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Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Zoque-Popoluca.
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

La información relativa a la medicina tradicional zoque-popoluca fue recabada entre terapeutas que residen en comunidades veracruzanas de los municipios de Hueyapan de Ocampo y Mecayapan. Pese a que el número de médicos indígenas entrevistados constituye una reducida muestra —nueve en total, cinco de ellos hombres y cuatro mujeres—, se proporcionan aquí algunos datos que dan un panorama al lector sobre el perfil de estos agentes de la medicina tradicional.

Se detectó un rango etario más o menos amplio que oscila entre 32 y 73 años, con una media de 51 años, edad en la que el terapeuta ya se considera experimentado, es decir, con la suficiente madurez y sabiduría como para trasmitir sus conocimientos a otros más jóvenes. Asimismo, el periodo en que han ejercido la práctica médica varía de uno a 40 años, con un promedio de 19. Siete de los informantes eran bilingües de español y zoque-popoluca y dos sólo hablaban su lengua materna. Respecto de su escolaridad, también siete de los nueve terapeutas declararon saber leer y escribir.

Es importante señalar que el ejercicio de la práctica médica no proporciona, a la mayoría de los terapeutas, la totalidad de los ingresos necesarios para subsistir; es así que cinco de ellos señalaron dedicarse también a las labores agrícolas, y cuatro a las domésticas y artesanales.

Se lograron detectar cuatro grupos de terapeutas: las parteras, los hierberos o hierbateros, los hueseros y los curanderos. El grupo más numeroso corresponde al de las parteras, llamadas en lengua zoque-popoluca sush pincui o po’oicma o po’i. Paralelamente a su profesión, las parteras suelen dominar otra práctica médica que las define como especialistas, por ejemplo, la partera con especialidad en caída de mollera y ensalmo para el ojo, la partera "limpia-espanto", o aquellas que poseen conocimientos de hierbatera y curandera; por lo tanto, se les reconoce la habilidad y conocimientos suficientes para poder tratar diversos problemas de salud, además de los relacionados con la atención materno-infantil.

Su adquisición de conocimientos y habilidades se suele iniciar como parte de una tradición familiar; sin embargo, existen parteras que incursionan en esta práctica médica mediante el autoaprendizaje, debido a la necesidad de atender a una pariente o a una amiga, y después completan su formación al lado de otra partera experimentada.

Las principales causas de demanda de atención por las que se solicitan los servicios de las sush pincui son las de tipo ginecoobstétrico, de las cuales se consignaron en el siguiente orden de frecuencia: parto, embarazo, desviación de matriz (pu que tnhei), demandas anticonceptivas (V. prevención de embarazo), "para que una mujer recién aliviada dé leche" (V. problemas de lactancia), hemorragia previa al parto, hinchazón de matriz después del parto, sospecha de embarazo, prevención de embarazo, dolores posteriores al parto, anemia durante el embarazo, riesgo de aborto, medidas preventivas para evitar complicaciones durante el parto, no baja la placenta, quebranto en mujeres (quebranto), prevención de aborto, hemorragia (menstrual) e infección del ombligo del recién nacido. El dominio de otras especialidades, como se mencionó anteriormente, faculta a las parteras a atender algunos síndromes de filiación cultural, entre los que se mencionaron con mayor insistencia: caída de mollera (actne-ñutzyi), mal de ojo o calor de ojo (isitcuipiji), atrancado de la boca (anatz’u na), espanto (atsu’aje), mal viento, engaño y popoche o pujo. Dentro de las gastrointestinales destacan tapadura, ampresia, diarrea, gastritis y cólico. Además, se mencionó un grupo heterogéneo de afecciones, tales como: calentura jagua), problemas del corazón (anma t’oya), dolor del corazón (a ’ma toypa i’ama), hemorragia nasal, infección de granos en la piel de la cabeza y sarampión.

El segundo grupo de terapeutas es el de los hierberos, a quienes en lengua materna se les designa con los vocablos tzot, cuiñacay tzoyeyoi. Entre estos sólo se identificó la especialidad en "enfermedades del estómago y del corazón", la cual se designa en lengua zoque-popoluca con la expresión tounumain-tsocoichoiye.

