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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Purépechas.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

La importancia de los terapeutas purépechas se encuentra atestiguada desde los tiempos precortesianos. Habitantes de diversos entornos ecológicos, los médicos purépechas son profundos conocedores de una vasta flora medicinal con características definidas, tanto en la región lacustre como en la amplia meseta tarasca. Llama la atención a primera vista el claro predominio cuantitativo de la mujer dedicada a actividades curanderiles; en efecto, poco más del 70% de los terapeutas entrevistados en este estudio son del sexo femenino. Por otra parte, la mitad declaró no saber leer ni escribir. El grupo actual de curadores tradicionales purépechas es, para los patrones demográficos indígenas, de edad avanzada (58 años, en promedio), tendencia que parece haberse acentuado en las últimas décadas, pues no se advierten signos importantes de un interés de las generaciones jóvenes por este tipo de actividades. Esta situación crea dificultades a aquellos grupos de población que carecen de servicios. En nuestra investigación, se encontraron muy pocos jóvenes dedicados al ejercicio de la medicina tradicional, mientras que fue abundante el sector de terapeutas que declaró haber desarrollado su práctica por periodos que iban de los 25 a los 45 años.

Otra característica relevante del grupo entrevistado fue el predominio del bilingüismo (purépecha-español), mientras que una quinta parte de los entrevistados sólo hablaba la lengua indígena, y un pequeño porcentaje se comunicaba exclusivamente en español. El número de pacientes que atiende cada terapeuta es muy variado, pues se encontraron casos en donde se solicitaban los servicios del curador una vez a la semana, mientras que en otros esta cifra ascendía a 18. No se encontró un patrón de correspondencia entre número de consultas y edad del terapeuta. En cambio, apareció como relevante el tipo de práctica o especialidad desempeñada, destacando claramente los curanderos por sobre todos los otros terapeutas; el grupo de las parteras, quizás en razón de la especificidad de su labor, resultó el menos consultado; no obstante, las mujeres que se dedican a la partería suelen ser muy requeridas, especialmente cuando atienden otros padecimientos diferentes a los de la esfera ginecoobstétrica. En general, se advirtió que son consultados con frecuencia aquellos que se dedican a la atención de ciertos síndromes de filiación cultural y que incluyen la realización de limpias, los que atienden casos de caída de la mollera y aquellos que son conocidos como "saca rifas".

Siguiendo un patrón más o menos usual, los terapeutas purépechas combinan la realización de labores productivas (campesinos, artesanos, pescadores, comerciantes) con la práctica médica, y, coherente con el dato que destacaba la importancia de las mujeres, un gran número de ellos se dedica predominantemente a las labores hogareñas. El ingreso económico que les proporciona la actividad curanderil es, en términos generales, muy bajo, incluso para los estándares de los campesinos pobres. En los únicos casos en los que se declaró que la práctica médica constituía la ocupación principal, se trataba de parteras que, al parecer, consideraban esta actividad como un trabajo, más que como un servicio comunitario.

En orden cuantitativo descendente, los grupos de especialistas registrados fueron los siguientes: curanderos (tsinajpiri, shurhíjki, eshperi), parteras (pikurpiri), sobadores (parhijpiri), brujos (sikuame), hueseros (sesiatsintani unincha, kuturantani uni), hierberas (mamar jarati huitzakua mitiasti, mamar jas huitzakua jamantspini) y especialistas que se dedican exclusivamente al tratamiento de la caída de la mollera (ukata, traducido por los informantes como "mollerera").

El curandero (tsinájpiri, shurhíjki, eshperí), que rara vez ejerce esta actividad aisladamente, suele atender un grupo variado de padecimientos, entre los que destacan: mal de ojo —skua úkata (lit. "ojo hecho"), skua ukukun, jurhejkuata o, simplemente, "ojo" (sua)—, levantar molleras (pochakpiti jurhiata jimbó, jurhiata pakua, jurhiata pakata jimbó, jurhiata vecopan) y, en menor medida, quemadas (aparhitakatá); en segundo lugar, encontramos un conjunto numeroso de procedimientos de tipo diagnóstico y terapéutico, en el que sobresalen las limpias (phikurhpitsi, phikureantan, chetaka no sesi jas), "sacar rifas" (rifa phikori o rifa phikuri), cartomancia y "corta maleficios". Otras especialidades que van unidas a la de curandero son: partero, hierbero (mamar jarati huitzakua mitiasti, mamar jas huitzakua, jamantspini), brujo o "médico de campo" (sikuáme, shikuápiri), sobador (prhijpiri, jeiarhpiri), huesero (ssi atsintani unincha, kuturantani uní), "mollerera" y adivinador o adivino. Como puede verse, los integrantes de este grupo de médicos indígenas ejercen, por lo general, más de una especialidad. Los curanderos tratan un conjunto amplio de afecciones que, usualmente, constituyen la morbilidad más frecuente de los habitantes del área purépecha; reciben enfermos de fístula (enfermedad infecciosa de la piel), anginas, almorragia y punzadas (denominaciones del sangrado vaginal), hidropesía, dolores de cerebro, dolor de cuerpo, dolor de muela empacho (kunikua, kúnini), empacho de calor, frío en el estómago, infección del estómago o fiebre intestinal (tertsikua), parásitos, várices y eventualmente congestión. Es interesante consignar las causas de demanda de atención relativas al oficio de los curanderos saca-rifas, quienes, además de atender casos de mollera caída y mal de ojo, y de ejecutar prácticas tales como las limpias, se ocupan de sacar los maleficios que provocan la "mala enfermedad", así como "hacer que regrese el marido", "que no la deje el querido", limpiar la casa para sacar las "cochinadas", "hacer regresar el mal" a quien lo envió y curar la esterilidad o, en sus propias palabras, hacer todo lo necesario "para que una mujer pueda encargar". Los curanderos brujos y curanderos médicos de campo —personajes bastante temidos y, no pocas veces, desprestigiados por los propios purépechas— atienden sobre todo un grupo particular de disfunciones: espanto, ataques (atak), loquera (tanto siikua), nervios (chechesi), parálisis (shkekua), "mal oficio" (no sesi phamenchakua), "borrachera de la cabeza" (tarhíata piráni), reumas (tsirari piráni kuanapikuicha), calambres (shinguari jimbó), embolio y estirado del cuerpo (antsír-hukuni); también se ocupan de la ejecución de prácticas tales como hacer limpias en las casas y adivinar (phiárakuni).

