1111
Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Cuicatecos.
[ ]  [ ]  [ ]  [
Descripción de demandas
]
Descripción de demandas

Yuna o caandiya ducocaa yuuna. Aire o mal aire

Con este nombre se conoce entre los cuicatecos a una enfermedad que puede afectar a cualquier persona, principalmente durante los meses de marzo y abril. Se trata de un padecimiento cuya causalidad guarda relación con los aires fríos; así, se puede contraer un mal aire al entrar en contacto con una corriente de aire frío, o al salir de algún lugar con el cuerpo caliente. Una segunda categoría de aire pernicioso es el de determinados lugares solitarios, como cerros o montes, entre otros; se cree que los aires de estos sitios son la manifestación del "dueño" del lugar, ente que guarda celosamente su paraje y que, de esa manera, aleja a los extraños. Otros aires se tornan malignos después de que ha ocurrido algún hecho nefasto, como un asesinato o un suicidio; el aire cercano a un muerto también guarda esas características. Por último, la enfermedad puede ser enviada por alguien que tiene envidia al paciente. Los aires se hacen más peligrosos a determinadas horas, llamadas "horas pesadas", como las 12 del día, las 7 y 12 de la noche, por ejemplo. Según los conceptos de los terapeutas, cualquiera que sea el tipo de aire que ocasiona la afección, entra al cuerpo del sujeto y lo enferma.

Los síntomas que presentan los pacientes de "mal aire" son variables y poco definidos. Sin embargo, algunos son más frecuentes, como el intenso dolor de cabeza y de cuerpo que presentan las personas afectadas. En ciertos casos, "la vista se les va de lado, se les enchueca, o se les empaña, y a veces también se les hace un ojo más chiquito", señalan los informantes. Estas manifestaciones hacen sospechar que el enfermo sufre algún mal aire. El diagnóstico se confirma mediante alguna práctica adivinatoria como las que suelen emplear la mayoría de los terapeutas.

Siendo el mal aire una enfermedad en la que "un aire" ha entrado al cuerpo del enfermo, los tratamientos indicados para curarla tienen el propósito de "sacarlo". Una forma de limpia practicada con frecuencia es la de sahumar al enfermo. Generalmente, el humo que debe impregnar el cuerpo del sujeto, se consigue quemando elementos, como plumas, cabellos y pelo, los cuales deben ser de color negro, ya que éste es considerado "fuerte" y "caliente". La mezcla incluye otros objetos catalogados también como de calidad "caliente". Así, en uno de los tratamientos es necesario reunir pelo de perro, gato y borrego negro, además de pelo de coyote y venado; además, se pueden también incluir las pezuñas y los cuernos de los animales; todos estos ingredientes se queman junto al enfermo, de modo que el humo lo bañe completamente. En otro tratamiento los elementos a reunir son las plumas de pollo negro y de otros pájaros del mismo color. Una forma menos frecuente consiste en "humear" al paciente con el humo de chile, cigarro (tabaco) o copal. Por lo general, con una sahumada basta para quitar el aire malo del enfermo.

Una segunda forma de limpia empleada para curar el mal aire, es la limpia con huevo y, después, con plantas. Las especies vegetales utilizadas son el sauco, el durazno, el pirul o la malva, de las cuales se usan los cogollos.

Si el enfermo presenta dolor de estómago se le da un té de saúco, manzanilla, higo y malva. Con iguales fines es recomendable bañarse con un preparado de las mismas hierbas agregando, además, cogollos de carrizo.

Según ciertos terapeutas, es necesario complementar el tratamiento (las limpias) con una ofrenda al "dueño" del lugar en donde el enfermo atrapó el aire, la cual consiste en una gallina negra, mezcal, cigarros y comida; además antes de dejar el presente en el sitio, se debe rezar una oración.

Cuando la enfermedad es muy fuerte, lo más probable es que el sujeto no sólo haya resultado dañado por el aire sino que haya perdido su espíritu; en estos casos, el día en que se lleva la ofrenda, el curandero aprovecha para "recoger el espíritu" del paciente (V. pérdida del alma).

Para prevenir el mal aire, los terapeutas recomiendan poner una "fuerza" en la casa, como la sábila —con todo y raíz—, junto con siete cabezas de ajos, siete hojas de tabaco y un metro de listón rojo; se rocían todos estos elementos con agua de San Ignacio y se colocan "por dentro o por fuera de la puerta" de la vivienda.