Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Mazahuas.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Aunque por efectos de la migración es posible localizar hablantes de la lengua mazahua en numerosos estados de la República Mexicana (Baja California, Guanajuato, Sonora, Chihuahua, Durango, Morelos, Querétaro, etcétera), este grupo se concentra, fundamentalmente, en el Estado de México, y en Michoacán y el Distrito Federal. En concordancia con lo anterior, los terapeutas tradicionales a los que se consultó durante la realización de este estudio residían en localidades de los municipios de Atlacomulco, San Felipe del Progreso, Villa de Allende, El Oro y Temazcalcingo en el Estado de México, y de Zitácuaro en Michoacán. Siguiendo un patrón más o menos afín al del resto del país, las terapeutas tradicionales mazahuas entrevistadas eran en su mayoría (73%) mujeres dedicadas a las actividades hogareñas y, en menor medida, a las tareas del campo; en contraste, el 76% de los terapeutas varones combinaban la práctica de la medicina con las faenas agrícolas. Los terapeutas que a su vez eran carpinteros, albañiles, comerciantes o tenderos, constituyeron un pequeñísimo porcentaje. Cabe señalar que en ningún caso la práctica de la medicina tradicional era considerada una fuente significativa de ingresos; la mayor parte de los médicos que colaboraron señaló que se dedicaban a ella de manera parcial, sin fines de lucro, y que lo que eventualmente podían recibir no constituía un complemento de la economía doméstica.

Si bien los mazahuas han mantenido un contacto importante con las lenguas de los pueblos vecinos, la gran mayoría de los médicos indígenas encuestados eran monolingües; un segundo grupo estaba formado por bilingües de mazahua y español, y un tercero por hablantes de mazahua, español y otomí.

Como en otros pueblos indígenas, entre los mazahuas es alto el porcentaje de médicos sin o con niveles muy bajos de educación escolarizada: más del 50% no había concurrido nunca a la escuela, y el resto no había logrado concluir los estudios primarios. Algunos de ellos sabían leer y escribir como resultado de prácticas autodidactas. El grupo mazahua reconoce varios tipos de terapeutas, situación que fue corroborada por las encuestas; en orden descendente de importancia numérica, se registraron: parteras, hierberos, hueseros y curanderos, así como un pequeño grupo —generalmente especializado en algún tipo de padecimiento o práctica— de sobadores, limpiadores, adivinadores e inyectadores. La partera (casi la mitad de los entrevistados) es designada en lengua mazahua con la expresión y’iara yori, traducida al español generalmente como "matrona". Los informantes distinguieron seis tipos de y’iara yori, "acomoda niños", "sobadora", "acomoda niños de pie", (especialista en) "caída de testículos", "limpia quebraduras" y "hierbera". La forma más común de aprendizaje es de carácter doméstico tiene lugar en el seno del hogar a través de mecanismos de transmisión oral por parte de la abuela, la madre o la suegra, y sólo se hace efectiva cuando se considera que la aprendiz mazahua tiene la madurez suficiente como para afrontar los retos de ser una y’iara yori. En ocasiones, sobre todo si no hay antecedentes de familiares conocedores del oficio, la futura partera aprende con otra partera de la comunidad, según formas canónicas. Cuando la vía es la del autoaprendizaje, y éste resulta exitoso, se estima que ha mediado una revelación de la gracia divina, en la que "el Altísimo Señor" le dice a la y’iara yori" cómo atender los partos y curar las enfermedades. La edad promedio del grupo de parteras encuestadas era de 53 años, y el tiempo de ejercicio de la profesión, también promediado, fue de 21 años.

Las causas de demanda de atención por las que son solicitados los servicios de las parteras mazahuas no se limitan al embarazo, el parto y el posparto, sino que también incluye el tratamiento de diversos síndromes de filiación cultural (maldad, mal de ojo, mal aire o aire sexual trasmitido por otra persona) y de enfermedades del aparato digestivo (como la diarrea o nac’dij’i, y el vómito o renyoc’). Es frecuente la demanda para el "acomodar al niño", la atención del parto (ayurin, en mazahua) y, en menor medida, el tratamiento de la calentura y la realización de limpias.

El segundo grupo de terapeutas por orden numérico —poco más de un cuarto del total de los entrevistados— está constituido por los hierberos, que son designados con el vocablo d’iete. Entre los mazahuas, la profesión de hierbero se caracteriza por estar vinculada a otro tipo de práctica: la de terapeuta doméstico o familiar, o bien la de limpiador, cura empacho, inyectador o, incluso, curandero. Los hierberos registrados en el estudio mostraron promedios de 45 años de edad y de 19 de dedicación a la profesión, y, en general, habían aprendido las distintas formas de diagnóstico y curación de las enfermedades —y, sobre todo, de las diversas propiedades curativas de las plantas— en el ámbito familiar o comunal, salvo un caso en el que el terapeuta declaró haber recibido los conocimientos del sacerdote católico de la localidad. Los hierberos atienden usualmente diversos padecimientos del aparato digestivo (como diarrea y disentería), afecciones respiratorias (tos, bronquios) y dolores de espalda y dolor de pies.

Los mazahuas utilizan, esencialmente, dos expresiones para designar al huesero: un jo ku ye nzhod ’ie y nzho’die (éstos constituyen el tercer grupo de agentes de la medicina indígena: 10% del total de la muestra). El oficio de nzho’die es exclusivamente masculino, se adquiere mediante el aprendizaje con un huesero de mayor experiencia, en el seno de la familia, combinado con "su propio pensamiento y con la ayuda de Dios". Hay quienes se inician atendiendo a los animales que presentan alguna lastimadura o lesión, y luego a las personas que sufren percances músculo-esqueléticos. Los promedios de edad y de ejercicio de la profesión fueron de 61 y 19 años, respectivamente. Las afecciones que son atendidas por estos terapeutas son numerosas y extremadamente variadas. Por orden de frecuencia se consignaron todas aquellas referidas al sistema musculoesquelético: curar los huesos y rotura o quebradura de huesos (orabincua), fractura de una pierna, infección de la fractura, torcedura, torcedura de nervio, zafadura, columna mala, dislocadura u oñhontrincua, (curación de la cintura), desviadura y contusión. Los hueseros tratan, además, algunas otras dolencias que no se manifiestan siempre con claridad en algún aparato o sistema: infección del estómago y de la sangre, relajado de los testículos, parálisis, diabetes, cáncer de herida infectada, cáncer de los huesos y mala circulación, así como padecimientos del aparato digestivo (bilis, por ejemplo) y síndromes de filiación cultural (de manera relevante, el susto).

Menos numerosos entre los mazahuas son los curanderos, requeridos sobre todo para el tratamiento de enfermedades del aparato digestivo (diarrea, detenciones, vómito), del sistema musculoesquelético (quebradura de huesos y huesos desconchavados: orabincua y oñhontrincua), complicaciones del parto y del posparto, así como afecciones respiratorias (angina o nalangisi, hervidillo de pecho y pulmonía o nisho tehe) y erupciones dermatológicas (granito del campo o un besque shausha rouba oh’m); asimismo, es requerido para diagnosticar ciertos padecimientos y efectuar limpias.

Las profesiones menos numerosas son las de nu kjuax’y (sobadoras, con especialidad en el tratamiento de las anginas), yo trijimi ye nte’e o limpiadoras diestras en "sacar la enfermedad", y nu para yo kja ra kjoq u, expresión que los informantes traducen como adivinadores, y que puede ejercerse junto con otras prácticas, como la de hierbero o inyectador.