El segundo grupo de terapeutas numéricamente más importante es el de las parteras —designación que en lengua purépecha corresponde a pikurpiri, chepiri, uariti chepen o chepiti—, llamadas a veces también shurhíjki, como el curandero, e investidas de otras funciones además de las ginecoobstétricas. Profesión esencialmente femenina, un alto porcentaje de las entrevistadas (alrededor de un 40%) ejercen la partería como única profesión; el 60% restante combina la actividad de partera con la de curandera, sobadora, levantadora de mollera o curadora del mal de ojo. Entre las causas de demanda de atención que competen a esta terapeuta, podemos mencionar la vigilancia del embarazo, la atención de la parturienta, el aborto y las enfermedades infantiles más comunes (caída de la mollera, mal de ojo y torzón de niños); otras afecciones que llevan a los habitantes de las áreas purépechas a solicitar sus servicios son: torzón de niños, el espanto, el latido (terokan), el torcido del cuerpo, los dolor de cuerpo, el resfrío y las dolencias usuales del aparato digestivo: diarrea (teruamakua, pátskua), vómito, empacho de calor y bilis.

Una tercera categoría de terapeutas es la de los hueseros, profesión que, aunque muchas veces acompaña a la de curandero, otras aparece en forma independiente. Es una especialidad de corte masculino que se ocupa de las causas de demanda de atención relativas a las afecciones musculoesqueléticas, tales como: "torcido del cuerpo", torcido del cuello, estiramiento de la cintura, calambre del cuadril, calambre de la pierna, falseado de la mano, falseadura del tobillo, falseado de los dedos del pie), quebradura de huesos y várices.

Varias son las formas de aprendizaje que se detectan en la formación del médico purépecha. Destaca, por su importancia cuantitativa, la trasmisión de conocimientos por medio de algún familiar: de los 64 informantes consultados, más del 50% afirmó haber aprendido el arte de curar enfermos gracias a los oficios de un pariente cercano. Un grupo menor de terapeutas señaló que había adquirido sus conocimientos de otro curandero con el que no le ligaban relaciones de parentesco alguno. Entre los que recibieron su saber de otro curador, destacan las especialidades de partera y de hierbera, modalidades terapéuticas en las que difícilmente se logra un dominio de la profesión basándose exclusivamente en la experiencia propia e individual.

Un porcentaje relevante de terapeutas (11%, la mayor parte hueseros y parteras) afirmó haber aprendido a curar al tener que enfrentar una emergencia; se entiende, en muchos casos, que en el suceso intervinieron fuerzas sobrenaturales que asistieron al aprendiz, como lo atestigua este relato hecho por un huesero: "aprendí por una urgencia con un amigo que se torció el pie; pero yo no sabía cómo. Entonces me encomendé a santa Eduviges, lo atendí y él se curó. Después comencé o soñar con la santa, la cual me enseñaba cómo hacerle y cómo preparar los remedios" (V. sueño). En algunos casos, el acontecimiento sobrenatural —en el que el terapeuta aprende mientras sueña, y es la virgen o Cristo quien se encarga de enseñarle— es la única fuente del aprendizaje.

La adquisición de los conocimientos médicos por interés personal, a la que el terapeuta se ve impulsado la mayor parte de las veces por necesidades económicas, fue mencionada por el 22% de los informantes. Por iniciativa propia, estos terapeutas buscaron aprender a curar, ya sea utilizando para ello las experiencias personales, ya sea mediante la participación en cursos de capacitación o con la ayuda de libros sobre el uso de las plantas medicinales.

Aunque la mayoría de los pacientes de los médicos purépechas son habitantes de la misma comunidad de residencia del terapeuta, éstos también atienden enfermos de otras comunidades aledañas e, incluso, de poblaciones alejadas, como es el caso de los que solicitan ser atendidos por los curanderos-brujos.

Más del 50% de los médicos indígenas consultados para este estudio pertenecen a la OMIP (Organización de Médicos Indígenas Purépechas).