Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Amamantamiento

Periodo en el que el niño es alimentado con leche materna.

Popularmente, el hecho de amamantar se expresa de varias formas: "dar pecho" (todo el país), "dar chiche o chichi" (particularmente en los estados del centro), "dar chuchu" (península de Yucatán).

Son varios los factores que determinan el inicio de la alimentación del recién nacido por medio de leche materna. En algunos lugares se inicia cuando a la madre le "baja la leche", pudiendo ser de inmediato o pasados dos o tres días, a veces más, o bien cuando las glándulas mamarias dejan de secretar calostro, en la creencia de que éste es nocivo para los recién nacidos; durante este periodo el bebé es alimentado generalmente con tés.

En Guerrero, las mujeres tlapanecas alimentan a sus hijos inmediatamente después del parto; la partera coloca al bebé sobre el pecho de la madre, quien lo alimenta cada vez que llora (1). En varias localidades de Coahuila, se menciona que a un recién nacido no se le debe dar pecho sino de dos a cuatro días después del parto; explican que el bebé "sale calientito de la matriz", y que la leche de la madre es "tierna" y "fría" para él, por lo que no es conveniente que la tome hasta que arroje las flemas que se encuentran en su estómago (2). Las mujeres yaquis de Sonora se hacen cargo de sus hijos uno o dos días después de nacidos, al suponer que el calostro es dañino para la salud de éstos, razón por la cual tiran la primera leche, cuidando que no pase nadie enfrente en ese momento pues, de lo contrario, "se seca la leche" (3). Diversas comunidades aledañas al Distrito Federal comparten la idea de que el calostro no es recomendable para los bebés, por lo que éstos son alimentados con tés azucarados de manzanilla (Matricaria recutita) y hierbabuena (Mentha spicata), hasta el momento en que "baje la leche" y "esté buena" (4 y 5). En Yucatán, los mayas alimentan al recién nacido durante los primeros tres días con infusiones de hierbabuena y lavanda (?), endulzadas con miel; la lactación puede empezar a los dos días, pero la madre necesita someterse a un baño preparado con infusiones de hojas de naranjo (Citrus sinensis) y guayabo (Psidium guajava), con el fin de que la leche quede "cocida" y no haya peligro de intoxicar al niño (6). En Cuajinicuilapa, Guerrero, para evitar que el niño ingiera calostro se acude a otra mujer lactante, pariente o vecina, a la que se le pide amamante al niño hasta que su madre pueda hacerlo por sí misma (7). Los servicios de una nodriza también son solicitados en el caso de muerte de la madre de la criatura, o cuando al bebé "no le cae bien la leche de su madre" (1) (6) (8).

La alimentación de la madre durante el período del posparto es considerada de suma importancia, ya que además de estar dirigida a reponer el calor perdido durante el parto, también estimula la secreción láctea, aumenta su calidad alimenticia y protege al hijo de posibles enfermedades (V. enlechado) En Sonora, por ejemplo, la alimentación de las mujeres yaquis está confinada durante la cuarentena a alimentos calientes que faciliten el abundante flujo de secreción láctea: atole de maíz, pan tostado, café con leche de chivo o vaca y chocolate (3). En Coahuila, se menciona que la cerveza y atoles de maíz, garbanzo y avena estimulan la producción de leche (2). Las mujeres kikapúes, después de diez días de aislamiento en que se alimentan exclusivamente de tés y masa de maíz, pueden tomar café, cerveza y comer muchos cacahuates, con la idea de aumentar la producción de leche (8). En San Antonio Tecomitl, así como en Santa Ana Tlacotenco, Distrito Federal, las puérperas acostumbran tomar diversos atoles, principalmente de ajonjolí, para que "baje la leche" (4). Existen otros recursos para obtener la estimulación láctea, particularmente en los casos en que se tienen dificultades por falta de leche o cuando la leche materna se ha "cortado" (V. cortarse la leche) Por ejemplo, los huaves de Oaxaca acostumbran a que la suegra o el marido de la puérpera vayan a buscar un sapo con el que le pegan en la espalda; al día siguiente ya tiene leche, "porque ya soltó el sapo la leche y la leche del sapo nunca se acaba" (9). En la región de los Altos de Chiapas se menciona que es más común que a las madres primerizas "se les retire" la leche. Para que la tengan en abundancia, se les frota la espalda con sebo vacuno, preferiblemente de "riñonada"; dicho sebo se aplica lo más caliente posible, colocando después trapos a igual temperatura (10). Los tzeltales de Tenejapa mencionan que cuando la madre no tiene leche, el esposo debe ir al río y pescar algunas nep’, jaibas de agua dulce; la carne se cuece en una pequeña olla con un poco de chile y se le proporciona a la madre (11). Los tlahuicas de Ocotepec, Morelos, reportan que cuando le llega a faltar la leche a la mujer, le dan de comer pene de toro cocido con sal, asegurando que ayuda a producir una hipersecreción de las glándulas mamarias (12).

