Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Bautizo

También bautismo. Sinónimo(s): bajada de Dios (Yuc) (1), baño ceremonial (2), baño ritual (3 y 4) (5), bateo (4), fijar su alma en la tierra (Chis) (6), lavatorio (4).

Baño ritual con agua bendita a un recién nacido, con la finalidad de purificarlo y fijar de forma permanente el alma a su cuerpo, y protegerlo de enfermedades, asegurándole salud y bienestar durante su vida.

Resultado de un sincretismo de creencias indígenas y cristianas, realizado a lo largo de siglos, el bautizo configura hoy una compleja ceremonia de gran riqueza simbólica, que tiene como centro el nacimiento de un niño (5).

Algunos grupos indígenas lo realizan siguiendo las normas del rito católico: lo consideran como "la puerta de la vida espiritual del cristiano" y el primero de los siete sacramentos instituido por Cristo; el medio por el cual el sujeto se convierte oficialmente en miembro de la comunidad cristiana y se le concede una vida nueva, que posibilita la salvación de su alma para entrar al reino de los cielos. El baño con agua bendita simboliza la purificación del alma, ya que borra el "pecado original" con que el nuevo ser fue concebido.

Es realizado generalmente por un sacerdote, o cualquier persona con uso de razón, hombre o mujer que tengan intención de hacer lo que la Iglesia establece para este sacramento. Consagra además un parentesco espiritual entre el bautizado, sus padres y padrinos. Pueden recibirlo todas las personas: niños, adultos, individuos cuerdos e incluso personas insanas (7 y 8).

Esta primera etapa de vida del recién nacido se considera como un lapso indeterminado del destino de la criatura, en la que está a merced de las fuerzas del mal; por lo tanto, hay que pedirle a los dioses que la protejan.

Los nahuas y popolucas veracruzanos tienen la creencia de que el bautizo sirve para que los niños estén fuera del poder del diablo; de otra forma, si murieran, Dios ya no los recibiría como "angelitos", que son los niños que mueren antes de la edad en que pueden incurrir en pecado mortal. Los padres pueden llevar a cabo la ceremonia hasta el año y medio de nacido el niño, buscando padrinos "acomodados" para el mismo. Una vez fijada la fecha, los padrinos deben guardar abstinencia sexual durante veintiún días, para que el niño goce de buena salud en el futuro (9) (V. Padrinos de bautizo).

En Tzintzuntzan, Michoacán, los padrinos son los encargados de llevar a la iglesia al recién nacido, participando en la ceremonia y comprándole ropa nueva. La madrina sostiene la cabeza del niño y el padrino los pies, en tanto que el sacerdote imparte el sacramento, lavando la cabeza del niño con agua bendita y ungiendo los santos óleos sobre su frente y su pecho. A su término, los padres ofrecen una comida a los padrinos (10).

Para los mazatecos de Oaxaca, existe la creencia de que los niños no bautizados mueren si sobreviene una tempestad, ya que los rayos de la tormenta "se llevan sus espíritus". Para evitar lo anterior, si hay tempestad, se les dibuja una cruz con agua de cal en la frente, o son cubiertos con una cruz de palma bendita (11).

Los tzeltales saben que este sacramento es necesario para ser católico y dar culto público a los santos patronos. Mediante el bautizo, son reforzados los vínculos de amistad entre las familias por los lazos de padrinazgo, y sobre todo de compadrazgo. La partera sostiene al niño en sus brazos ante el altar doméstico, ofreciendo flores y velas mientras reza:

¡Que protejas y que tomes en tus
brazos a tu hijo-de-mujer y que lo defiendas contra
el enemigo oculto de su sangre! Hazme pasar (a través de la vida) a esta
flor santa, hazme pasar a esta azucena santa (es decir al
niño): que así
se fortalezca todos los días. Que su regalo sea gozar (lit.: mirar)
siempre el universo que lo rodea.
Que sea siempre un regalo para los que lo engendraron
(1:239).

La partera suplica a Dios que proteja al recién nacido; pide para él salud, y una vida feliz y justa. Un niño que no lleve una vida correcta y no se apegue a las normas de su comunidad, perturbará la armonía entre el mundo terrestre y el mundo espiritual (1). Cuando el niño es bautizado, Cristo entra en su corazón y lo protege. Con este ritual se "fija" de manera permanente el alma del infante; si éste no recibe el sacramento, cuando muera no podrá entrar en el cielo y habitará una región llena de sombras y tinieblas (1) (12).

Para los zoques de Rayón, Chiapas, es de suma importancia bautizar al recién nacido desde las primeras semanas de vida, para asegurarle larga vida e inmunidad contra brujerías, envidias y hechizos. Mientras no haya recibido el bautismo, se le coloca en el cuello un hilo con fragmentos de ajo (Allium sativum) o de tabaco (Nicotiana tabacum), cuyo olor aleja a los naguales y malos espíritus (6) (V. nagual).

Dentro de la familia zinacanteca, los padrinos son los encargados de llevar a bautizar al recién nacido para que no pierda ninguna de las trece partes de su ch’ulel o "alma interior", pues si perdiera alguna, podría enfermar o morir (13).

