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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Choles (Winikon ba lojon).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Curanderos, parteras, hierberos y hechiceros (según la traducción de los propios informantes choles), constituyen los cuatro tipos de terapeutas tradicionales que para este estudio se entrevistaron en las localidades de Nueva Esperanza y Conquita, en el municipio de Tila, y en Santo Domingo y Frontera Corozal, correspondientes a su vez a los municipios de Ococingo y Sabanilla, respectivamente, todos del estado de Chiapas. El grupo de curadores fue, en realidad, reducido —siete hombres y seis mujeres—, aunque todos gozaban de un gran prestigio y fueron reconocidos como verdaderas autoridades entre los habitantes de las comunidades mencionadas. Casi la mitad de ellos declaró ser curandero, profesión que entre los choles se designa con los vocablos wotiejel sag, y poseer alguna de las siguientes especialidades: partera, pulsero o pulsador o adivino y espiritista. En el caso de los curanderos espiritistas, el aprendizaje se realiza a través de métodos que le permiten al sujeto utilizar su cuerpo como intermediario entre el paciente y el espíritu de otra persona, ya fallecida, poseedora de los conocimientos médicos de su tradición cultural. Los curanderos pulsadores o adivinos (ñiatiantishulel) tienen como característica distintiva la capacidad de diagnosticar cualquier enfermedad a través del pulso del enfermo. Cuando éste presenta signos de haber sido picado por una víbora, el curandero actúa como chupador para succionar el veneno del organismo y procurar así su restablecimiento. El riguroso proceso de aprendizaje, la complejidad de los numerosos y variados procedimientos y métodos de diagnóstico y cura, y, sobre todo, la capacidad de hacerse cargo de la atención de los males mayores le confieren al wotiejel sag el máximo prestigio entre los terapeutas de la medicina tradicional chol. Este tipo de curandero es heredero de los conocimientos médicos más importantes del grupo, acumulados durante generaciones, y que él hace suyos al lado de otros terapeutas y en el seno de la comunidad. En algunos casos, los wotiejel sag se inician en la profesión a partir de convicciones personales y de un gran fervor religioso —manifestado casi siempre en la devoción al Señor de Tila, a quien visitan para ofrecer plegarias y velas en la iglesia dedicada a su culto—, elemento este último que los predispone para recibir los conocimientos sobre las enfermedades, los tratamientos y los recursos curativos que su cultura preserva. No es extraño que el curandero vea revelada su vocación y los conocimientos a través de sueños, aunque esto sólo le acontece a quien está predestinado. En los sueños, el futuro wotiejel sag reconoce a los santos, quienes se le revelan para concederle el "don". La entrega de los conocimientos se hace a condición de que el aprendiz procure el buen uso de su saber y lo ejerza en nombre de Dios, teniéndolo presente en todas sus oraciones; de lo contrario, corre el riesgo de ser despojado de su poder de sanar. El aprendizaje a través de los sueños no se constriñe a un solo episodio onírico: el aprendiz reconoce, progresivamente, cuevas, de las que extrae el conocimiento para aprovechar los atributos de las medicinas. Una de las interpretaciones que se hacen del contenido de estos sueños es la de que el wotiejel sag deberá visitar distintos templos y ofrecer en cada uno de ellos una "promesa" a Dios, como acto de reciprocidad por la sabiduría conferida. Los terapeutas visitan los santuarios de la región con influencia chol, como Bachajón, Chilón, Yajalón, Tumbalá, Sabanilla, etcétera, cometido que puede cubrirse en el periodo de un año. Al finalizar este proceso, el curandero tiene otro sueño, en el que se le comunica que alguien lo necesita y que debe cumplir con su misión; es el momento de hacerse cargo de la primera curación. Entre las causas de demanda de atención más frecuentes para las que se solicitan los servicios de este tipo de terapeutas, destacan los síndromes de filiación cultural, lo que da una idea de la naturaleza de los vínculos entre el terapeuta y la ideología subyacente a las interpretaciones de las enfermedades entre los choles. Es usual, entonces, que atienda casos de espanto (buk’en), hinchazón de cuerpo (potelon), enfermedad de arañas (chiwoo), vergüenzas (ki zin), enfermedad de tortuga (cog), brujería, pochitoque (co’k), luku ik, vergüenza de casa, envidias, mal espíritu. En segundo lugar, el wotiejel sag atiende un grupo de enfermedades gastrointestinales: diarrea (ja’tia), hinchazón de estómago (titis ñuc) y aire (aire en el estómago). Un grupo de importancia equivalente al anterior es el conformado por las afecciones inherentes al sistema musculoesquelético: dolor de espalda y de cintura, cush pat y reumas. Asimismo, es de su competencia la atención de la desbrinzadura (una afección de los genitales característica en el hombre), así como de los accidentes que sobrevienen por mordedura de culebra.

