Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Pulsar

También pulsamiento (Chis) (1), pulsear (Chis) (2) (Mor) (3) (Ver) (4). Sinónimo(s): escuchar el pulso (Chis) (2), tomar el pulso (Chis) (5). Lengua indígena: Tzeltal pikel cic (5). Tzotzil pik’ch ’ich’, tocar la sangre (1). Zoque (Chis) maka bení’si, leer la sangre o platicar con la sangre (6).

Método de diagnóstico basado en la interpretación del pulso.

Lo practican diversos médicos tradicionales, entre los que se encuentran algunos chupadores de Oaxaca y graniceros de la sierra Nevada de Morelos, Puebla, Tlaxcala y Estado de México; ensalmadores de los Tuxtlas, Veracruz; algunos curadores purépechas en Michoacán; el shuta tshinea, curandero mazateco en Oaxaca; el thit’om, terapeuta de los huastecos, y diversos curadores tzotziles y tzeltales de Chiapas como el h’ilol, ts’ak bak, poshtawaneh y el ‘uul. Como especialistas dominan esta técnica los pulsadores de diversos grupos indígenas, como los chontales de Tabasco, tzeltales de Chiapas, huaves de Oaxaca y nahuas y popolucas de Veracruz.

La principal finalidad que se persigue al pulsar es diagnosticar la enfermedad, descubrir su origen, determinar su gravedad o pronóstico y, por ende, establecer la terapia adecuada. Adicionalmente, en Amatenango del Valle, Chiapas, acostumbran pulsar al paciente repetidas veces a lo largo del tratamiento para confirmar su efectividad (5).

Esta técnica encuentra su fundamento en la creencia en que el curandero está capacitado para comunicarse con la sangre del individuo y diagnosticar de acuerdo con las señales que el pulso le revela. Por ejemplo, en Tzo’ontahal, comunidad tzeltal chiapaneca, se asegura que la sangre del paciente habla con la del curandero, quien puede "oír y sentir el mensaje" (7). De igual forma los tzotziles de Zinacantán dicen que "la sangre habla y da mensajes" al h’ilol o al pik k’ab’al, quienes la pueden entender e interpretar (1). Los zoques de Tapalapa, Chiapas, la llaman makabeni’si, cuya traducción literal pone de manifiesto el mismo fundamento, "leer la sangre" o "platicar" con ella (6). En tanto en Chihuahua, el curandero tarahumara, owirúame, afirma comunicarse con el alma del enfermo, puesto que sangre y alma se relacionan de tal forma que al pulsar al paciente detecta si la entidad anímica se encuentra en el cuerpo; si el diagnóstico revela su ausencia, el owirúame efectúa la terapia indicada para restituirla a su morada habitual (8). Creencia semejante tienen los ensalmadores nahuas y popolucas de los municipios de Soteapan y Mecayapan, Veracruz, quienes al pulsar a sus pacientes entran en contacto con los corazones del espíritu, y "si la vena no late" dictaminan un espanto de gravedad (9) (V. ensalmo).

Las características del pulso: intensidad, rapidez y localización anatómica, son las variables que llevan al curandero a conjeturar el diagnóstico y gravedad de la enfermedad. Lo común es que coloque su pulgar en ciertas regiones "donde la vena late", variando la técnica e interpretación de acuerdo con su saber médico.

Entre los tzeltales, el h’ilol o el pik k’ab’al pulsan al enfermo auxiliándose de un concienzudo interrogatorio para descubrir la causa del mal, generalmente relacionada con faltas a las obligaciones religiosas, transgresiones a las normas sociales, o conflictos personales dentro de la comunidad. En Oxchuc, Chiapas, para captar los mensajes de la sangre, el especialista

... toma la muñeca del enfermo hasta encontrar el pulso; primero en el brazo izquierdo, luego en el derecho y, si es necesario, en los dos brazos al mismo tiempo. Entre tanto va haciendo preguntas al paciente hasta alcanzar una confesión completa de sus posibles pecados cometidos en los últimos meses o años. Las alteraciones del pulso en el curso de las preguntas van indicando el rumbo del pecado (10:102-103).

En ocasiones, se toma el pulso de los padres, o se les interroga al mismo tiempo que se pulsa al enfermo, con el fin de encontrar la conexión entre los pecados de los padres y la enfermedad del hijo (10). Una vez definido el pecado, se vuelve a tomar el pulso del paciente para descubrir la "marca" o "firma" del nagual causante del daño, y con ello el nombre del brujo responsable, para ordenarle la suspensión del castigo; con esta medida el enfermo puede sanar (10 y 11).

Entre los zoques de Tapalapa, el curandero también se vale de un interrogatorio para conocer el origen del padecimiento, y "lee la sangre" para corroborar su diagnóstico, haciendo presión con su dedo pulgar sobre la muñeca o región distal del brazo del paciente, en "la vena que viene del corazón". La lectura puede revelar dos tendencias, "lento-frío" o "rápido-caliente", así:

En el primero de los dos tipos de pulso, producido por el espanto de agua, el torrente sanguíneo se capta ‘lento, frío, como si formara remansos; flojo para caminar’. Por el contrarío, el pulso rápido-caliente, producido por el espanto de fuego, se percibe alterado en calor y fuerza; el torrente corre con presión, con furia. Se dice que ‘la sangre hierve’; el cuerpo cambia de color y forma, suda y se ‘seca’, registrando hipertermia (6:344).

El neandiy siit, pulsador huave, "escucha la sangre" para diagnosticar si se trata de una enfermedad de tipo narangic, del tono, o si fue enviada por Dios.