Durante la lactancia, la madre debe obedecer ciertas normas para así evitar la disminución o suspensión de la leche, y complicaciones digestivas u otras enfermedades más serias en sus hijos. Por ejemplo, en diversas localidades de Coahuila, así como en comunidades vecinas al Distrito Federal, se advierte que durante la lactancia, la mujer debe evitar exponerse al calor o al frío para no afectar la leche que podría provocar cólicos a su hijo (2) (13). Las mujeres yaquis mencionan que no es conveniente jalar el pezón cuando el bebé esté mamando, pues se corre el riesgo de provocarle caída de mollera (3). Los totonacos de Zapotitlán de Méndez, Puebla, explican que la leche "no baja" o "se corta", debido a un enfriamiento; en estos casos se recomienda tomar baños en el temazcal e infusiones de damiana (?), así como comer chicharrones de pene de marrano a medio cocer. También creen que puede disminuir o acabarse su flujo si la madre recibe una impresión fuerte, se lleva un susto o hace un coraje y éstos pasan al niño a través de la leche (14).

El final de la lactancia puede quedar marcado por limitaciones orgánicas, cuando al bebé "ya no le cae bien la leche", cuando se presentan problemas en los senos de la madre a consecuencia de la lactancia (V. bolas en los pechos y grietas en los pechos), o bien cuando la madre ya se ha cansado de estar dando pecho, aunque casi siempre la duración está determinada por la aparición de un nuevo embarazo. Al percatarse de su nueva gravidez, las mujeres retiran el pecho a sus hijos, muchas veces en forma brusca, por considerar que al estar embarazadas su leche ya no es buena y puede provocarle serios problemas a su hijo (V. destete y descriado). Las mujeres mayas yucatecas de Sudzal mencionan que un signo evidente de que la leche materna ya no cae bien al niño, es que le provoque diarreas verdes; esto sucede cuando la madre ha quedado nuevamente preñada (15). En San Antonio Tecomitl, Distrito Federal, se dice que si la madre se embaraza tiene que dejar de lactar a su bebé, para evitar "que se haga feo" debido a la leche cortada (4). En Milpa Alta consideran que cuando la mujer se embaraza nuevamente y el bebé es destetado en forma brusca, éste enferma de chipilez (5). En Tenejapa, Chiapas, por lo general se permite que el niño mame durante los tres primeros meses del nuevo embarazo pues después la leche "se echa a perder" (11).

El promedio de duración de la lactancia en el medio rural varía normalmente de dos a tres años, aunque existen reportes de que puede extenderse más allá de los seis años. En Veracruz, Chiapas y Yucatán se reporta que no es raro ver a un niño de dos o tres años mamar junto a su hermanito recién nacido (6) (16 y 17). En comunidades de Veracruz, los más pequeños de un grupo familiar suelen decir que los hermanos mayores fueron los más amamantados, porque "la madre no estaba vencida"; a su vez, los mayores dicen que el más amamantado fue el pequeño porque ya no nació ningún otro hermanito; la expresión de la madre quizá sea que da de mamar "según se encariñe" (16). También es común que se prolongue la lactancia como una medida preventiva del embarazo, cuando la situación económica no permite la manutención de una familia mayor (V. anticonceptivo).

No se ha comprobado científicamente que la leche de una mujer se modifique con un nuevo embarazo; lo que sí se sabe es que la cantidad disminuye. Otros factores determinantes en las características de la leche son la dieta, la menstruación, la ingesta de bebidas alcohólicas y medicamentos, el estado emocional y las enfermedades graves de la madre (18).

Índice de Autores

(1) Oettinger, M., 1980.

(2) Kelly, I., 1965.

(3) Ochoa Robles, H. A., 1967.

(4) Leiter Ferrari, W., 1982.

(5) Leiter Ferrari, W., 1987.

(6) Rivera, M. O., 1976.

(7) Aguirre Beltrán, G., 1985.

(8) Latorre, F. et al., 1976.

(9) Ramírez Castañeda, E., 1987.

(10) Moscoso Pastrana, P., 1981.

(11) Stross, B., 1973.

(12) Basauri, C., 1940.

(13) Palacios de Westendarp, P., 1986.

(14) Cuerno Clavel, L. et al., 1989.

(15) Bonfil Batalla, G., 1962.

(16) Sedeño, L. et al., 1985.

(17) Duby, G. et al., 1969.

(18) Hammerly, M., 1978.

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