El proceso de aprendizaje del hierbero se efectúa mediante rígidas normas culturales propias del grupo; el conocimiento es trasmitido por otro terapeuta experimentado y conocedor de los recursos herbolarios, aspecto que se acompaña de la observancia de una serie de reglas, como el "ayuno sexual" durante 7,14 ó 21 días —dependiendo de la gravedad del enfermo—, para que la curación "tenga validez", así como la forzosa abstinencia sexual y dieta alimenticia que debe cumplir el hierbatero durante la Pascua, periodo en que colecta y prepara sus medicamentos herbolarios.

Entre las causas de demanda de atención por las que son solicitados los servicios del yanatsot o cuiñaca, se mencionaron en orden de frecuencia: las gastrointestinales (dolor de estómago o tounumain, tapazón, disentería y fiebre-diarrea o pa’jé), los síndromes de filiación cultural (susto y latido), los accidentes y afecciones que se manifiestan en la piel (llagas, disípela y mordedura de víbora (V. mordedura de serpiente) o sa’a aguas), y otros motivos de atención comunes, tales como hinchazón de matriz, dolor de cuerpo (to’oya), tos (suc’sh), hemorragia nasal y fiebre amarilla o hepatitis (puc’jagua).

Los hueseros conforman el tercer grupo de terapeutas zoque-popoluca, a los cuales se designa en la lengua materna con el vocablo t’aboya pa. En esta profesión se suelen encontrar ciertos tipos de especialistas, según la habilidad que muestren para tratar una clase de lesión; por ejemplo, el pacquitih es un huesero especialista en zafaduras y quebraduras.

La forma de iniciación y aprendizaje más común de un huesero zoque-popoluca, suele darse en el seno familiar por trasmisión del conocimiento de parte de un pariente directo o paralelo, o bien, inducido por una experiencia personal en la que el propio iniciado —o alguna persona cercana— sufre una lesión musculoesquelética que él mismo trata de curar.

Las causas de demanda de atención más comunes que trata el t’aboya pa son: zafadura (V. zafadura de cadera) (taboyap’a), fractura (pacquit’h), desnucamiento o torcedura de nuca, "problemas de nacidos o tumores", hinchazón de pie (shín ne’ i puij) o de brazo (shin ne’ qué), golpe de columna (icho ’o pa), quebradura de costilla (Vich ne’ i pu’ k pa ’k), postema o tumor de sangre y herida por golpe.

El cuarto y menos numeroso grupo de terapeutas zoque-popoluca que se detectó es el de los curanderos, a quienes también llaman cutzoij en su lengua. En esta categoría se identificaron las especialidades de culebrero y hierbero que en el idioma local se designan con la expresión itcho ioipatsaneguash i’ishpocsochsoipc (V. ensalmador y pulsador).

El proceso de aprendizaje más común del cutzoij se caracteriza por la adquisición de conocimientos al lado de más de un terapeuta, que puede o no pertenecer a la etnia. Son entrenados en la identificación y recolección de las plantas medicinales durante el periodo de la Cuaresma, y a partir del conocimiento de estos recursos aprenden la preparación de ciertos polvos medicinales, entre los que destaca el pulverizado conocido como "la contra", destinado a contrarrestar el mal causado por algún hechicero o brujo, y los que emplean para tratar la mordedura de víbora (V. mordedura de serpiente).

El ámbito médico del cutzoij es variado, tal y como se puede observar en la siguiente lista de causas de demanda de atención que trata este terapeuta: padecimientos digestivos (alteración de la bilis o ho’ia, tapazón, infección estomacal y cálculos biliares), síndromes de filiación cultural (espanto (V. susto), embrujo o huachicaco y prevención), accidentes (picadura de culebra (V. mordedura de serpiente) o (ssane guash y picadura de capulina), afecciones musculoequeléticas (hernia o hac ne i puhj) y otras enfermedades también comunes, como fiebre-calentura, padecimiento mental (jususo ip) y hemorragia (neu pavi cacui).