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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Cuicatecos.
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Descripción de demandas
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Descripción de demandas

Adivinación

La "adivinación" es un procedimiento utilizado ampliamente en la medicina tradicional de varios grupos indígenas, y que entre los cuicatecos se ejecuta con diferentes propósitos: ayudar a resolver problemas personales o conyugales, para tener suerte en el amor y lograr dinero; saber quién le está haciendo "mal", a qué se debe la "mala suerte" que lo persigue, o el paradero de algún objeto. Las prácticas adivinatorias son un instrumento valioso en manos de los terapeutas tradicionales cuicatecos, ya que constituyen una de las formas más usuales para diagnosticar, las enfermedades. Aunque entre los médicos tradicionales de este grupo existe el especialista, el adivino, cuyo quehacer principal es precisamente el de predecir los acontecimientos sobre los que se le consultan, todos los practicantes de esta medicina recurren a la ejecución de este importante procedimiento, sobre todo para diagnosticar o para confirmar un diagnóstico presuntivo ya sospechado por los síntomas que presenta el enfermo.

La persona que solicita este servicio, por lo general se muestra inquieta, está decaída, de mal humor y triste; se siente acosada por "la mala suerte", o por individuos quien desean hacerle mal; sus negocios no prosperan, y su salud se encuentra resentida por continuas afecciones no bien definidas.

Además de la adivinación mediante las cartas de la baraja, los terapeutas recurren al empleo de otros elementos, tales como piedras, figuras de barro, semillas y monedas, para realizar el procedimiento, cuyas modalidades dependen del terapeuta. Las formas más usuales de adivinación son las siguientes.

Para "adivinar la suerte", se emplean siete "conchas" —semillas secas de un árbol de tierra caliente—, y veinte figuras de barro que, según uno de los terapeutas, son un regalo del "señor del cerro pelón", a las cuales se les ha asignado un nombre y, en consecuencia, una función dentro del ritual: El viejo, Marfil, La mujercita, La piedra de comer, La culebra, San Agustín, La borracha, San Valentín, La corona, La vida, La muchacha, La mano de Dios, La negra, El fumador, La negra de la culebra, La pantera, La María china, El espanto, El latido y La criatura. Sobre un pequeño manto, el terapeuta coloca las figuras en tres hileras, según como las va sacando de una bolsa donde las guarda. Enseguida toma entre sus manos las semillas, las acerca a su frente y después de pedirles —con los ojos cerrados, en voz baja y en lengua cuicateca— que le ayuden a adivinar la suerte, las entrega a la persona que ha venido a solicitar el servicio, pidiéndole que "las aviente sobre las figuras". Luego de observar cuidadosamente la posición de cada concha con respecto a las figuras, empieza a descifrar, a interpretar el cuadro. Así, por ejemplo, si la mayoría de las semillas caen sobre figuras femeninas, la persona que le está ocasionando los problemas es una mujer; si una o varias de las conchas caen sobre "El espanto", entonces con seguridad la causa de la enfermedad es un espanto. Mientras "lee" la suerte, el terapeuta va haciendo preguntas al visitante para confirmar lo acertado de su interpretación.

Este ceremonial puede tener algunas variantes. De esta manera, algunos terapeutas utilizan piedras y figuras que han encontrado en el cerro del "Cheve" cerro ubicado dentro del ejido del municipio de Concepción Pápalo, a unos 20 km de Cuicatlán en este lugar existe una cueva a donde llevan ofrendas cuando un enfermo está muy grave. Para realizar el diagnóstico, coloca las piedras en tres hileras, toma las conchas, hace la oración, las sopla y las lanza sobre las piedras; si siente que la respuesta no es clara, repite nuevamente la maniobra, "y así ya le dicen las piedras lo que tiene el enfermo".

En otra variante del mismo ritual, se emplean cinco monedas nuevas de 10 y 20 pesos, un santo —san Lázaro— tallado en piedra de color blanco, y dos piedras blancas, como estalactitas, cuadradas, de unos 20 cm por lado, y que por lo regular se encuentran en lugares húmedos, o donde hay agua; muchas veces presentan figuras a manera de castillo con varias puntas duras y transparentes, o con picos. El adivino coloca sobre una manta las dos piedras, y detrás del santo; recoge las monedas, pregunta el nombre al paciente, reza una oración en voz baja, y lanza las monedas a la manta; enseguida interpreta la posición de las monedas. Una moneda junto a san Lázaro, por ejemplo, indica problemas conyugales.

En la última variante consignada, el terapeuta sólo emplea una piedra con las características antes indicadas. Después de rezar, acerca la piedra al enfermo, y luego interpreta el color de los picos y las hendiduras, el cual ha cambiado por influjo de la enfermedad. Así, si la piedra se pone negra, significa que el sujeto tiene maldad.

Si el enfermo está muy grave y no puede ir a consultar personalmente al adivino, un familiar puede llevar su "ropa sucia", es decir los vestidos que ha usado, a los cuales el curandero acerca las conchas, las monedas o la piedra, antes de lanzarlas sobre las figuras.

Al término de la ceremonia de adivinación, los terapeutas inician el tratamiento, especialmente si el sujeto ha solicitado la consulta por problemas de salud. Por lo general, cualquiera que haya sido el resultado de la adivinación, los curanderos hacen una limpia con huevo, para "sacar la maldad" que el enfermo tiene. Si al romper el huevo dentro de un vaso con agua, detectan que el paciente "tiene una maldad" en alguna parte, proceden a chupar el lugar en donde se encuentra el objeto que está causando el daño. Si el enfermo no puede estar presente, y sólo están sus ropas, finalizado el pronóstico el terapeuta hace —junto a ellas— "una oración, que es como una plática con el patrón del Cheve". También debe llevar la ropa sucia del paciente al cerro mismo (el Cheve) y lavarla en el agua de una laguna que se encuentra en el interior de la cueva.

Todos los terapeutas que hacen uso de la adivinación, ofrecen a sus pacientes, como forma de prevención, amuletos que ellos mismos preparan; éstos consisten, generalmente, en una bolsita de color rojo, que el paciente debe llevar siempre consigo, la cual contiene en su interior algunos elementos considerados con propiedades para alejar el infortunio y las influencias malignas. Entre ellos encontramos las diferentes partes del "león": colmillos, uñas, o el "anillo de león" —el ano disecado del animal—, todos para "la buena suerte". El águila es otro de los animales con estas características, del cual se utilizan las plumas, uñas u ojos. Muchas veces, el enfermo mismo recoge el talismán en el cerro del Cheve, al momento de dejar la ofrenda en la cueva en señal de agradecimiento por la salud recuperada; los terapeutas recomiendan que "la piedra que le regale el señor del cerro la cuide bien,que no la pierda ni la regale a otra persona".