años; sin embargo, a diferencia de lo que sucede con los sobadores y con la muestra total de terapeutas, hay más hombres curanderos que mujeres. En este gremio de médicos mayos destacan varias subespecialidades, como son las de "curandero espiritual", "clarividente de la medicina mayor", "curandero de raíces vegetales" (yurem jitttua), "curandero de gracia", "curandero de los pobres", "médico sobador" y "sobador o "curandero de tripa" (siguam en nanama). Salta a la vista la estrecha relación del curandero con el sobador y el hierbero en cuanto a sus quehaceres, lo cual dificulta una nítida separación entre los tres tipos de terapeutas (V. jiteeberi). No obstante, se consulta al jittolero para curar diversos síndromes de filiación cultural: susto, latido, mal puesto, empacho, alferecía, "aigrados" y caída de mollera. Con menor frecuencia también trata otro tipo de causas de demanda de atención, como diabetes, reuma, sobada de tripa (V. sofocado), dolor de cabeza, trastornados de la mente, alta presión, debilidad, nervios (cacococha ta kene jijito), llagas (sagua), dolor de riñón (riñon guantiriata kachi), dolor de los ojos (uguan tiriam, ardor de pies (vobetiriata), matriz caída, resfríos, bronquitis, gripe, tuberculosis (tiisiicoo), irritación de la piel (kinata ere jijito taka vashi), "muelas", boca chueca, matriz caída y "libera de todo lo malo". Para estos especialistas, el curar es un don que se tiene desde el nacimiento; el neófito recibe un mensaje del más allá que le revela su destino; al cabo de unos días comienza a tener sueños donde "ve" los remedios y los procedimientos curativos. Esta parece ser la generalidad en cuanto a la obtención de conocimientos médicos, pues fueron pocos los curanderos que dijeron haber aprendido con un maestro, omo sucede entre los sobadores.

Integrado casi en su totalidad por mujeres, el grupo de partera difiere de la muestra total y de los subconjuntos arriba mencionados —los sobadores y los curanderos—, puesto que el promedio de edad es de 67 años. Como su nombre lo indica, estas representantes de la medicina tradicional mayo se dedican fundamentalmente al diagnóstico y control del embarazo, atención del parto y cuidado del niño. A la vez, alivian el dolor después del parto, el empacho de la mujer en dieta, la matriz caída, la inflamación de los ovarios y la "hemorragia en la mujer" (oboino ino peute ilikica). Entre ellas hay distinciones en lo tocante a las especialidades que dominan; así, existen la partera "saca niños" (jamo asua annia me usiyem guitia), la empírica, la que atiende "a mujeres primigestas", la consultada "para acomodar niños" y la enfermera. Son pocas las que además manejan conocimientos propios del sobador o del curandero; sin embargo, las hay, y entre las enfermedades que atienden destacan: caída de mollera, susto, empacho, diarrea, vómito, "jalar los corrimientos", calentura (tata taria), pulmonía, paludismo, diabetes (diabetita jipure abeco), sueño durante el embarazo (juconaque tusi, heridas, úlceras, llagas y descomposturas de huesos.

Además de estas tres especialidades, la encuesta puso de relieve otras de menor importancia. Unos cuantos de los sujetos entrevistados se denominan a sí mismos "hermanos espirituales" (yurem merico), y están especializados en el tratamiento de anemia, nervios, úlceras varicosas, reuma, problemas del corazón, asma bronquial, abscesos, tos y llagas. Otros se dicen componedor de huesos; alivian fracturas, luxaciones y demás traumatismos e, incluso, algunos de ellos hacen "trabajo de parto". Por último, el limpiador es quien descontamina al enfermo de aquellos síndromes de filiación cultural en donde la causalidad del mal radica en la penetración de sustancias polutas al interior del organismo.

El 93% de los encuestados declararon no pertenecer a ninguna organización de terapeutas tradicionales, a pesar de que en el territorio mayo existen dos gremios de este tipo, a saber: la Organización de Médicos Indígenas Tehueka Annia Jitteber "Yoreme Mayo" de Sinaloa (OMITAJYMS) y la Agrupación de Médicos Tradicionales de la Región Mayo de Sonora (AMTIRMAS).