Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Mayas.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Ubicados en una de las áreas culturalmente más homogéneas del país, los terapeutas mayas son herederos directos de una de las tradiciones médicas más ricas y complejas de todas las registradas en el territorio nacional. La abundancia de los datos, la amplitud del área ocupada por la etnia y la importancia demográfica de los mayas, justifican —como en el caso de los nahuas— un tratamiento especial, aun a riesgo de ser prolijos y de elaborar un capítulo notablemente más extenso que los dedicados a otros pueblos indígenas estudiados en esta obra. Aun así, hemos prescindido de gran parte de la información recogida en el campo, y asentado —en el caso de las causas de demanda de atención— sólo las que nos han parecido más significativas.

Los terapeutas tradicionales mayas entrevistados fueron 176, ubicados en distintas zonas de los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Al momento de la encuesta, 104 informantes residían en el primero de los estados mencionados, específicamente en los siguientes municipios: Chacsinkin, Chankón, Chemax, Chichimila, Chickindzonot, Halachó, Peto, Sotuta, Tahdziu, Tekóm, Tixcacalcupul, Tixmeuac, Tzucacab, Valladolid y Yaxcabá. En el segundo, fueron entrevistados 54 médicos tradicionales, todos ellos pertenecientes a los municipios de Calkiní y Hopelchén; mientras que en el último, los 15 terapeutas encuestados vivían en el municipio de Felipe Carrillo Puerto.

Resulta importante analizar ciertos datos cuantitativos, pues reflejan bastante bien la estructuración del grupo. El 48% de los informantes eran de sexo masculino, y el 52% de sexo femenino, porcentajes que indican una distribución bastante homogénea de los sujetos dedicados al ejercicio de la medicina tradicional. Al momento de la encuesta, el promedio de edad era de 52 años. Es de hacer notar que en esta etnia el ejercicio de la práctica médica tiene un comienzo relativamente temprano: un considerable porcentaje de los entrevistados (22%) comenzó a desempeñarse como terapeuta entre los 10 y los 20 años (algunos, incluso, antes), fenómeno notable y contrastante con lo que usualmente ocurre en otros pueblos indígenas, en donde los curadores niños, adolescentes o jóvenes son excepcionales o prácticamente inexistentes. Porcentajes análogos se advierten en los otros grupos de edad: el 24% se inició entre los 21 y los 30 años; el 23% entre los 31 y los 40; el 21%, entre los 41 y los 50, y solamente el 10% comenzó a dedicarse a las actividades curanderiles después de los 50 años. El hecho de que en muchos terapeutas mayas el comienzo de la actividad curanderil se dé a tan temprana edad, provoca que un alto porcentaje de ellos lleve una gran cantidad de años en el ejerció profesional. Esta modalidad es indicativa, también, del evidente interés de las nuevas generaciones por mantener viva la medicina tradicional, garantizando, de esta forma, la continuidad de un aspecto fundamental de la cultura maya.

Es necesario destacar el alto porcentaje de terapeutas monolingües dentro del grupo de los entrevistados: 86°/ del total; el restante 14% afirmó ser bilingüe. Asimismo, una importante proporción era analfabeta, fenómeno íntimamente ligado al monolingüismo.

Por lo general, los terapeutas mayas realizan las curaciones delante del altar familiar de su vivienda, aunque algunos prefieren construir una habitación —el "santuario", hecha de bajareque, piso de tierra y techo de palma de guano— destinada concretamente a la atención de los enfermos; en su interior instalan el altar, en donde además de velas, algunas cruces de cedro, flores y la efigie del santo patrono de la comunidad, se encuentran las imágenes de Cristo, de la virgen de Guadalupe y del santo Niño de Atocha. Los hierberos acostumbran colocar también las de Santiago, san Diego y san Roque; las parteras, en cambio, colocan en sus altares las imágenes de santa Librada, santa Rita, santa Marta y santa Juliana, en razón de que "estas vírgenes fueron parteras". Si bien las curaciones pueden ser realizadas cualquier día, los enfermos prefieren solicitar la consulta médica los martes y viernes —algunos añaden también el día domingo—, por ser consideradas jornadas particularmente propicias para lograr la recuperación de la salud. Después de conversar con el paciente y antes de dar inicio al tratamiento, los terapeutas rezan algunas oraciones a las imágenes del altar: por lo general, se trata del padrenuestro, el avemaría y el credo; encienden la veladora que ha traído el enfermo y piden permiso a Dios para curar. Algunos médicos tradicionales señalan que en ciertos casos —generalmente aquellos de difícil curación—, los santos les sugieren el tratamiento adecuado mientras duermen. Así, un informante refiere el procedimiento que acostumbra poner en práctica para obtener el consejo divino: pide al enfermo una foto con su nombre, la coloca debajo de una determinada imagen —según sea la enfermedad o problema que sufre el sujeto— y la deja allí durante la noche; mientras duerme, el santo le revela la terapia apropiada. De este modo, es posible determinar el tratamiento para un enfermo sin que éste vaya a la consulta: es suficiente con que un familiar o amigo lleve la fotografía.

