Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana
Universidad Nacional Autónoma de México
La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México
Mixes (Ayuuk Jä’Äy).
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Los recursos humanos
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Los recursos humanos

Las entrevistas sostenidas con los terapeutas mixes se realizaron en diversas comunidades de los municipios de Santa María Alotepec, Mixistlán de la Reforma, San Miguel Quetzaltepec, Santa María Tlahuitoltepec, Asunción Cacalotepec (distrito Mixe) y San Juan Guichicovi (distrito Juchitán), todas en el estado de Oaxaca.

En conformidad con pautas culturales características de los mixes, la práctica pública de la medicina tradicional no se inicia antes de que el futuro terapeuta cumpla 30 años —en el caso del grupo entrevistado, ello ocurrió entre los 30 y los 32 años—, y aunque existen agentes de la medicina tradicional del sexo masculino de indudable prestigio, se pudo comprobar que se trata de una actividad en la que predominan las mujeres (70%, en nuestra muestra). La edad promedio de los médicos indígenas era de 56 años en tanto que el periodo promedio de ejercicio de la profesión resultó de 24 años. Es importante hacer notar que el 67% de los entrevistados hablaban sólo la lengua materna, mientras que un 33% se declaró bilingüe de mixe y español, lo que señala con claridad el carácter fuertemente indígena de estos médicos. La existencia de monolingüismo del mixe corre pareja con el analfabetismo: sólo el 37% de ellos afirmó saber leer y escribir, lo que arroja uno de los porcentajes de analfabetismo más altos de todos los registrados en nuestro estudio. El 89% del total de terapeutas mixes se dedicaba a las tareas del hogar, a las labores agrícolas y, en menor medida, a la fabricación de artesanías —por lo que la medicina tradicional no era considerada la actividad principal ni, mucho menos, una fuente sustantiva de ingresos económicos—. Sólo el 11% consideró la profesión de curador como su trabajo más importante.

Del conjunto de médicos tradicionales de la etnia, los curanderos constituyen el primer grupo en importancia (45% del total). A los curanderos se les designa en mixe con las expresiones tsólleva o tsóyeva y ma tsooyobyo, añadiéndose la referencia a algunas de las especialidades: chupador (kaatpj), hierbero (uts chia), partera y sobadora (tijba jaashpa y jotkishpa tsólleva), partera sobadora y adivina (tijba jaashpa y yagks unackj kashpa), espiritualista (espiritisto), chupadora cuenta maíz y partera (ma wijtsp ma nomaaby unk yaj tsiibo). Las formas más frecuentes de llegar a ser un tsólleva son el aprendizaje con otro terapeuta de mayor experiencia (lo cual fue relatado con detalle por un especialista chupador, que aprendió a "chupar donde duele" y a "extraer la sangre mala" durante un largo periodo, antes de ejercer él mismo la profesión), y el descubrimiento de la vocación y de aptitudes especiales luego de contraer cierto tipo de enfermedad, conocida en mixe con la expresión taj ted pam. Esta dolencia provoca sueños y alucinaciones en los que aparecen las figuras de dos niños que indican al doliente las plantas y otros recursos terapéuticos que deberá utilizar (V. taj teedy). En mucha menor medida fueron mencionados los mecanismos de autoaprendizaje. Algunos terapeutas señalaron que en los últimos años, como parte del proceso organizativo, se han realizado cursos o talleres apoyados por instituciones del sector salud y por el Instituto Nacional Indigenista.

