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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Yaquis (Yoreme).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

La presente información fue proporcionada por 38 terapeutas tradicionales yaquis habitantes de los municipios de Guaymas, Bacum y Cajeme, en el estado de Sonora. La mayor parte de los informantes pertenece al sexo femenino (82%), y el promedio general de edad fue de 56 años. Por lo general, los hombres combinan su actividad médica con el trabajo agrícola y/o con la fabricación de artesanías, mientras que las mujeres desempeñan labores domésticas; sólo unos cuantos se dedican exclusivamente a la práctica de la medicina tradicional.

Los sobadores, designados en lengua yaqui yeewikeme, constituyen el grupo más numeroso de especialistas, ya que representan 42% del total de los médicos tradicionales. En esta especialidad se encontró un alto predominio del sexo femenino, así como la realización simultánea de otras prácticas curativas. De esta manera, existen dos sobadoras-hierberas y un buen número de expertas en alguna de las siguientes enfermedades: susto y caída de la mollera (wontila, choa wechía), tripa ida y diarrea (sía wentila, boj tía), mal puesto (sii bóri), empacho, caída de la mollera y anginas (pottia, choa wechía, kuáana maesorí), susto, empacho y basca (biisachia), dolor de cuerpo (ta ka’a wantiarí) y dolor de cabeza. La mayoría declaró haber aprendido su especialidad observando el trabajo de alguna sobadora, mientras que otras lo hicieron por medio del autoaprendizaje desarrollado ante la necesidad de brindar atención a sus propios hijos. Las principales enfermedades que atienden son: caída de la mollera y tripa ida, susto, empacho, diarrea, dolor de cuerpo, anginas y mal puesto.

Los curanderos o yanajitebil componen el segundo grupo más importante de especialistas, concentrando a 25% de los entrevistados; generalmente poseen otra especialidad, ya sea como parteras, hierberos, hueseros o sobadores e, inclusive, llegan a ejercer todas estas especialidades (V. jiteeberi). Por lo anterior, tienen la capacidad para atender un vasto y diverso número de afecciones, entre las que destacan: mal de ojo, susto, mal puesto, envidia, latido (jiapsi cheptia wantia), calentura de huesos (otta taiwechía), dolor de cabeza (roba wantia), dolor de cuerpo (taka wante), anginas, dolor de corazón, basca, parásitos, "potencia sexual", frialdad en la matriz (se beria), purgación, desconcertado (siliktiam) y sarna. También son de su competencia determinados procedimientos especializados, como la aplicación de remedios contra la diarrea (jubasa) y limpias (V. entonar el cuerpo). Las formas de aprendizaje de estos especialistas contemplan: la herencia de conocimientos por parte del padre o la madre, quienes ejercían la profesión; un don inherente para curar; y, en casos aislados, la iluminación de Dios o una particular iniciación en la que el futuro terapeuta enfermó gravemente y, durante una crisis, presenció la aparición de san Martín de Porres, quien lo curó; a partir de ese momento, en un acto de reciprocidad, se comprometió a curar al prójimo.

Otro importante grupo —15% del total de los entrevistados— está conformado por los hueseros o hueseros-sobadores, designados con los vocablos yaqui siliktiam wiikeme. El proceso de aprendizaje dentro de este grupo es muy particular, pues la mayoría inició su actividad atendiendo animales; a este respecto, un huesero señaló: "empecé a sobar caballos y después a curar a la gente de la comunidad". Su campo de acción abarca numerosas afecciones musculoesqueléticas, así como enfermedades que requieren ser tratadas con masajes o sobadas. De esta manera, la población acude a ellos para la atención de los siguientes trastornos: quebraduras (kotiamm), fracturas, nervios encimados o desblocamiento (tatte biraktila), desconcertados (á ula), luxaciones, lastimados (ko’okosi), golpes del cuerpo, susto, caída de la mollera y empacho.

Un conjunto menos numeroso que los anteriores es el de las parteras, conocidas en lengua yaqui como usim yeu kechame. De manera similar a los hueseros, la mayoría también son sobadoras, dado que las curaciones de afecciones que atienden incluyen la realización de masajes y sobadas. Su formación transcurrió junto a una partera de mayor edad; generalmente, el entrenamiento recibido estuvo a cargo de las madres o de las abuelas. Su actividad terapéutica se centra en los trastornos ginecoobstétricos y en las enfermedades infantiles, destacando las siguientes: acomodar la matriz (usi kaa tuisi weemé), niños mal acomodados (taka’ata tuisi yechane), tripa ida y mal de ojo, y, sobre todo, en la atención de los partos normales.

Por último, está el conjunto formado por las hierberas, designadas en lengua yaqui como jua jitoareo; es común que combinen su especialidad con la de sobadora. El conocimiento que poseen lo recibieron de un terapeuta perteneciente a su núcleo familiar, aunque señalan que "el oficio de curar no se aprende, sino que es un don con el que se nace". La caída de la mollera, el dolor del cuerpo, el empacho, las anginas, el susto y la basca representan algunas de las enfermedades que su especialidad les permite atender.

Un alto porcentaje de los 38 terapeutas tradicionales yaquis declaró tener más de 20 años practicando su actividad médica. La mayoría son bilingües, a excepción de algunas mujeres de edad avanzada que sólo hablan su lengua materna. El analfabetismo es alto, pues sólo 42% saber leer y escribir.