Las profesiones médicas indicadas por los entrevistados mayas son numerosas y variadas, lo que revela una alta especialización entre estos terapeutas, además de la posibilidad, por parte de los enfermos, de poder elegir entre una amplia gama de especialistas.

La profesión numéricamente más importante es la de hierbero (ts’ak yah yetel xiw, kaxan ts’ak, ts’a ts’ak xiw, tz’ak xiw), indicada para el 23% de los informantes, y en la que prevalecen los terapeutas de sexo masculino, cuya edad promedio general registrada fue de poco más de 60 años. Los informantes indicaron que la profesión de hierbero puede estar asociada a otras especialidades, como la de partera, de hierbero (especialista) en niños (ts’ak yah yetel xiw ti mehen pal), de sobador (yot’mak), de pasmo (k’inpahal u k’ik’el), de cáncer, de "primicias" (k’ub), de rezador (meyah k’ilis t’an, k’am t’an) y de huesero (k’ax bak); ciertos hierberos ejercen más de una especialidad, como es el caso de los híerberos-parteros-sobadores. Las formas de aprendizaje indicadas para este grupo de informantes, ponen en evidencia la enorme importancia del núcleo familiar como poseedor de los elementos necesarios para perpetuar una tradición médica al interior de la etnia: casi la totalidad de los hierberos entrevistados señaló a la transmisión oral del conocimiento por parte de otro especialista como la manera de adquirir su saber; de éstos, más del 98% afirmó que el "maestro" formaba parte del mismo grupo familiar. Este hecho permite al futuro hierbero comenzar desde temprana edad a conocer las propiedades curativas de las plantas, el recurso terapéutico más importante del armamentarium medicinal de este grupo de especialistas. Esporádicamente, se encontraron otras formas de adquisición de los conocimientos, como el autoaprendizaje, la intervención divina, el don traído de nacimiento y la asistencia a cursos. Con respecto a las plantas, los hierberos mismos las colectan y las secan, muelen aquellas que son factibles de ser convertidas en polvo y las guardan para proporcionárselas a sus pacientes al momento de la consulta. Al indagar sobre las causas de demanda de atención atendidas por este grupo de especialistas, los padecimientos gastrointestinales se revelaron como los más numerosos, destacando la diarrea (wach’k’ahal, tankabi, k’ak’as nak’, ak’ab ximbal, k’aax, pasmar ta’, ta’-yah ta’, cursus, k’axi, wach’, hunak), la diarrea verde (y’ax ta’), el vómito (xee), la diarrea con vómito (wach’k’ahal yetel xee), la disentería (k’iik’ nak, k’iik’ ta, t’un patio, k’iik’ nak’ kuy nan sik, k’iik’ nak’ ta’k’iik), la gastritis (chuhkal, ya yah-puksík’al) y el derrame de bilis (k’an chik’in). Los síndromes de filiación cultural ocupan el segundo lugar en importancia en la actividad curanderil de los hierberos; aparecen aquí el mal de ojo (k’as ichtah, hilabuiich, ojeartabi, ets’ ich, ich tabi, k’ak’as ich, k’ak’as ojo), el ojo de borracho (pakat kal’n, ojoy kala’n, ich kala’n), el mal viento (ik’, k’ak as ik’ chukan tu men ik’), el cirro (tip’te o pasmar nak’), el aire en el estómago (yan ik’ tu nak’), la caída de la mollera (dzumul ha’al), el llanto nocturno (ok’in k’ab o ak’ab ok’ol), el pasmo (k’inpahal u k’ik’el), el acecido (hesbal, hesbal se’en) y el hechizo (men k’as, meya k’as). Las afecciones consideradas de tipo dermatológico por los hierberos mayas se mostraron también numerosas en la morbilidad atendida por ellos: sarna (sak’, wech, saa sak’ winikil, saa sak’ winikil mak), granos (k’aak), pelagra (kahal mehen pal), mal de pinto (k’ak’as pintó), erupción en la piel, comezón (sak’), cáncer y lepra. Por último, los terapeutas indicaron una serie de causas de demanda de atención que se refieren a enfermedades no pertenecientes a ninguno de los tres grupos anteriores; ellas son, en orden de frecuencia: calentura (chokwil, chich chokwil), dolor de cabeza (chi’bal pol, k’inam pol, k’inam pach ka, jit apol, holon al), mordedura de víbora (chi’bal kan), mal de orina (k’ak ’as wix, k’al wix, k’ak’as riñon, ch’ah ch’ah wix), ardor de orina (elel wix), dolor de muela (chi’bal ko, k’inan ko), paperas (chup kal, chu chup kal), dolor de pies (chi’bal ok), dolor de oído (k’inam xik’in), dolor de barriga (tu k’inam in puksík’al, chi’bal nak’), carnosidad (bul bak’ u ich), diabetes (ch’uhuk wix, ch’uhuk k’iik), reumatismo (k’inam ok, pupui ik’, reuma ik), pasmo de la sangre (ku k’inphal u k’iik), pasmo de la mujer (pasmo u k’iik), dolor de huesos, dolor de cuerpo (k’inam winikil, ya yah winikil), hinchazón (chup, chuchup winikil), asma (k’ak’as se’en, se’en, t’uh ik’, hesbal se’en), lagrimeo de los ojos (ok’ol ich), flujo vaginal (sasak t’un), inflamación (chup), cirrosis chuchup tu taman), manos desconcertadas, flojera (hoykep), "legajes", bronquitis, neurosis, mal del corazón (k’ak’as puksík’al), nervios (tu k’inam in pachka’), vista opaca (tene ma sas in ich), dolor de rodillas (ti k’inam in pol), dolor de ovarios (tu k’inam chup, k’inam u pach), "sal", fluxión o flujo blanco (sak mancha, sasak t’un), dolor (k’inam), dolor de cuello y de cabeza, hinchazón del cuerpo (u chupup winikil mak), "dolor cuando baja la regla" (ma tu tali ink’oha’n), incordios, tuberculosis, pulmonía (sim pul), fogazón en la boca (k’aak’, k’aak’tu chi mak), hemorragia (xan k’ik’, wach’ka ’hal yetel mancha), magullón (chu’chum), tumor (chuchup), hepatitis (pasmo de k’an chik’in), sinusitis (pasmado se’en) y sabayón (k’oha’n ok, ya-yah ok, sasak ok).

