Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana
Muina

Sinónimo(s): bilis, coraje, ira.

Estado emocional de disgusto que repercute en la salud de quien lo experimenta, y puede ser la causa de muy diversos padecimientos.

La experiencia de una emoción conflictiva, como el coraje, es concebida popularmente como desencadenante de una serie de reacciones orgánicas enfermantes, más aún cuando los impulsos que la situación despierta son reprimidos, provocando una concentración de sentimientos malsanos. Una de las manifestaciones más frecuentes es el padecimiento llamado bilis, en que el líquido biliar (conocido como hiél o bilis) "se derrama" por todo el cuerpo dando origen a una serie de trastornos digestivos y, en muchos de los casos, ictericia. Hay quienes explican que el coraje promueve un calentamiento del hígado, vesícula o sangre, trayendo como consecuencia "el derramamiento de la bilis" (1 y 2); mientras otros señalan que dicha descarga acontece por un exceso en la producción del líquido biliar (3).

También existe la idea de que el coraje suele acumularse en una región anatómica, provocando anomalías en los órganos que la comprenden, tal el caso del padecimiento conocido como buche o bocio, que de acuerdo con algunos reportes es una manifestación del "calor subido" o el resentimiento concentrado en el cuello, razón por la que acostumbran decir: "hacen un coraje y guardan el rencor en el buche" (4). Esta relación de coraje y calor orgánico exacerbado se refleja en las expresiones populares "me hierve el buche", "me hierve la sangre", para denotar que se ha experimentado un fuerte disgusto. De hecho, en algunos casos el efecto enfermante de este trastorno emocional se atribuye a una descarga de calor (V. enfermedad).

Otros padecimientos y anomalías que pueden surgir a causa de un coraje son diabetes, parálisis facial (V. torcidos de la boca), ataques, alferecía, aborto, suspensión del flujo lácteo en mujeres que amamantan, además de varios trastornos digestivos como dolor de estómago (V. cólico e insulto), úlcera gástrica, empacho (V. empacho de bilis), algodoncillo y mal aliento.

En diversas poblaciones indígenas, la muina se concibe, además, como un factor de vulnerabilidad ante la acometida de ciertos entes sobrenaturales enfermantes, en especial los aires malignos. A su vez, quien sufre un fuerte disgusto puede generar una emanación capaz de dañar a terceros. Por ejemplo, en comunidades nahuas del Estado de México se menciona que la persona que sufre de muina es invadida por un mal aire, generado por su propio cuerpo o recibido por "el insulto de los duendes de la lluvia" (5). En poblaciones zapotecas de Oaxaca, nahuas de Guerrero, totonacas de Puebla y yaquis de Sonora, se cree que quien la experimenta, traviesa por un estado propicio a la invasión de los aires, provocando un mal contagioso al que los niños pequeños son más susceptibles, pues basta con que un bilioso los vea o los toque para trasmitirles el daño (6 a 9). Se explica que si dos personas riñen y una de ellas insulta a la otra, las injurias penetran en el cuerpo del ofendido y le provocan serios malestares (8). Un caso muy mencionado es el de las madres que se encuentran amamantando, quienes trasmiten los efectos nocivos de la muina a sus hijos por medio de la leche, causándoles diversos trastornos, generalmente digestivos (10 y 11) (V. enlechado). Algunas personas explican que cuando la mujer hace un coraje, "traga aire por la boca y se lo pasa al niño"; otras exponen que la leche materna se impregna de la emanación nociva, "se corta" (en el sentido de echarse a perder), y de esta manera es trasferida al infante (V. cortarse la leche).

Tal parece que las creencias en torno al coraje, muina o bilis, tienen su origen en concepciones prehispánicas y europeas. López Austin señala que:

Una gran cantidad de enfermedades son consideradas en nuestros días productos de fuertes alteraciones anímicas. La repleción y el derrame de la vesícula biliar envenena el cuerpo `porque la bilis es muy fuerte´, o porque la hiél cae sobre la sangre y la hace hervir. Pero el daño también se produce hacia el exterior, y la vía son las emanaciones (12:260-261).

Aclara además que los daños por emanaciones aparecen mencionados en las fuentes que hablan de las costumbres y creencias de los antiguos nahuas, y señala para este caso una relación con el ihíyotl, entidad anímica alojada en el hígado cuya función primordial era la de proporcionar vitalidad y fuerza a los hombres comunes (V. ihíyo), pero en los trasgresores e inmorales provocaba que de ellos irradiaran efluvios enfermantes.

... una persona virtuosa tenía un hígado limpio. En cambio, la suciedad estaba relacionada con una vida inmoral, y principalmente con las transgresiones sexuales. Los pecados irradiaban inmundicia, y ésta perjudicaba a los inocentes... Dañaban al cónyuge inocente, a las criaturas en el vientre materno, a los niños que el pecador cargaba en sus brazos, a los amigos, a quien estuviese cerca del que tenía deseos insanos y no cumplidos... (12:261).

Esta concepción prehispánica permite entender el significado de la creencia actual sobre la generación de un aire o emanación maligna, que afecta a terceros al experimentar un coraje. Pero la idea en torno a las anomalías que ocasiona tal emoción en el propio individuo, está ligada a la teoría humoral hipocrática introducida por los españoles durante la Colonia; en ella, se concebía a la bilis amarilla como uno de los cuatro humores segregados por el organismo, cuyo derrame a causa de un disgusto alteraba el equilibrio de los restantes líquidos corporales y, por consiguiente, ocasionaba una serie de trastornos.

Índice de Autores

(1) Álvarez Heydenreich, L., 1976.

(2) Palacios de Westerdarp, P., 1986.

(3) Kelly, I., 1965.

(4) Aguirre Beltrán, G., 1952.

(5) Madsen, C., 1965.

(6) Whitecotton, J. W., 1985.

(7) García Jiménez, S., 1984.

(8) Ichon, A., 1973.

(9) Ochoa Robles, H. A., 1967.

(10) Hermitte, M. E., 1970a.

(11) Peña Ruiz, P., 1991.

(12) López Austin, A., 1990a.

SM y PP