Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Yahval b’alamil

Tzotzil, dueño de la tierra.

Señor divino de todas aquellas cosas existentes sobre la superficie terrestre, como plantas, animales, ríos, cuevas, barrancas, etcétera.

El yahval b’alamil tolera de mala gana la presencia humana en sus dominios. Por lo tanto, la persona que haga uso de los recursos naturales debe pagarle con ofrendas y ceremonias. Si alguien no cumple con esta norma, el dueño de la tierra puede castigarlo capturando su alma doble o nagual, animal mágico que comparte con el trasgresor el mismo destino y la misma esencia espiritual (V. tona). Si esto ocurre, el incumplido, desprovisto de su entidad anímica, enfermará. Para recuperarse, debe solicitar los servicios de algún curandero, quien realiza una compleja ceremonia con el fin de apaciguar a la deidad y liberar al animal compañero del afectado.

El castigo divino guarda una estrecha relación con la brujería, ya que según las creencias indígenas, es más fácil hechizar a un pecador que a un justo. No pocas veces, el brujo pide la intervención divina para enfermar a su enemigo, pero solamente la obtiene si su rival ha cometido una falta grave. Así, el yahval b’alamil auxilia a los hechiceros con el propósito de imponer en los hombres un comportamiento destinado a la preservación de los recursos naturales (1 y 2).

Según las leyendas tzotziles, el dueño de la tierra adopta varias formas: se manifiesta como un ladino gordo, un rayo o una serpiente. Además de custodiar las plantas, animales, ríos y montañas, controla la precipitación pluvial. Puede generar lluvias benéficas o terribles sequías, dependiendo de la devoción que se le haya mostrado. Con esta idea presente, los campesinos suelen dejarle ofrendas en las cuevas de la región, pues éstas son consideradas entradas a su morada subterránea (1).

Este ser dual, benévolo y dañino a la vez, constituye una pieza clave del pensamiento indígena. No sólo es propio de la cosmovisión tzotzil, aparece bajo otros nombres y con otras peculiaridades en relatos de (diversas etnias: los nahuas y zoque-popoluca del istmo veracruzano creen en el Chaneco; los mazateco le rinden culto al Chikón Nangui; en la sierra Norte de Puebla, nahuas, otomíes y tepehuas veneran a Moctezuma. Una gran proporción de etnias mexicanas reservan en sus mitologías un lugar especial para los dueños de la tierra. Dichos entes presentan características comunes, especialmente en relación con la salud y la enfermedad; por lo general, son quienes roban las almas de los infractores y de los débiles, lo que provoca un complicado cuadro nosológico, frecuentemente llamado susto (V. enfermedad y pérdida del alma).

Índice de Autores

(1) Ochiai, K. et al., 1985.

(2) Silver, D. B., 1980.

DM