Después de la de hierbero, la profesión numéricamente más importante al interior del grupo de terapeutas mayas entrevistados, es la de partera (k’am pal, ah-k’ax tuch ahal, hila k’oha’n, ah-comadrona, hila pal, ah-kam chaphal, ah-chich), práctica médica desarrollada casi exclusivamente por mujeres, cuya edad promedio al momento de la encuesta era de poco más de 55 años. Las parteras mayas se designan a sí mismas con la expresión kahalnal palob ("vecina de niños"), y suelen combinar su actividad principal con otra u otras especialidades: sobadora (k’am pal yetel yot’mak), curandera y hierbera, principalmente. Si bien mayoritariamente el aprendizaje de la partería es desarrollado en el seno de la familia de la aprendiz —siguiendo las enseñanzas de una terapeuta que muchas veces es la misma madre o la abuela—, el autoaprendizaje constituye también una forma frecuente de llegar a dominar la profesión, probablemente a causa de las necesidades que muchas veces impulsan a las mujeres a dar a luz solas, sin el auxilio de los médicos o del terapeuta tradicional. Los escasos parteros entrevistados señalaron haber aprendido los rudimentos de la profesión atendiendo los partos de sus esposas. Fueron numerosos los terapeutas de este grupo que señalaron su asistencia a cursos impartidos por instituciones oficiales.