Las causas de demanda de atención que con más frecuencia requieren de la participación de los tsólleva, constituyen un conjunto que agrupa principalmente síndromes de filiación cultural, y afecciones gastrointestinales y musculoesqueléticas, aunque se refirieron otras relativas a diversos aparatos y sistemas, o que ostentan manifestaciones inespecíficas: mal aire (tsu boj), ojeadura (windoy), susto (tsoko’o mach), empacho (tso’oy), diarrea (nax tonoo), vómito (otsoo), tos (oj), dolor de espalda (biinshi yooksok), dolor de manos (gooek pick), dolor en la parte anterior (del tórax, en las costillas) o caa’k piul, anemia (puma’ay), calentura (toy), ataque (poj pa’am), hemorragia vaginal (oxop myonaky), caída de la matriz (a joot) y atención del parto (unk yaj tsiibo). Los curanderos también son requeridos para realizar ciertas maniobras características de su profesión, en particular limpias (ni wojp ku wopj) y sobadas a las embarazadas (unk jaxpo).

El segundo conjunto de terapeutas mixes, en importancia cuantitativa, está constituido por las parteras, que son designadas con las expresiones yacki unakj kashpa y ma unk yaj tsiibo, aunque también son conocidas como unk’ conijepi, que los informantes tradujeron como "levantadora de hijo". En algunos casos, la partera mixe posee una o más especialidades, pero es la de sobadora (ish pakpak jaashpa) la que con más frecuencia aparece asociada a las labores de la ginecoobstetricia.

Aunque en este grupo el aprendizaje con otra partera es la vía más común que siguen las ma unk yaj tsiibo para lograr el dominio de los conocimientos y las prácticas, no es inusual el relato de casos en que la terapeuta se inició por la necesidad de conocer las maniobras que debía realizar para dar ella misma a luz, o bien de brindar asistencia de manera repentina a otra mujer en ausencia de la comadrona. "Yo me hice partera cuando tuve que ayudar a nacer a una criatura a la que ya le había salido un pie —dice una informante de San Juan Guichicovi—; tuve que sobar el vientre para volver a meter el pie de la criatura hasta acomodarlo correctamente, y así pudo nacer. Después de eso la gente me empezó a buscar". Algunas de las parteras han reforzado sus conocimientos mediante la asistencia a cursos que brindan las instituciones de salud en el estado.

Naturalmente, la mayoría de las veces la partera es solicitada para atender el parto o tratar enfermedades ginecológicas, pero no exclusivamente, como veremos. En efecto, las "levantadoras de hijos" son requeridas cuando (la señora) "viene a dar a luz" (unk papyj), cuando "vienen a ver cómo vive su niño dentro de la barriga" (yac’ jakowanip cumyadich), "cuando se caen y se desacomoda el niño" (juts oj myinich ja ’unk), para "el levantamiento del niño" (miyin un con’jeckp), para la atención durante el embarazo (unicmept) y para tratar a aquellas mujeres a quienes se les ha caído la matriz, pero también para curar casos de diarrea y de empacho, de caída de la mollera y de calentura, e, incluso, para atender a personas hinchadas (hayept uc kishpt).

Los adivinadores —a quienes en lengua mixe se les conoce como ximaby o xëmaby y payubi— constituyen el tercer grupo en importancia en la medicina tradicional de la etnia. Aunque en un caso el adivino era también sobador, curandero y huesero, se trata de una profesión que, en general, excluye otras actividades o especialidades, y sólo se suele especificar la naturaleza del procedimiento que emplea, como es el caso del "adivino con granos de maíz" (xëmabi o ximaby mock pack yixp) y el adivinador con baraja. La formación de los adivinadores y el tipo peculiar de relación con su saber y con su clientela están determinados por modalidades culturales relativas al destino del hombre: en la medida en que un buen número de consultas revela que las causas que originan el mal se deben a "faltas a las costumbres", y al rompimiento de reglas y normas de la tradición cultural, este terapeuta se inserta en el centro mismo de una estructura conservadora que le será revelada —al igual que el suceso desequilibrante— por el maíz. El adivinador ha aprendido a "comunicarse con el maíz", el cual le revelará los secretos relativos a su paciente cuando él arroje los granos (V. adivinación con granos de maíz).