El segundo grupo de terapeutas, en orden de importancia, es el formado por las parteras, a quienes se designa cariñosamente con la expresión "abuelita de los niños", independientemente de la edad de la terapeuta. Icouc cole’l es el equivalente chol para cualquiera de las dos expresiones españolas mencionadas. Algunas parteras son reconocidas, además, como sobadoras y levanta molleras, especialidades que ejercen en forma complementaria y muchas veces a propósito de episodios vinculados a la esfera de la ginecoobstetricia. Es común que gran parte del aprendizaje de la partera sea de carácter doméstico, especialmente en aquellos hogares en donde la madre, el padre o la abuela (o todos) dominan alguna de las profesiones médicas reconocidas por los choles. Sin embargo, para que este aprendizaje en el seno familiar se lleve a cabo, es preciso contar con elementos de predestinación, conforme a normas de la cultura local. Es común también que el inicio de la actividad esté determinado por las propias necesidades de atención, o por la asistencia a algún familiar.

La actividad médica de las icouc cole’l cubre un amplio espectro de causas, ya que su práctica no se limita al campo de la ginecoobstetricia, si bien predominan los procesos vinculados a la reproducción: embarazo (match ibu j’ ó che’mel), parto, aborto, retención de la placenta, caída de la matriz, hemorragia después del parto (cni-chel) y falta de leche materna. En segundo lugar, la partera atiende padecimientos gastrointestinales; entre los más frecuentes, se mencionan: diarrea, dolor de estómago (cush ben ya’al), disentería (chich tia), vómito (ch’e) y bilis (cuch pat). Los síndromes de filiación cultural ocupan el tercer sitio: espanto, caída de mollera (malest subeñon yaaf) y mal de ojo (ush-but), mientras que el cuarto es ocupado por los padecimientos de carácter respiratorio, como la tos (oj bal). Finalmente, se registraron otras causas de demanda de atención inespecíficas, como calentura (ca’c) y torzón (cush nic tia), además de procedimientos terapéuticos, entre los que destacó la operación de "paladear" (le stu bel bie).

Aparte de los curanderos y parteras, el estudio recabó información sobre los hierberos, el tercer grupo de terapeutas choles en orden de importancia numérica. La profesión de hierbero —o hierbatero, como indicaron algunos informes— es designada en chol con el término tzakegel, aunque a veces se emplea el mismo vocablo usado para aludir al curandero o curandor, wotiejel, especialmente en la región de Tila.

En lo relativo a la formación del hierbero, se distinguieron dos variantes que, más allá de sus diferencias, se establecen sobre una base cultural común de índole social y cosmológica, a la que hicimos referencia al hablar de los curanderos. La primera forma de aprendizaje de los tzakegel tiene lugar en el seno del hogar, en donde el magisterio es ejercido por uno de los padres o el abuelo, quienes también han sido hierberos. La segunda variante es la del autoaprendizaje, y en ella el ejercicio de la medicina surge como resultado de una necesidad de brindar atención a algún familiar —generalmente un hijo— o a un tercero; en este proceso se experimenta con diversos recursos terapéuticos. Pese a lo anterior, los informantes subrayaron que ambas formas de aprendizaje requieren de un mecanismo de revelación de la profesión. Por ejemplo, Ana, una hierbera, empezó a practicar la profesión bajo una planta de naranjo. Al poco tiempo el árbol se secó; Ana rezó y "ramió" al árbol, logrando que éste retoñara, fenómeno que ella interpretó como una confirmación de que estaba predestinada para curar. Los servicios de estos terapeutas son solicitados, principalmente, para atender síndromes de filiación cultural: espanto, "matar la enfermedad contra el mal espíritu", "proteger contra el espíritu" y alteración o latido. Los hierberos curan, además, padecimientos gastrointestinales, como el cólico y "cagar con sangre" (chich tia), afecciones respiratorias (tos, usualmente), la mordedura de serpiente venenosa, la diabetes, la disipela y el reuma o enfermedad de culebra (shojob).

En cuarto lugar, y en número claramente inferior al registrado para las otras prácticas, están los hechiceros, llamados wotiejel sag. Algunos de ellos destacan como rezadores (kaio), suelen especializarse en tratar la mordedura de serpiente y heredan sus conocimientos de otro familiar, también hechicero (V. brujo).