Todas las parteras entrevistadas refirieron que al momento del parto acostumbran administrar una infusión de pixoy para acelerar las contracciones y ayudar así a la parturienta. Acerca de las causas de demanda de atención tratadas por este grupo de terapeutas, nuevamente encontramos que las afecciones gastrointestinales ocupan el lugar más importante; las mencionadas con mayor frecuencia son: diarrea, vómito, cólico (yah ik’al nak’, yah puksík’al, tu k’inam u puksík’al, k’inan nak’), disentería, barriga torcida (ch’otol ch’u chochel), pasmo, diarrea de viento de agua, derrame de bilis, mareos y vómito, deposición con sangre, diarrea y vómito, y pujos. Las causas de demanda de atención de carácter ginecoobstétrico consignadas por las parteras son: atención del parto (antah u sihil palal), "cuando no sale la placenta" (ú kanche), aborto y amenaza de aborto (enu-ú-kamba, tu yuchul k’as ti, tu yuchul lob ti), sobreparto, matriz de fuera (k’u yol u mama nak’), inflamación de la matriz (chup ux ch’upil), detención de la regla, fluxión o flujo blanco, esterilidad o "señoras que no pueden tener hijos" (ma ’u nah hijos), acomodar al niño (sutbil tu bel u sihil chan pal), "amarradas" y dolor de ovarios. Los síndromes de filiación cultural que atienden estas especialistas son el mal de ojo, el cirro o tip’te, la caída de la mollera y los diferentes tipos de aires. Otras causas de demanda de atención reportadas son: dolor de cabeza, asma, tos (sa’sak kal), granos, mancha blanca, mal de riñón, mal de orina, calentura, dolor de barriga (chi’bal nak’), diabetes, paperas, dolor de ojos, masajes, curaciones, sabayón, "sangre en el ombligo" (tuch), ausencia de leche materna, tétanos del recién nacido, mal sueño por embarazo, hinchazón de pecho, amarillo de la piel, hinchazón de pies, dolores de barriga y espalda, falta de apetito mancha roja, sarna, dolor de oído, reumatismo, apendicitis, dolor de espalda, viruela, colitis, kal wi’ih y mordedura de víbora, las parteras son requeridas también para aplicar inyecciones (jup’) y para sobar (yot’).

Con respecto a las parteras que ejercen alguna otra profesión (sobadora, curandera y hierbera, entre otras), las informantes señalaron algunas particularidades del aprendizaje, según el tipo de práctica de que se tratara: así, por ejemplo, el oficio de la partería frecuentemente les es trasmitido por la madre o la abuela, también parteras, mientras que los conocimientos acerca de las plantas medicinales —cuando se trata de parteras-hierberas— han sido adquiridos junto a un hierbero experimentado. El predominio de una de las actividades suele ser indicativo tanto de las diferencias de género como del dominio de ciertas habilidades que le permiten atender el núcleo principal de padecimientos característicos de cada profesión. Las parteras-hierberas, así como las hierberas-parteras, son siempre mujeres y tratan las causas de demanda de atención típicas de ambas especialidades, además de un grupo de padecimientos comunes a otras. Asimismo, las profesiones de partera-sobadora y de partera-curandera son ejercidas siempre por mujeres, mientras que las de sobador-partero o de curandero-partero pueden ser practicadas por sujetos de ambos sexos. En todos los casos, además de los partos y de los trastornos ginecoobstétricos más comunes, estos cuatro especialistas también atienden los que corresponden a las actividades de sobador o de curandero, según el caso. En ciertas comunidades se encontraron parteras cuya especialidad es la de tratar el cirro o tip’te, lo cual revela la enorme importancia de este síndrome de filiación cultural en la morbilidad de los habitantes de la península, como veremos al analizar los cuadros nosológicos de esta medicina.