Pero no debe pensarse que el cometido del adivinador se limita únicamente a revelar datos sobre el destino personal y la moral de los actos. Aunque adivinar la suerte constituye uno de los principales motivos de consulta, el xëmaby atiende numerosos trastornos musculoesqueléticos: falseadura de hombro (queney), el "descompostura de cuello de mano" (keyoct), el "cuello de pie" (teky ’yoct), el pecho (kach) y el omóplato (natspaja’ak), así como casos de reuma (poy’ti ki). Suele atender también a los afectados por un susto, y dispone de tratamientos para la disentería (nipy pajm), los granos (puj’ts), la calentura, el sudor frío (xuy’anuxí) y el cansancio (jotkixyi).

Los hueseros conforman el cuarto grupo de terapeutas de la medicina tradicional de los mixes. Se les conoce popularmente como teeitk uuogkm y wi’its ixp, o como sobadores (jáxp). Se registró el caso de una mujer sobadora que era, además, partera. De todas las profesiones médicas, ésta parece ser la que requiere solamente de un aprendizaje de carácter práctico, empírico, y aquella en la que la decisión de ser huesero está dada por "la iniciativa personal, al buscar la forma de acomodar huesos". Sin embargo, la esfera de los conocimientos puede ampliarse con otros terapeutas, especialmente cuando se trata de usar nuevos recursos materiales. Las causas de demanda de atención por las que son solicitados los servicios de los teeitk uuogkm son, casi sin excepción, los trastornos musculoesqueléticos (92% del total registrado): zafadura o luxación de brazo (guet uutx), zafadura o luxación de tobillos (tee’tk guosh), torcedura de pie (teky wi ’its), torcedura de cara, torcedura de cadera (oxpajk wi ’its), torcedura de cabeza, torcedura de hueso (pajk wi ’its), fractura de hueso (pajk toj), caída de hombro, dolores articulares (teik pa ’m), luxaciones (jaxp) y dolor de brazos (ke pam). En el caso de las sobaderas que poseen la especialidad de parteras, es frecuente que se solicite su asistencia para "acomodar al niño en mujeres embarazadas" (naxunkg ja’xpeyub).

Un grupo significativo de terapeutas mixes —no tanto en términos cuantitativos, pues representaron sólo el 4% del total de los entrevistados, sino en cuanto a que ejercen una especialidad a la que el grupo concede mucha importancia— es el formado por los pojo jutipij —expresión que los propios terapeutas tradujeron como chupadores— los cuales se especializan en "sacar el mal" (por ejemplo, "sacar aire malo o reuma") succionando con la boca diferentes zonas del cuerpo del enfermo. A diferencia de lo que ocurre en otras culturas (la huichola o la tarahumara, por ejemplo), donde la succión le permite al chupador o al hechicero extraer —materializado en piedras, plumas, insectos o trozos de cristal— el mal que aqueja al paciente o los objetos que otro hechicero ha hecho entrar a su organismo para enfermarlo, entre los mixes el chupador suele escupir sólo saliva y sangre, y aplicar luego ungüentos y pomadas sin que quede marca visible en la piel.

El último grupo de curadores registrados por el estudio en la zona mixe es el de los ma ixpo, que los propios informantes tradujeron como "médico tradicional"; parece tratarse más bien de una especialidad surgida en el seno de la familia, que se adquiere "por naturaleza o por herencia", ya que, afirman, "en las familias siempre hay un curandero". El ma ixpo atiende una serie de dolencias y, precisaron los entrevistados, sus conocimientos "son de la medicina general" (oy modyi tsyo yo’oy). Estos terapeutas atienden casos de susto, caída de mollera (kunoo kaw), latido (jot yu’u xoo), empacho y tristeza (jot may), es decir, un conjunto nada desdeñable de síndromes de filiación cultural. Son consultados, además, para tratar a pacientes afectados por diarrea, espinilla (meetsk waay) y calentura, así como para formular la "pregunta espiritual" (llaguijsh pá), que le permite establecer el diagnóstico y orientar las acciones terapéuticas.