... comienza a tocar el pulso derecho, que es masculino (el izquierdo es femenino), después la pantorrilla, el tobillo, las sienes, detrás de las orejas a la altura del hueso mastoideo, un punto que corresponde aproximadamente a la tercera vértebra cervical, casi nunca hace preguntas porque intuye la enfermedad con el corazón... (12:221).

En Hueyapan, Morelos, los curanderos pulsan para diagnosticar las enfermedades de la sombra, poniendo atención en la forma de latir del pulso de las muñecas y de los pies.

Si la palpitación es poco perceptible, la sombra está caída, pero si no se detecta nada, entonces es necesario buscarla en el codo; si no está allí es que ha ido al corazón. En ocasiones, cuando la sombra de las manos no es detectable, el curandero trata de buscarla en los pies (3:147).

En San Nicolás, Morelos, algunos graniceros pulsan al paciente para saber si la dolencia es "buena" o "mala", si es motivada por los aires o simplemente tiene una causa material. Una experiencia personal proporciona la siguiente descripción:

... tomó uno de mis brazos y colocó su pulgar en mi muñeca derecha palpando la zona de irrigación de la misma, y en silencio se dispuso a escuchar mi pulso. En seguida tomó mi otra muñeca y realizó una operación similar (13:101).

El curandero explica que la gravedad de la enfermedad está en razón del "aire" que se introduce en el cuerpo, y se manifiesta por la debilidad del pulso y la altura a la que se detecta.

... si el pulso era débil en la muñeca, esto indicaba que había un ‘aire’ negativo. Si, además, el pulso solamente era perceptible en las zonas superiores de los brazos, esto definitivamente era una señal de gran alarma, indicativa de que el ‘aire’ era extraordinariamente peligroso. Si el ‘aire’ lograba penetrar directo al corazón, ésta era señal absoluta de muerte irremediable para el paciente (13:102).

Estos son algunos pocos ejemplos ilustrativos de las similitudes y peculiaridades del método en distintos contextos culturales, en los cuales el concepto de las enfermedades determina su interpretación.

Dado que se carece de información acerca de antecedentes prehispánicos sobre el arte de pulsar, se ha inferido que este recurso fue aprendido de los primeros médicos hispanos, quienes decían encontrar en el pulso diversos signos y variaciones que les permitían dictar su diagnóstico (11). Sin embargo, no sería extraño que este método fuera una práctica común del médico prehispánico, dado que es sencillo relacionar las modificaciones de este signo vital con ciertos estados emocionales y de salud, y considerando, además, que para ser un método de diagnóstico adoptado, es demasiado fuerte su arraigo y profusa su difusión entre los diversos terapeutas indígenas a lo largo y ancho del país. Esta postura queda también avalada por la información que Tedlock proporciona sobre las diversas formas en que algunos curanderos indígenas de Guatemala se ponen en contacto con su sangre y/o la del paciente para emitir su diagnóstico, entrando en juego sus particulares apreciaciones del orden cósmico y su relación con los conceptos del bien y el mal, la salud y la enfermedad (14).

Ya en la Colonia se registran antecedentes de curanderos que examinaban uno o varios pulsos.Juan Miguel Escandón diagnosticaba tomando el pulso de sus pacientes en la nariz. En tanto María de los Dolores pulsaba desde la muñeca del brazo izquierdo hasta el ‘lagartillo’ para adivinar que el mal lo había hecho un indio del pueblo de Tejalpa... (15:82).

En varios de los procedimientos se evidencia la presencia de recursos y creencias hispanas, en algunos casos mezcladas o bien reinterpretadas a la luz de las prehispánicas. Al respecto, Quezada proporciona un claro ejemplo:

Quizá uno de los más interesante es el de María Tiburcia ‘La Gachupina’, viuda española, por la relación que existe entre algunos conceptos que maneja y que se pueden anotar como sobrevivencias prehispánicas. Ella, antes de la curación del bachiller Luciano, un demente furioso, santiguó primero los diferentes pulsos, después el brazo, el corazón y otras partes del cuerpo, con la finalidad de curarlo de una extremada pasión, que se traducía en humores que le subían del bazo al corazón y de éste a la cabeza. La relación con las tres entidades anímicas mencionadas por López Austin, el ihíyotl que se localizaba en el hígado (en el caso del paciente aquí mencionado en el bazo o sea del lado opuesto, pero siempre bajo el tórax), el teyolía localizado en el corazón y el tonalli en la cabeza, parece evidente, ya que el equilibrio entre estas entidades permitía mantener la salud; cualquiera de ellas que se alterara provocaba desarreglos y enfermedades... (15:82).

Por último, es importante aclarar que el pulso, como dato clínico, normalmente se toma con los dedos índice y medio sobre la muñeca del paciente. Cuando se detecta con el pulgar, como lo hacen algunos terapeutas tradicionales, el latido percibido es el del propio pulsador. Sin embargo, debe recordarse que la técnica popular de pulsar, más que un dato clínico, es un procedimiento diagnóstico intuitivo, inductivo y/o adivinatorio, sin descartar la posibilidad de que algunos curanderos en efecto investiguen los signos vitales del enfermo.

Índice de Autores

(1) Vogt, E., 1980a.

(2) Hermitte, M. E., 1970a.

(3) Álvarez Heydenreich, L., 1987.

(4) González Sabalza, P., 1982.

(5) Nash, J., 1975.

(6) Reyes Gómez. L., 1988.

(7) Nash, J., 1973.

(8) Grinberg-Zylberbaum, J., 1988.

(9) Ramírez Hernández, A., 1983.

(10) Villa Rojas, A., 1983.

(11) Villa Rojas, A., 1963.

(12) Signorini, I., et al., 1979.

(13) Grinberg-Zylberbaum, J., 1988.

(14) Tedlock, B., 1992.

(15) Quezada Ramírez, N., 1989a.

SM y MM