Los curanderos (ts’a tsa’ak, k’aha’nts ’ak, ilah k’oha’n) conforman el tercer grupo de terapeutas numéricamente más importante de la medicina tradicional del pueblo maya. En esta profesión se da una prevalencia de sujetos de sexo masculino, con una edad promedio relativamente más alta que los otros: 67 años. En general, los informes no indican que las especialidades ocupen en este grupo un lugar relevante; se mencionaron, ocasionalmente, las de huesero y curador de picadura de víbora. Acerca de las formas de aprendizaje, la enseñanza a cargo de otro curandero fue la más mencionada, si bien el maestro no siempre pertenecía al mismo núcleo familiar. Al proceso de formación del terapeuta no son ajenos los factores de orden sobrenatural; las apariciones de tipo divino, el don traído de nacimiento y el aprendizaje mediante los sueños fueron otras formas de llegar al conocimiento del oficio de curandero registradas en el estudio. Al referirse a los padecimientos tratados por los curanderos, los informantes señalaron que las afecciones del sistema gastrointestinal constituyen el grupo más relevante; dentro de él, destacan: disentería, diarrea, cólicos, bilis, diarrea con vómito, lombrices (ya’x pech’che’ o u konik lukum ak), diarrea de noche, gastritis y vómito. Los síndromes de filiación cultural ocupan un lugar importante al interior de la morbilidad atendida por estos terapeutas: se registraron el mal de ojo, el mal viento, el susto, el cirro y el "aire de las 12 del día" (ytka chumuk k’in). Los curanderos también se ocupan de la realización de ceremonias, tales como las distintas formas de kex y el mena kol ("trabajo de monte"). Las causas de demanda de atención de tipo dermatológico tratadas por estos terapeutas fueron: dermatitis, cáncer, paperas, granos, salpullido, pelagra, sarna, sabayón y viruela. Otras causas de demanda de atención registradas fueron: dolor de cabeza, reumas, calenturas, diabetes, pasmada, dolor de estómago, "cuando hay retraso de menstruación", pasmada de barriga, ardor de orina, nervios, conjuntivitis, dolor de cuerpo, neuritis, anemia (sak pilen u wuinkli o nina’an u yol), alergias, llagas, flujo vaginal, pasmo de la mujer, tumores, mordedura de víbora, "privado" (tu chuk k’ech ik’), artritis, dolor de oído, dolor de seno, sudor de noche, asma, dengue, bronquitis, tos, dolor de pies y "gotoso".

Al interior del grupo maya, una categoría muy importante de terapeutas es la correspondiente al grupo integrada por los sacerdotes tradicionales, los h ’menoob (plural de h’men, según el diccionario Maya Cordemex: "El que hace o entiende algo", cuyo sinónimo en otras poblaciones corresponde al "sabio"), conjunto formado casi exclusivamente por hombres; los informantes tradujeron el término maya como "sacerdote", "médico tradicional’, "hierbero-h’me’ y "médico tradicional-h’men-partero". Las especialidades registradas con más frecuencia entre estos terapeutas son las de rezandero y curandero, seguidas por las de partero, hierbero y huesero.

La trasmisión oral del conocimiento por parte de otro h’men más experimentado es la forma más común de ser iniciado como sacerdote tradicional. Durante este proceso, el alumno debe aprender sobre todo a realizar correctamente las numerosas ceremonias religiosas que ponen en contacto a los miembros del grupo con las diversas divinidades de su panteón; según los informantes, si un ritual no se hace de la manera adecuada, no se alcanza el objetivo para el cual fue realizado y el oficiante puede incluso enfermar. Otros h ’menoob descubren su vocación después de ser protagonistas de algún fenómeno peculiar, el más frecuente de los cuales ocurre durante la niñez del terapeuta, por lo cual no es de extrañar que muchos h ’menoob  hayan comenzado a curar desde muy temprana edad. Generalmente, el niño desaparece de improviso, se extravía en el monte. La población cree que quienes lo atrapan son los alux —deidades menores dueños de los montes, milpas y otros lugares físicos— y los chaqués (acompañantes celestes del dios de la lluvia), los cuales durante este periodo le enseñan los secretos para una correcta ejecución de los ceremoniales; ellos también se encargan de alimentarlo y de proporcionarle el bienestar necesario para su sobrevivencia. Para que el niño extraviado regrese, sus padres deben solicitar a un h ’men la ejecución de un ritual de nombre loh ya que, de lo contrario, puede morir; por lo general, al término de la ceremonia, el menor aparece portando todos los conocimientos relativos a su oficio, además de una piedra sas, regalo de los dioses; esta piedra forma parte fundamental del armamentarium de los h’menoob y se utiliza para adivinar. En otros casos, el hecho extraordinario que señala la posesión del don ocurre durante la vida adulta del sujeto. Uno de los informantes hizo el siguiente relato: en el curso de una cacería encontró tres piedras sas, que intentó regalar sin éxito, ya que nadie las aceptó; poco tiempo después comenzó a soñar que un niño le explicaba cómo realizar las ceremonias y le enseñaba las propiedades de las plantas medicinales. Ciertos informantes señalaron haber aprendido los secretos de la profesión durante el estado onírico, así como por voces que de improviso escuchaban mientras estaban despiertos.