Los huaves de San Mateo del Mar, Oaxaca, suelen celebrar el ritual durante los primeros días de vida, pero este lapso puede prolongarse hasta los dos años, de acuerdo con el deseo de los padres. Al nacer, el niño adquiere el derecho de formar parte de la familia y de la sociedad. Por tal razón, los padres deben informar a la comunidad del nuevo miembro y de su deseo de que reciba el sacramento, ya que de no hacerlo, no podrá ser enterrado en el cementerio en caso de muerte. Si un niño nace muerto o fallece enseguida después del parto o antes de ser bautizado, sus padres están obligados a enterrarlo en su casa envuelto en ropa blanca debajo de un santo, sin cortarle el cordón umbilical. Este acto se realiza sin formalidades especiales, ya que al no estar bautizado, el niño no forma parte de la sociedad. En caso de aborto natural, la partera será la encargada de bautizar al feto, dibujando una cruz con sal sobre la "bola de tejido y sangre", para después enterrarla en cualquier lugar de la casa (14).

Durante el primer mes de nacido, el terapeuta tarahumara acostumbra pasar sobre la cabeza del niño una vela encendida en forma de cruz, para que esa luz sea la que lo ilumine durante toda su vida. La persona que no está bautizada, "no anda bien y tiene mal comportamiento, porque no está con el Señor". Posiblemente exista una cierta similitud con el ritual católico, en el que los padrinos encienden una vela; el tamaño determinará la duración de la vida del infante, razón por la cual se escoge una grande. Al igual que en otros grupos indígenas, después de la ceremonia los tarahumaras realizan una gran comilona y beben tesgüino (15).

Los agua sagrada, el individuo participa de la divinidad; comparte así algo con la naturaleza de esa deidad y se impregna de su espíritu y su poder. Este ritual es considerado particularmente poderoso, ya que asegura una larga vida. Es costumbre llevar a los recién nacidos a las cuevas o lugares donde residen las deidades para ser bautizados. Dicha ceremonia fue instituida por Stuluwiákame, la diosa del nacimiento, madre del venado-peyote. Ella bautizó a los primeros cazadores del peyote, con el objeto de quitarles el estado sagrado (V. purificación). En la actualidad, este rito se realiza con el agua sagrada del lugar de residencia del Stuluwiákame (2).

Entre los antiguos mayas existía la costumbre del bautismo; para este grupo indígena, de acuerdo con Landa, los hombres "nacían de nuevo" después de su celebración:

No hemos podido saber su origen sino que es cosa que han usado siempre y a la que tenían tanta devoción que nadie la dejaba de recibir... Lo que pensaban (que) recibían en el (bautismo) era una propia disposición para ser buenos en sus costumbres y no ser dañados por los demonios en las cosas temporales, y venir mediante él y su buena vida, a conseguir la gloria que ellos esperaban, en la cual... habían de usar manjares y bebidas... A las niñas poníanles como madrina a una mujer anciana y a los niños un hombre que los tuviese a su cargo. Hecho esto, trataba el sacerdote de la purificación de la posada, echando al demonio de ella... (lo cual se hacía por diferentes ritos).

Hecho esto... comenzaba él (sacerdote) a bendecir con muchas oraciones a los muchachos y a santiguarlos con un hisopo... Acabada su bendición... (un) principal... mojábale (al muchacho) con el agua de un vaso... y untábales la frente y las facciones, y entre los dedos de los pies, y de las manos.

Llamaban a esta fiesta embu, que quiere decir bajada de Dios... (1:241).

Bernardino de Sahagún describe ampliamente las ceremonias del baño ritual que los antiguos mexicanos realizaban después del nacimiento de un niño. Los antiguos nahuas llamaban al tonalpouhqui, lector de los destinos, para que dijera el destino del niño y para que una vez que hubiera consultado sus libros, señalara la fecha de realización del baño ritual y la imposición del nombre. El signo que se atribuía al niño regiría toda su vida, su fortuna, su comportamiento y aun podía ser causa determinante de la clase de muerte que merecería (4).

La ceremonia del baño tenía como propósito hacer que el niño naciera por segunda vez y recibiera su tonalli definitivo. Se realizaba al despuntar el Sol, y la partera, con una escudilla llena de agua, limpiaba al niño ofreciéndolo a los dioses y pidiendo los dones a la diosa del agua, Ometéotl, de los númenes estelares habitantes del cielo, del Sol y de la diosa terrestre. La súplica a Ometéotl era que concediera nuevamente al niño su soplo y una sustancia divina llamada "saliva" (V. alma)

He aquí a tu criatura, la que enviaste hacia acá, la que tú diste al lugar del tormento, al lugar del sufrimiento. Dígnate venir a ensalivarlo, dígnate venir a soplarlo, tú Persona, tú Ometecuhtli, tú Omecíhuatl (3:233).

Durante la ceremonia se ataban flechitas al cordón umbilical del varón para llevar todo el bulto al campo de batalla; en el caso de una niña, se enterraba su cordón umbilical, con pequeños instrumentos femeniles en el hogar (3).

Índice de Autores

(1) Maurer, E., 1983.

(2) Zingg, R. M., 1938.

(3) López Austin, A., 1990a.

(4) García Quintana, J., 1969.

(5) Galinier, J., 1987.

(6) Villa Rojas, A., 1973.

(7) Enciclopedia universal ilustrada europeo americana, 1986.

(8) Genis, J., 1989.

(9) Münch Galindo, G., 1983.

(10) Foster, G. M., 1982.

(11) Estrada, A., 1984.

(12) Signorini, I. et al., 1989.

(13) Vogt, E., 1980b.

(14) Signorini, I. et al., 1979.

(15) Grinberg-Zylberbaum, J., 1987.

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