1111
Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Chujes.
[ ]  [ ]  [ ]  [
Descripción de demandas
]
Descripción de demandas

Parto

Tal y como sucede en otros grupos indígenas del país, entre los chuj, los terapeutas tradicionales que atienden en mayor medida esta causa de demanda de atención son las parteras, si bien algunos curanderos y hueseros también suelen atenderla. En ambos casos, los terapeutas cuentan, por lo general, con el reconocimiento del personal médico de las unidades de salud comunitarias.

El parto se lleva a efecto en la casa de la parturienta y, casi siempre, con la asistencia del marido, quien funge como auxiliar de la partera. La presencia de "dolores" continuos o el rompimiento de "la fuente", son las señales que marcan el inicio de la intervención del terapeuta, quien procura mantener a la mujer "calientita" mediante masajes en la cintura y el vientre, que ejecutan con pomadas de patente o de elaboración doméstica. Estos masajes también se realizan con la finalidad de verificar la presentación del producto y, cuando el caso lo requiera, acomodarlo en posición cefálica. Además, mientras se preparan el escenario y los materiales necesarios, la terapeuta administra a la parturienta varias tazas de té de manzanilla, con la finalidad de que se "ensuavezca".

La posición que adopta la mujer durante el trabajo de parto es, por lo común, hincada y apoyada ya sea en la orilla de la cama o en el marido; mientras tanto, la partera se coloca a sus espaldas, y presiona el vientre para ayudar a que baje el niño. Una vez que el producto ha salido, la terapeuta repite los masajes en el vientre de la parturienta y le da a beber una copita de aceite de comer, con el objeto de que "el par (placenta) se ensuavezca y baje"; si con esto la placenta no es arrojada, procede a calentar el vientre de la parturienta con un plato previamente colocado sobre las brasas, y como último recurso, tira suavemente del cordón umbilical, hasta conseguir que la placenta salga. Enseguida, corta el cordón umbilical al recién nacido, a una distancia de cuatro dedos, y lo amarra con un hilo que le proporcionan en la clínica; después, aplica Merthiolate en la herida umbilical y, finalmente, quema el cordón con una vela "para que seque pronto y se caiga a los tres días".

A continuación, la partera practica a la recién parida "una aplastada a su matriz", para que acabe de arrojar "los deshechos"; después, vuelve a masajear con una pomada el vientre de la parturienta, con el propósito de acomodar la matriz y mantenerla "calientita". Finalmente, le coloca una faja que debe usar por un lapso de 20 a 30 días, periodo en que "no puede tomar marido", es decir, no debe tener relaciones sexuales.

Pasados dos o tres días, la puérpera toma un baño de temazcal con la finalidad de proporcionar calor a su cuerpo y "bajar la hinchazón del vientre". El baño se practica de la siguiente manera: en el interior del temazcal, se calientan unas piedras en dos brasas de leña, y en seguida la mujer y la partera entran al recinto; mientras la mujer yace sobre unas tablas, otra persona echa agua (una decocción de hojas de naranjo) a las piedras para producir el vapor, en tanto que la partera golpea suavemente el cuerpo de la puérpera con unas ramas de ojión y kidamba. El tiempo que la mujer debe permanecer en el baño depende del juicio de la partera: si la paciente se ve debilitada, el baño debe ser rápido, ya que si se excede podría "atarantarse".

La descripción anterior contempla el curso normal de un parto sin contratiempos. Sin embargo, los terapeutas suelen enfrentar ciertas complicaciones, tales como cuando "el niño viene atravesado, sentado o con el cordón enredado", señalan los informantes. En estos casos, la partera persiste en los masajes para acomodar al producto (V. acomodar al niño), y, si es necesario, introduce su mano con habilidad para acomodar al niño o desenredar el cordón, de manera que pueda verificarse el parto; de lo contrario, el niño o la madre —o ambos— corren el riesgo de morir.