Cualquiera que sea el tipo de mal que aqueje al paciente, los h’menoob diagnostican mediante procedimientos de adivinación como el pulseo, o bien utilizando la baraja española, el zastun (piedra transparente) y los granos de maíz. Este último recurso se emplea cuando los problemas guardan relación con la milpa; en cambio, los otros permiten resolver un conjunto más amplio de dificultades.

Los h’menoob atienden todo tipo de causas de demanda de atención relativas a la vida religiosa y a las costumbres tradicionales de la sociedad maya. Se trata, por lo general, de ritos mágico-religiosos de carácter propiciatorio, referentes a las labores agrícolas, la salud y las enfermedades, entre otros; en ellos, el h’men hace de intermediario entre los habitantes de las comunidades y las divinidades a quienes se desea formular la petición. Todas estas ceremonias constituyen rituales más o menos complejos, en el curso de los cuales el sacerdote tradicional hace una ofrenda a la deidad requerida a cambio de una petición concreta. Este mecanismo explica que gran parte de estas ceremonias reciban el nombre de kex ("cambio"), aunque algunas llevan un nombre más específico, según la finalidad para la cual fueron solicitadas. Toda ofrenda debe incluir sakah (bebida de maíz que se hace con un nixtamal preparado sin cal), ch’a ch’ak wah  (especie de tamal cocido bajo tierra), kool (caldo espeso preparado con masa) y balché (bebida que se prepara con la corteza del árbol del mismo nombre, dejándola fermentar en agua con miel). Las causas de demanda de atención correspondientes al quehacer de este grupo de terapeutas se relacionan en buena medida con la ejecución de estas ceremonias de claro origen prehispánico, practicadas con el fin de alejar las malas influencias del seno de la comunidad, así como pedir determinados favores a las divinidades, por ejemplo, lluvias abundantes o una buena cosecha. Las causas de demanda de atención consignadas por los h’menoob y que requieren de su participación fueron las siguientes: a) la realización del ch’a  chaak (ceremonia para la lluvia), ritual que se hace a petición de la población cuando las lluvias tardan en llegar; b) el loh-kah ("ceremonia para el pueblo"), ritual que tiene por objeto lograr la protección de los habitantes de la comunidad, evitando, por ejemplo, las epidemias, o "que los duendes, los alux, víboras y otras alimañas salgan a los caminos por donde pasan los hombres",  c) el loh-corral  ("ceremonia para los animales del corral"), el cual se ejecuta cuando los animales comienzan a enfermar y a morir; d) el hoch che’ o yuklilol, una ceremonia que se hace al término de la cosecha de la milpa para agradecer al "dueño" de la tierra; en ella, el h’men ofrece los frutos más grandes y hermosos obtenidos, los cuales son colocados en un altar en medio de la milpa junto con algunas imágenes de santos, un machete, una coa, una calabaza, un rifle y hojas de xtaabentun; e) el loh hits’a’an, ceremonia que tiene por finalidad agradecer a las deidades que cuidan a los animales —yum tsara-tsara, yum tsaroque y yum tsa-tsiomo— y pedir que los cazadores tengan una buena cacería; f) el han in kol, ritual que se realiza comunitariamente en espacios abiertos o templos con el objeto de hacerse perdonar por los santos yumbil, Dios Espíritu Santo, yum san Marcos y yum san Isidro) el loh-lu’um, ceremonia que se realiza cada dos años y que tiene la finalidad de proteger a los habitantes de la comunidad del mal viento y de los malos espíritus. Es necesario destacar que en todas las ceremonias deben estar presentes algunas ramas de siip che’ (Malpighia glabra), planta que según los terapeutas tiene la propiedad de alejar los malos aires y, por lo tanto, de proteger al oficiante del influjo maligno de éstos.

Con respecto a las ceremonias kex, éstas son solicitadas con diversos fines: para cambiar la fecha de nacimiento de un niño que ha nacido un día martes o viernes —considerados por la población maya como días particularmente nefastos—, o para obtener protección contra el mal de ojo. La ceremonia kex también forma parte del tratamiento de varias enfermedades, como los malos aires, por ejemplo. Los propios h ’menoob se someten con frecuencia a este ritual como una forma de liberarse del influjo maligno de las enfermedades que han curado y cuyo efecto puede revertirse en ellos mismos. Por último, el payal chi’ —expresión que los informantes tradujeron como "santiguar"-es otro de los rituales que el h’men tiene a su cargo.

Hemos señalado que las comunidades mayas solicitan prioritariamente la intervención del h’men para que conduzca el ceremonial. Un segundo grupo de demandas es el referido a la atención de los padecimientos del sistema gastrointestinal. En orden de importancia, los h’menoob atienden diarrea, cólicos, diarrea y vómito, disentería y lombrices. Las afecciones de tipo ginecoobstétrico tratadas por los sacerdotes tradicionales son la falta de menstruación, el parto, el mareo del parto, el pasmo de la regla, el reconocimiento y asistencia durante el embarazo ("va a nacer su bebé") y el pasmo de la mujer. Numerosas fueron las causas de demanda de atención que no se pudieron relacionar con los grupos ya reportados: tip’te, calentura, dolor de cabeza, dolor de muela, dolor de huesos, nervios, dolor de barriga, mal de orina, reumatismo, nervios alterados, salpullido, comezón, torceduras, pasmo, desmayo, mordedura de serpiente, paperas, corrimiento, bronquitis, comezón en el cuerpo, hinchazón roja y blanca, fatiga, dolor de riñón, dolor muscular, dolor del corazón, dolor del cerebro, mal de sentimiento, asma, viruelas, "soba hueso", incordios, pasmo de la sangre, nube en los ojos, pasmo de catarro, catarro, diabetes, mancha blanca, fractura de extremidades, dislocación de huesos, hinchazón y acecidos.

Otro tipo de terapeuta tradicional del grupo maya es el sobador (yot, pats’, yet), quien algunas veces ejerce su profesión junto con la de hierbero; este oficio es practicado prioritariamente por terapeutas de sexo masculino, los cuales aprenden la actividad sobre todo gracias a la enseñanza de un sobador que forma parte de su mismo grupo familiar. Las causas de demanda de atención tratadas por estos terapeutas se refieren principalmente a afecciones del sistema gastrointestinal, como disentería, diarrea y vómito. Se registraron además: tip’te, c’h’ot u cirro o cirro ladeado, mal de orina, huesos desconcertados, calentura, dolor de cuerpo, dolor de brazo, dolor de ombligo, dolor de hombros, heridas (k’inam), dolor de muelas (chi’bai ka), dolor de oído, asma, granos, cáncer y pasmo.

El último tipo de terapeuta tradicional consignado fue el rezador (k’amal t’an); además del rezador propiamente dicho, aquí encontramos rezadores del cerro, rezadores-hierberos y rezadores-hierberos-atrae lluvia, todos ellos especialistas en el tratamiento de síndromes de filiación cultural, tales como el mal de ojo, el pasmo, el mal viento, el aire, los "remolinos" y el hechizo. Por otra parte, los rezadores participan activamente en la realización de ciertos rituales como los kex, en los que la recitación de oraciones y letanías, junto con la ofrenda, conforman la parte medular del ritual. En menor medida, atienden afecciones frecuentes relativas al sistema gastrointestinal. Este grupo heterogéneo de terapeutas también trata otra serie de padecimientos, tales como el dolor de cabeza, las infecciones de la piel, la calentura, la gripa, la pelagra, el alcoholismo (kaaltal yumob), la mordedura de víbora, el dolor de cuerpo, la hinchazón, la barriga caliente, el dolor de barriga, el catarro, las manos llagadas y las ronchas en el cuerpo. Las sangrías son uno de los procedimientos terapéuticos aplicados con frecuencia por estos especialistas.

El número de pacientes atendidos varía de un terapeuta a otro; así, se encuentran algunos que tratan pocos casos mensualmente, mientras que hay otros que son solicitados por más de 50 personas cada semana. El conjunto de terapeutas mayas ha registrado una fuerte capacidad de agrupación en organizaciones de médicos tradicionales; más del 50% declaró pertenecer a la OMIMPY (Organización de Médicos indígenas Mayas de la Península de Yucatán), la cual posee actualmente ocho consejos que agrupan a los terapeutas organizados de los tres estados peninsulares.